LA HASKALAH (ILUSTRACIÓN JUDÍA) EN LA EUROPA ORIENTAL (SEGUNDA PARTE)

LA HASKALAH (ILUSTRACIÓN JUDÍA) EN LA EUROPA ORIENTAL (SEGUNDA PARTE)
«(…) La cultura de la comunidad judía de la Europa Oriental, en el siglo XIX, fue modelada por las fuerzas gemelas de la Haskalah, o ilustración, por una parte, y del jasidismo, por otra. En los sectores centrales de la Zona, en particular, el antagonismo de ambos lados fue violento. Los pioneros de la ilustración hallaron un clima más favorable en el extremo norte (Lituania) y en el sur (Odesa). Pero si bien la Haskalah no logró arraigar en las masas del pueblo, sobre todo al principio, la oposición hebrea nativa sólo podría considerarse una causa secundaria de ello; hay que buscar su origen, más bien, en el extremo rigor de la vida judía durante los reinados de Alejandro I y Nicolás I. Ambos monarcas compartieron con las masas rusas los tradicionales prejuicios contra el judío y su religión y el temor a ambos. El judío, como ser humano, era virtualmente desconocido en Rusia. Sólo se le veía a través de la lente de la deformación y la caricatura antisemitas.
El progreso de la Haskalah en la Europa Oriental se puede rastrear geográficamente. Los impulsos generados en Berlín irradiarion en forma gradual hacia el Este, a Austria, luego a Polonia, Lituania y después a los demás centros del judaísmo en Rusia. Como las condiciones de vida en esos países eran muy distintas de las de Alemania, el curso de la ilustración en la Europa Oriental divergía considerablemente de su concepción primitiva. Había, antes que nada, una concentración mucho más densa de las masas judías en la Europa Oriental, y el medio no judío se hallaba en un nivel cultural más bajo que el obtenido en Occidente. Por eso, aunque no faltaba totalmente en la Europa Oriental el peligro de una rápida desintegración de la identificación judía, las posibilidades de que ello sucediera con rapidez disminuyeron bruscamente. La Haskalah, en el Este, se enfrentaba con fuerzas judías innatas -el renacimiento místico en forma de jasidismo por un lado y la reforma talmúdica del tipo originado por el Gaón de Vilna, por otro- que, durante algún tiempo, hicieron a las masas impermeables a sus doctrinas. Además, a pesar de la fecundidad de su producción literaria, la Haskalah no había presentado todavía una personalidad del calibre carismático de Elías, el Gaón de Vilna o el Baal Shem Tov.
El objetivo del movimiento de la Haskalah puede expresarse simplemente así: la creación de un nuevo carácter judío, pronto a ocupar su lugar en la sociedad en general. Los maskilim (proponentes de la Haskalah) se propusieron revolucionar las bases mismas de la vida, el pensamiento y la ensenañza judíos. Hasta entonces, la enseñanza había sido de orden general, pero local. Todo judío ruso, hasta muchas de las mujeres, sabían leer las plegarias y la Biblia. En los ghettos de Rusia, como en todas partes en la comunidad judía europea, la enseñanza era una tarea universal. Cuando Max Lilienthal, un judío alemán, fue llamado en 1840 a Riga para reformar el sistema educacional judío, encontró una situación que resume la escena siguiente:
“Pronto entró una pareja pobremente vestida; el hombre llevaba en sus brazos a un niño de unos seis años, envuelto en un tales (chal para la oración). Tanto el padre como la madre lloraban de alegría, agradeciéndole a Dios que los hubiera conservado vivos para poder ser testigos de ese momento hermoso y significativo. Después de una cordial acogida a los recién llegados, el melamed (maestro) tomó en sus brazos al héroe de la celebración y lo puso de pie sobre una mesa. Después, lo sentó sobre un banco y el niño fue el primero en recibir torta, nueces, uvas y golosinas; la feliz madre había traído el delantal lleno de todo eso. El maestro se sentó luego cerca del niño, puso ante él una tarjeta con un alfabeto impreso y, tomando un largo puntero, comenzó la primera lección bendiciéndolo a su recién iniciado discípulo para que pudiera ser educado en el estudio de la Torah, del matrimonio y de las buenas acciones”.
Podemos vislumbrar otra imagen de la vida cultural de una pequeña ciudad rusa durante la época de Nicolás I en la autobiografía de Abraham Paperna, un escritor hebreo de la Haskalah:
“En nuestra ciudad, se notaba visiblemente la ausencia de instituciones educacionales en el sentido moderno de la palabra. No había un gobierno o una escuela del Estado de carácter laico en Kopyl. La población cristiana era, casi sin excepciones, analfabeta. La población judía, en cambio, tenía una superabundancia de escuelas, aunque de un tipo especial. En primer lugar, estaban los hadarim (clases elementales), que eran unas veinte. Kopyl tenía una población de unas tres mil almas, judíos, rusos blancos y tártaros. Los judíos formaban la minoría. A todos los niños judíos varones, de cuatro a trece años de edad, se les enseñaba en el heder. Aunque la educación no era coactiva para las niñas, también ellas, en la mayoría de los casos, sabían leer las plegarias y el Pentateuco en su traducción judía. Un judío de Kopyl no hacía economías cuando se trataba de educar a sus niños. Con bastante frecuencia, un hombre pobre vendía su último candelabro o su última almohada para pagarle al melamed… Con la sola excepción de Meerke el idiota, que era tanto alimentador del horno en la casa de baños como aguatero, no había ignorantes en Kopyl. Y aun ese retardado mental conocía de un modo u otro las plegarias y podía recitar en forma satisfactoria las bendiciones de la Torah”.
Aunque la cultura de los judíos rusos era religiosa, las ciencias profanas no eran para ellos un terreno totalmente extraño. El Gaón de Vilna, como lo hemos visto, creía que todas las ciencias eran esenciales para una comprensión adecuada de la Torah. Pero el Gaón se diferenciaba de los maskilim o “ilustradores” en que no tenía el propósito de apartar al judío de la vida del ghetto y de una existencia esencialmente judía; el estudio de los temas seculares se permitía para hacer de uno un judío mejor, pero no estaba destinado a hacer de él un ruso mejor».
Abba Eban: “Mi pueblo: la historia de los judíos”
En la imagen: Max Lilienthal (Múnich, 1815- Cincinnati, Ohio, 1882), asesor para la reforma de las escuelas judías en Rusia y más tarde rabino y defensor del judaísmo reformista en los Estados Unidos.

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