ISRAEL SIN IZQUIERDA La historia de la izquierda israelí es una historia triste

ISRAEL SIN IZQUIERDA
La historia de la izquierda israelí es una historia triste. En el verano de 1967, la izquierda sionista tenía razón. Ya desde la primera jornada después de la Guerra de los Seis Días comprendió que la ocupación pervertía y que los asentamientos eran inútiles.
La izquierda israelí lucho valientemente contra las políticas de Golda, Dayán y Peres, contra el mesianismo de Gush Emunim y contra la agresividad del Likud. Pero su gran error fue desarrollar una creencia mágica de que se puede acabar con dicha ocupación militar por medio de una promesa metafísica de “Paz Ahora”.
Esa creencia casi religiosa de la paz total, verdadera e inmediata ya era bastante inestable a finales del siglo XX, y se tornó infundada en el siglo XXI.
No obstante, la izquierda israelí se negó a interiorizar ese hecho claro y amargo. Su percepción del pasado no encontró espacio para colocar los rechazos de Arafat y Abu Mazen, así como el fortalecimiento continuo de Hamás. Su apreciación del presente no halló lugar para entender al fundamentalismo islámico, al caos en el mundo árabe y al extremismo palestino. El movimiento político sionista, racional y moral de los años ’60 y ’70 perdió su identidad, perdió su camino y se desconectó de la realidad.
El objetivo de la izquierda israelí en estos últimos 53 años es correcto: la solución de dos Estados. Si el territorio no es dividido, Israel dejará de ser un Estado judío o dejará de ser democrático o dejará de ser. Si no acabamos con la construcción de asentamientos en donde se nos da la gana, ella acabará con nosotros. Israel debe buscar la paz y tratar de llegar a ella, pero también, a falta de paz, debe accionar con determinación, perseverancia y sabiduría para acabar con la ocupación.
A pesar de que el objetivo final es acertado, el movimiento por la paz ignoró el hecho de que la cancelación de las tratativas nos trajó autobuses explotando en ciudades, salvajes atentados suicidas y misiles desde Gaza que llegaron hasta el aeropuerto Ben Gurión. El movimento por la paz no consiguió lidiar con el hecho de que los palestinos rechazaron las iniciativas de Clinton, Barak y Olmert. La “élite de la paz” se comportó en el pasado y se comporta actualmente como alguien que no puede entender el programa nuclear militar de Irán, los cambios drásticos en los países árabes y el yihadismo extremista. El mundo conceptual de las personas que deberían ser las más actualizadas, las más abiertas y las más críticas, se transformó en dogmático, viejo y anacrónico. Su percepción de la realidad se aplica sólo a la mitad de ella, al mismo tiempo que ignora todo lo que sucedió en Israel en los últimos 25 años y todo lo que pasa alrededor de nuestro país en los últimos ocho años.
El “Big Bang” ocurrió en el 2000. Hace exactamente 20 años, la más generosa oferta de paz ofrecida por Israel nos condujo a los peores ataques terroristas en el Estado hebreo. El trauma de la segunda Intifada, después del fracaso de las negociaciones en Camp David, fue tremendo, causando un daño profundo en la conciencia israelí. De esa forma, en dicho período, la izquierda sionista debería haberse tomado un tiempo para hacer un examen de conciencia. Teníamos que comprender que algo estaba equivocado, que nuestras aspiraciones no eran compatibles con la realidad y que recaía sobre nosotros la necesidad de redefinirnos.
De la misma forma que Bill Clinton renovó el Partido Demócrata en 1992 y Tony Blair reconstruyó el movimiento laborista en 1997, los partidos Avodá, Meretz y los movimientos a favor de la paz deberían haber renovado a la izquierda sionista al inicio de los años 2000. Si fueramos serios – estadistas serios, intelectuales serios, líderes serios – deberíamos haber propuesto a la ciudadanía israelí una tercera vía a mediados de la década pasada. Pero no lo hicimos; y esa fue una falla grave de nuestra parte.
Como resultado de ese gran fracaso, vamos yendo de mal en peor. Con nuestras proprias manos acabamos jugando el juego impuesto por la extrema derecha, perpetuando el gobierno de un Netanyahu corrupto y de su gabinete ultranacionalista. Con nuestra omisión evitamos la división del territorio y posibilitamos la construcción de asentamientos. En lugar de accionar como un liderazgo alternativo, maduro, responsable y confiable a los ojos de la opinión pública israelí, nos comportamos como una pandilla de adolescentes desilusionados que se enojan, insultan, maldicen y persiguen a cualquier oveja que se atreve a dejar el rebaño y a decir la verdad.
Y la verdad es que el rey está desnudo. Actualmente, la tentativa de revivir la antigua paz es similar a la de los fieles de Jabad tratando de hacer resucitar al Rabino de Lubavitch. ¿Quién puede asegurar un plan político que fue cristalizado en la época en que Sadat gobernaba Egipto, Faisal Husseini era un líder palestino y Dan Meridor pertenecía al Likud? ¿Quién hoy puede considerar creíble el modelo de paz de 1990? Sólo individuos mesiánicos; sólo personas cuyas creencias nobles e ideales elevados los hacen quedarse totalmente ciegos ante la realidad que los rodea.
Tomando en cuenta que la mayoría de los israelíes no cree en el Mesías, tampoco compra esa ideia. Aunque entiendan que la ocupación es problemática y que los asentamientos son peligosos, ellos ya no confían en esos izquierdistas que todavía ofrecen un fin pacífico a una retirada de Cisjordania, mientras no se divisa ninguna paz en el horizonte. Al tener que elegir entre los mesiánicos de la ultraderecha y los de izquierda, ellos prefieren a los de derecha. Ellos no están dispuestos a seguir ciegamente a quienes se equivocaron una y otra vez, y que nunca admitieron su error.
Cuando hace mucho tiempo atrás escribí sobre la izquierda lunática israelí, no me referí a la izquierda sionista de la tercera edad, sino a la izquierda anti-sionista en Israel que deslegitima al país en forma continua, sin compasión y sin visión histórica. Pero, aparentemente, algunas personas prefieren vivir con la cabeza enterrada en la arena. Hay quienes todavía no admiten la revolución de Copérnico y aún creen que el ardiente sol de Oriente Medio gira alrededor de la “Tierra de la Paz”.
Sin embargo, no pretendo medirme con el optimismo de mis amigos y colegas. ¿Creen que una paz verdadera aún es posible? Excelente; estoy con ustedes. Traiganme la firma de Mahmud Abbás sobre la hoja de un acuerdo del fin del conflicto tal como lo propuso Olmert. Traiganme la renuncia de la Liga Árabe a la demanda de un retorno masivo palestino que está implícita en la resolución 194 de la ONU. Si lo hacen, sigo con ustedes y trataré de convencer a Israel y a todos los israelíes para que le den una chance más a la paz.
Pero si en esta oportunidad tampoco consiguen nada; si no proponen nada nuevo, organizan primarias sólo con nombres y sin planes y vuelven a fallar por quinquagésima vez, reconozcan finalmente que este experimento no tuvo éxito y que nuestra teoría optimista fue rechazada. A lo mejor entonces podremos unir fuerzas, clarificar nuestros pensamientos y crear una nueva idea de paz, no basada sólo en deseos, sino anclada en hechos concretos.
Si lo hacemos, podremos finalmente convencer a la mayoría de que el proyecto nacional más importante para los israelíes es dividir el territorio.
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Alejandro Grobert y 3 personas más

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