La amante judía de Mussolini

La amante julini estuvo en Montevideo, de Mussolini
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Margherita Sarfatti recaló en Montevideo en 1939, huyendo de las leyes raciales impuestas a la Italia de Benito Mussolini por Adolfo Hitler, y vivió en Uruguay hasta que finalizó la Segunda Guerra Mundial.
M. Sarfatti, excelsa crítica de arte y judía, fue la amante por dos décadas de Mussolini, pero también estuvo entre los fundadores, con el Duce, del partido Fascista y fue un nexo entre el régimen italiano y el gran capital norteamericano. Fue la biógrafa oficial del dictador hasta que entró en desgracia, a pesar de que se proclamaba católica.
¿A santo de qué esta rememoración de un personaje explicable, en parte, por lo que provocó la Primera Guerra?
Es que acaba de aparecer “El amor judío de Mussolini”, del periodista Daniel Gutman, un exhaustivo estudio de esta mujer que influyó enormemente, y no sólo por las delicias de alcoba, sobre el líder de las derechas de Italia. Culta, brillante crítica de arte, a su esfuerzo la pintura, la escultura y hasta la arquitectura de Italia adquiere los rasgos dominantes del régimen. Pudo ser amiga del plástico argentino Emilio Pettoruti, pero también del muralista mexicano Diego Rivera, de Jean Cocteau, del mismísimo Alberto Moravia (judío como ella), en fin del utópico Bernard Shaw como del intelectual fascista Miguel D’Anunzio. Después de la revolución socialista de octubre, ella y Mussolini crearon Avanti y pasaron fugazmente por el socialismo de izquierda porque lo habían visto como el camino bolchevique para Italia. Giraron 180 grados y optaron por defender al gran capital.
Sarfatti eligió Montevideo como sitio seguro de exilio porque aquí trabajaba su hijo como banquero. Hubiera preferido ir a Estado Unidos, pero sus compromisos con el Duce se lo impidieron a pesar de sus contactos en el más alto nivel económico e intelectual. Quienes hayan visto “Abajo el telón”, “The cradle will rock”, ubicarán al personaje que interpreta Susan Sarandon. La película cuenta un episodio legendario del teatro estadounidense durante los años de la Gran Depresión.
Esta biografía sobre la Sarfatti permite repasar la historia sobre el nacimiento, ascenso y caída del fascismo, así como conocer el respaldo de un sector de la comunidad hebrea en Italia, de unos 40 mil miembros en esos tiempos, que respaldó al Duce, cuya faceta antisemita salió a luz cuando la firma del Eje con Alemania y Japón. Dos miembros de esa colectividad fueron ministros de Mussolini, porque los intereses de clase eran mayores al resguardo ético que, a la postre, no impidió que a una parte de los judíos italianos de nada les sirviera su prosapia legendaria de tiempos de los romanos para correr la misma suerte que los judíos alemanes que creyeron ser “una de las tribus” fundadoras de la nación alemana.
Sarfatti fue colaboradora en Montevideo de El Diario. Vivió en el hotel Nogaró en la Ciudad Vieja, se codeó con los líderes blancos y colorados, y fue respetada a pesar de su pasado. Su paso por Buenos Aires la ubicó en el espacio liberal que lideraba Victoria Ocampo y acaso por eso vivió con terror el surgimiento del peronismo. Vale la pena leer esta investigación.
Daniel Gutman. ” El amor judío de Mussolini. Margherita Sarfatti del fascismo al exilio”. Buenos Aires. Lumière. *(Isidoro Gilbert, La República)
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