En recuerdo del Rabino Marshall Meyer (Z”L)

Por Lic. Rafael (Rufo) Winter, de CCIU

El conocido relato bíblico. Luego de que Caín mata a Abel, D´os lo “quiere dejar en evidencia” y le pregunta: “¿Dónde está tu hermano Abel?” y Caín responde a desgano “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”… El rabino Marshall Meyer, de quien hoy 29 de diciembre, se cumple un nuevo aniversario de su fallecimiento -se fue demasiado temprano, a los 63 años- transformó esa “pregunta” en una afirmación drástica: “Sí: ¡Yo soy el guardián de mi hermano!”

Y vaya si la fue. Guardián de sus hermanos judíos y gentiles.

En la época más sombría de la Argentina y de los judíos argentinos.

El Rabino Marshall Meyer nació en los EEUU en 1930, estudió en el JTS (Seminario Teológico judío del Mov. Conservador-masorti), tuvo como docente al gran filósofo Abraham Yoshua Heschel y en 1959 se vino a la Argentina a la Congregación de la calle Libertad.

En principio por un par de años, pero se quedó…veinticinco. Para bien. Para muy bien.

Pero no es en su tarea específica como rabino en la que quiero profundizar.

En cuanto a la misma solamente decir: que creó el Seminario Rabínico Latinoamericano, que fundó la comunidad de Bet El. Dos instituciones fundamentales de la vida judía.

La traducción de muchos libros de judaísmo, de Historia judía al español.

Elaboró Sidur y Majzor (libros de plegarias) con la preponderante e invalorable participación del Rab. Mordejay Edery (Z”L).

Publicó durante mucho tiempo la revista “Majshavot”(pensamientos, reflexiones) sobre temática judía.

Revitalizó el judaísmo en la Argentina. Un judaísmo humanista.

En lo que quiero profundizar especialmente es en su tarea vinculada a los Derechos Humanos.

Cuando se vino la noche en la Argentina, dictadura del año 1976 con su secuela de “desaparecidos”, es decir miles de muertos -entre los cuales un porcentaje desproporcionado de desaparecidos judíos- allí es que apareció el rabino Marshall Meyer en toda su grandeza y dimensión.

Visitó en las cárceles a presos judíos y no judíos. Fue decisivo para la liberación de algunos.

Se reunió con distintos embajadores para ver la mejor forma de ayudar. Se reunió con familiares de desaparecidos judíos y no judíos, a quienes intentaba dar consuelo y los invitaba a su propia sinagoga en los kabalat shabat. En ese marco sinagogal, muchas veces se refería al tema, directa o indirectamente.

Llevó luz allí donde solamente había oscuridad.

Fue cofundador del Movimiento Judío por los DDHH, además de participar en otras organizaciones de  DDHH. En una época muy difícil, el Rabino Marshall fue en la comunidad judía quien especialmente se esforzó y destacó en esta lucha desigual. A sabiendas de que estaba poniendo en riesgo su vida.

En última instancia, actuó de acuerdo al mandato ético, humano del judaísmo.

Tan es así que se reconocieron sus esfuerzos que ya en democracia, el Presidente Alfonsín lo designó como integrante de la CONADEP (Comisión que investigaba el tema de los desaparecidos, presidida por el gran escritor Ernesto Sábato) y el mismo Presidente Alfonsín lo premió con la “Orden del Libertador San Martin”.

En 1985, retornó a los EEUU.

Como gran capitán, había conducido el barco durante el largo temporal; cuando las aguas se calmaron volvió. En Nueva York revivió la comunidad de Bnei Yeshurun que estaba casi desahuciada al llegar él.

En esos años, destacó especialmente su obra social, ayudando a personas especialmente necesitadas, enfermos de VIH, adictos, personas en situación de calle. Ofreciéndoles muchas veces albergue en su propia sinagoga.

El 29 de diciembre de 1993, mes de Tevet del calendario hebreo, dejó este mundo terrenal el rabino Marshall Meyer. Demasiado joven se nos fue…

Su legado es impresionante.

Pero por sobre todo, el rabino Marshall Meyer (Z”L) fue el guardián de su hermano…

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