NUEVO DIRECTOR  Ec. Oscar Zwaig DE LA  CORRIENTE JUDIA HUMANISTA SECULAR  Y DE IDENTIDAD

TEXTO DEL NUEVO DIRECTOR  Ec. Oscar Zwaig DE LA  CORRIENTE JUDIA HUMANISTA SECULAR  Y DE IDENTIDAD 

DOCUMENTO

En esta semana, la comisión directiva de la Corriente Judía Humanista
Secular decidió, a instancias de su Director Mauricio Zieleniec, honrarme con
el nombramiento de nuevo Director de la misma y del Mensuario Identidad.
Integro la misma desde sus inicios, a principios de los noventa, cuando
justamente Mauricio me participó de la idea de conformar un espacio plural,
para ampliar el espectro y las voces de la colectividad judía, siempre rica y
cambiante.
Como todos los ciclos se cumplen y es menester la renovación
institucional, coincido también con la necesidad de reimpulsar este espacio
periodístico que en principio fue vertebrado sobre un mensuario físico y luego
se convirtió en virtual, conforme a los cambios tecnológicos aparejados por el
nuevo siglo.
La Corriente se asienta sobre algunos conceptos que me gustaría
compartir:
Tiene una visión amplia del concepto de Judaísmo que no se
circunscribe a un carácter meramente religioso o ritualista. Quienes se
autodefinen como judíos no necesariamente tienen que profesar usos y
costumbres que han caracterizado a la religión (vestimentas determinadas,
santificación del Shabat, alimentación basada en la kashrut, liturgia sinagogal,
lectura de la Torá, seguimiento de las 613 Mitzvot, cumplimiento de la ley
halájica, etc.), pero tampoco excluye a quienes consideran al judaísmo
fundamentalmente en su aspecto religioso, siempre y cuando no consideren
menos judíos a aquellos que han optado por formas de vida que no comulgan
con lo antedicho. La riqueza y variedad de formas de expresar el judaísmo ha
sido clave en la pervivencia histórica, tanto a través de los siglos como a lo
largo y ancho de la geografía. En Israel se puede observar la diversidad étnica
y cultural de los judíos. Esa diversidad ha tenido como resultado la enorme
creatividad característica del pueblo hebreo, lo que conforma un aspecto
extraordinario de nuestra identidad.

Entiendo, a modo personal, al judaísmo como una “civilización
disruptiva”, es decir, un pueblo o nación de raíces milenarias que por su
singular peripecia histórica desafía la tradicional definición de civilización o la
trayectoria de las grandes civilizaciones.
Su pequeñez relativa, tanto espacial como demográfica, la compleja
ubicación geográfica en su estado embrionario, la construcción de un reino
asentado sobre la idea de una Unidad abstracta monoteísta y de un libro, la
Torá, sobre la cual se construye un relato “histórico”, son algunos aspectos que
van moldeando el carácter de este complejo entramado denominado “pueblo” o
“nación”.
Los acontecimientos colectivos que se transmiten de generación en
generación – a pesar de que algunos hechos bíblicos puedan ser cuestionados
arqueológica o científicamente – tales como la esclavitud en Egipto, el Éxodo
hacia la Tierra Prometida, el liderazgo de Moisés, no anulan la veracidad de las
cenas de Pesaj ni su mensaje redentor: que ningún pueblo debe ser
esclavizado y que no se debe esclavizar al prójimo.
A su vez, los hechos constatados y documentados como ser la
destrucción del Primer Templo de Jerusalén, el exilio en Babilonia, la
construcción y posterior destrucción del Segundo Templo por parte de los
romanos, el largo exilio a través de los distintos continentes, la inquisición
española, el Holocausto y la creación del Estado de Israel, van generando una
memoria colectiva que solidifica y fortalece los lazos identitarios.
Pero más allá de los acontecimientos y tragedias comunes, se van
generando elementos constitutivos que obran como amalgama de
identificación. Existe la música judía, la cocina judía, el humor judío, el Idish, el
Ladino y un largo número de aspectos que conforman una constelación donde
giran los planetas de este universo singular. Amén de una infinidad de
personas que contribuyen desde los más recónditos lugares del orbe a mejorar
aspectos de la vida humana, desde la ciencia, la cultura, el cine, la tecnología,
etcétera, honrando uno de los principales aspectos que definen al judaísmo: el
Tikún Olam (reparar el mundo).

Por lo tanto, el objetivo de alcanzar la justicia social está asentado y
definido por nuestros sabios y se concatena con lo mejor de nuestra tradición,
la cual es por esencia humanista. Como expresa el profeta Isaías en 32:17; “y
el efecto de la justicia será paz, y la labor de justicia, reposo y seguridad para
siempre”.
La secularización, por otra parte, se define como la “transformación de
algo que pertenecía al estamento eclesiástico en una realidad secular, no
relacionada con ninguna confesión religiosa”. Lo secular no implica la negación
de las necesidades espirituales del hombre, ni la vinculación natural de las
personas con estructuras asentadas desde lo antiguo (ortodoxia) o más
modernas (jasidismo, movimiento masortí, reformismo), o ahondar en la mística
judía de la Cabalá. Pero sí implica desligar dichas estructuras del poder
monopólico de las verdades relativas concernientes al universo judío. A su vez,
nos resulta inadmisible la imposición coercitiva a través de un poder político tal
como sucede en las teocracias.
La evolución del pensamiento humano a través de los siglos, y
fundamentalmente los cambios ocurridos en los siglos XVI y XVII que
propulsaron la razón y la ciencia como mecanismos para explicar la realidad
circundante con nombres fundamentales como Descartes, Leibniz o Spinoza,
abrieron paso a cambios de paradigmas que hicieron surgir el Iluminismo
(Haskalá) dentro de las corrientes comunitarias.
Sin ese proceso de secularización, donde se destaca la figura del gran
filósofo alemán Moses Mendelssohn, no hubiera existido el Sionismo,
movimiento secular que se antepuso a la idea del retorno mesiánico a la tierra
de Israel. Y secular por antonomasia es haber transformado un idioma sacro en
coloquial y cotidiano como el hebreo, con fuerte oposición de muchas
corrientes ortodoxas.
En cuanto al Estado de Israel, su derecho a la existencia y defensa es
incuestionable y no admitimos usar el antisionismo como forma velada de
antisemitismo. Pero quienes participen de la Corriente Judío Humanista no
tienen por qué sentirse identificados como sionistas ni mucho menos ser
acríticos de los pormenores de la política israelí o poseer una visión unilateral

del conflicto. De hecho, la saludable democracia israelí permite visiones
antagónicas sobre temas complejos o urticantes.
En suma, se trata de un movimiento anti-dogmático, reflexivo, abierto a
las nuevas miradas.
Como diría el sabio talmudista Rabbi Hillel cuando le pidieron definir el
judaísmo en una oración; “No le hagas a los demás lo que no te gustaría que te
hagan a ti…todo lo demás, es comentario”. Y agregó: “Si no soy para mí,
¿quién será para mí?, y si no soy para los demás, entonces… ¿quién soy yo?,
y si no ahora… ¿cuándo?
Somos contemporáneos a un cambio de época más que a una época de
cambios. El Mensuario Identidad también se está redefiniendo y en breve les
iremos informando al respecto.
Muchas gracias y espero contar con quienes se quieran sumar para
ampliar los horizontes de la Corriente Judío Humanista Secular

Ec. Oscar Zwaig

Deja una respuesta