Shaná Tová a los que despertamos en este 5782

Alberto Mazor

¡SHANÁ TOVÁ ISRAEL!

Alberto Mazor

Shaná Tová a los que despertamos en este 5782 sin la resaca de la eterna culpabilidad, llenos de una vida en que la pasión aún sobrepasa a la abstención y el optimismo teje luces donde la amargura acostumbra a bordar telas de araña.

Shaná Tová a quienes no ocultamos afectos ni arrancamos de nosotros mismos las fuentes donde emanan las transparencias ni miramos a los seres diferentes como extraňos pasajeros de un viaje sin parada hacia el abismo oscuro, sino hacia el horizonte prometedor.

Felices seamos los que abandonamos en el pasado nuestros excesos de equipaje y con el corazón ligero derramamos en la tierra ese montón de orgullo pesado y de agotamiento nervioso; y, generosamente, buscamos la humildad y la comprensión.

Shaná Tová para todos los que despertamos hoy al son de oraciones y plegarias; agradecemos lo habido y lo no habido, maravillados cada día más por el don de la vida, a pesar de las grietas y las cicatrices, de tantos fracasos y tantas desilusiones.

Shaná Tová a quienes saboreamos la paz para con nosotros mismos y nos complacemos también de la que se sirve en el plato ajeno, aceptando que la vida es un obsequio único, una vía dolorosa en cómodas cuotas, un deseo erguido, un espíritu goloso insaciado del ser humano.

Que sea este año Shaná Tová para quienes nunca maldecimos y contenemos la propia lengua, economizamos palabras y sembramos fragancias en las largas y conflictivas veredas de los sentimientos.

Sea también Shaná Tová para quienes nos cuidamos al mirar, y si tropezamos, no caemos en el odio, el rencor o la envidia ni nos perdemos en tinieblas donde el pavor es apenas el eco y la desesperación de sus propios temores.

Shaná Tová a quienes nos negamos a ser tan viejos y ambicionamos constántemente renovar amor, salud, espíritu y felicidad; vivir es siempre un milagro para quienes acariciamos nuestras arrugas y tratamos nuestros límites como a un cercado florido en el bosque de la convulsionada realidad diaria.

Tengamos un feliz año todos los que no nos avergonzamos de ser gordos y felices, endeudados y alegres, optimistas por convicción, no demasiado mimosos, casi privados de caricias pero llenos en nuestras ansias de éxitos venideros.

Shaná Tová también a los huérfanos de espíritu y de esperanzas, a los mendigos intelectuales, académicos y políticos que creen saber todo de todo y tienen vergüenza de pedir consejos; a los dirigentes que nunca probaron la muerte de sus seres queridos en las guerras y tan fácilmente las declaran; sea éste un aňo de reflexión, recapacitación y rendición de cuentas.

Sean supuéstamente felices este aňo los dirigentes ridículamente alabados, supuestos campeones del ventajismo y el revanchismo; aquéllos que nada temen, excepto la mirada suplicante del ciudadano que implora piedad y la sonrisa irónica de las multitudes que repiten constántemente Amén a sus bravuconadas.

Sean muy felices especialmente nuestros soldados y soldadas; éllos y ellas, que frente al espejo se descubren tan equilibrados por fuera cuanto se saben por dentro, y se entregan con amor y con dolor por los que no siempre son merecedores.

Sea también Shaná Tová para los soñadores que nunca tropezamos en impertinencias, y para quienes no conspiramos contra la vida ajena.

Shaná Tová para quienes coleccionamos utopías, hacemos arados de nuestras manos y regamos son sangre propia las semillas que cultivamos.

Shaná Tová y felicidad para los viejos que no se disfrazan de jóvenes y para los jóvenes que superan la vejez precoz; sus corazones absorberán la edad anunciadora de las emociones fuertes, determinantes y categóricas.

Shaná Tová a los que de día traen consigo la quietud de la cordura, la calma, el respeto y la tolerancia y por la tarde ofrecen desde sus casas agua bendita con sonrisas de sabiduría y pan fresco con sabor a mensajes de esperanza.

Shaná Tová para quienes no ostentamos en nuestras moradas de la propia vanidad, para quienes tratamos a la muerte con extraňeza y aspiramos a algo bastante más diferente y mejor para nuestros hijos y nietos.

Shaná Tová para los eternos sonámbulos que tratamos de equilibrarnos sobre hilos que unen postes de conflictos, discordias, odios nocivos y tradiciones medievales; para quienes rebuscamos constántemente luces en las esquinas de la larga noche; seamos pacientes, algún dia se encenderán y nos alumbrarán.

Shaná Tová para todos los que juramos no soportar etérnamente los vicios y prejuicios que cargamos desde hace aňos y no pagar el rescate de dicha dependencia; el futuro nos encontrará tal vez más delgados por poseer menos terreno, pero mucho más sanos por respirar un mejor oxígeno y más sabios y solidarios por compartir particularidades y bienes.

¡Shaná Tová a todo Israel! Aquí y allá. Que seamos merecedores de obtener toda la sabiduría para concedernos la bendición de tantos dones.

¡Amén; Ken Ihié Ratzón!

¡Shaná Tová Umetuká!

 

 

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