GENERALIDADES SOBRE LA COMUNICACIÓN HUMANA. LOS INICIOS DE LA COMUNICACIÓN A DISTANCIA. LA TERAPIA ONLINE: ANTES Y AHORA

Por Sonia Cesio[1]

(Desde Buenos Aires para Mensuario Identidad)

 

El ser humano es un sujeto social, por lo tanto, siempre estuvo interesado en la interacción con sus semejantes, de distintas maneras a lo largo de la evolución. Desde el inicio de la vida, el bebé imita gestos y sonidos para responder y comunicarse con quienes lo rodean. El adulto cuidador emite mensajes: sonrisas, palabras cariñosas, etc.; y también descifra las respuestas.

Así vamos progresando desde el lenguaje no verbal hasta la palabra hablada y comunicación simbólica. El hombre recorrió un largo camino hasta que desarrolló un lenguaje complejo. Muchas veces me pregunté sobre las pinturas rupestres donde se observan las manos talladas en la piedra y me pregunto ¿Cuál sería el mensaje? ¿Es solo arte? Y si solo fuera arte, están expresando una crónica, contenida en esas bellas manos talladas en la piedra. en un juego de la imaginación, podríamos continuar con los interrogantes: ¿Cuándo tallarían la piedra? ¿En algún momento del año? ¿En las noches de insomnio? En fin…Allí están esas huellas tan primarias.

Los seres humanos continuaron creando otros signos y señales variadísimas, hasta arribar a los primeros grafos que iniciaron la escritura. Así se accedió a una herramienta más refinada para documentar, transmitir, informar, pedir ayuda; entre otras comunicaciones humanas. Acá estamos nosotros interpretando los antiguos modos de modos de expresión y los que corresponden a nuestros tiempos.

Entiendo que es el momento oportuno para relatar un suceso de mi historia personal, transcurrida en el Delta de Buenos Aires, en Argentina que para mi sorpresa se reactivó muchos años después.

Por aquellos tiempos, los años 1950/60 era habitual en la gente común el uso de la radio como medio de comunicación, ya que aún no existía la transmisión por televisión. Nosotros escuchábamos música; noticias (de la “BBC”); y otros programas similares. Mi padre me explicó acerca de las frecuencias de “onda corta” (refiriéndose a banda de radiofrecuencias en la que transmitían su programación al mundo las emisoras de radio internacionales) versus las de “onda larga” a través de las cuales escuchábamos los programas que se emitían desde los lugares más cercanos. También me contaba que la BBC (British Broadcasting Corporation, ente público de radio, televisión e Internet del Reino Unido) provenía de una isla (haciendo alusión a las Islas Británicas).

A pesar de aquellas detalladas explicaciones, mi comprensión infantil permaneció ajena sobre esas informaciones tan complejas y llegué a una conclusión acorde a la edad: “que llegaban desde el aire…desde otra isla…más alejada de donde vivíamos nosotros”. Lo que efectivamente quedó grabado en mi memoria fue que esa “caja” de la radio era portadora de alegrías y nos cambiaba el día.

La vida continuó con su inevitable transcurrir a través de los estudios y las diversiones. Como todos sabemos llego la televisión en blanco y negro, que fue un gran suceso: ya la “caja” se había llenado de imágenes, de historias; veíamos a los que interpretaban la música y muchas cosas más. Tuvo una función social, ya que los primeros en acceder al aparato de televisión invitaban a los que aún no la tenían y así se armaban grupos de grandes y chicos alrededor del televisor. Cuando llego la televisión a color ya la estábamos esperando con ansias porque coloreaba nuestra diversión.  Como el horario era acotado, ocupábamos el tiempo libre con lecturas de revistas infantiles y juegos varios.

Personalmente los libros de enseñanzas varias ocuparon muchas horas de mi vida aportando desde los conocimientos básicos hasta la universidad y finalmente accedí a la capacitación para ser terapeuta y obtuve las herramientas para tener otra clase de escucha.

La praxis terapéutica la desplegué en el hospital durante los primeros años y en clínicas especializadas simultáneamente con el consultorio presencial. Variaban los dispositivos de la asistencia: en forma individual; a familias; en grupos. SIEMPRE DE MODO PRESENCIAL.

La aparición del contestador automático introdujo una variante relativa a “mediatizar” la relación con el paciente, ya que nos podía dejar un mensaje en esa “máquina” y lo podíamos escuchar desde un lugar remoto (luego evaluábamos la respuesta)

Con la aparición de la computadora mejoramos la forma de realizar y presentar nuestros trabajos; se modificó el espacio, ya que podíamos “guardar” en un lugar virtual mucho material y así dejar de llenar estantes con materiales en papel.

Finalmente llegó la comunicación a internet. Vale recordar que, en los primeros tiempos el acceso a internet se concretaba por teléfono y tenía un alto costo, por lo que era necesario regular el tiempo para que fuera suficiente para el aprendizaje, la comunicación y la economía personal: estoy situándome en los años ’90.

Particularmente me resultaba de mucho interés poder ingresar a la comunidad virtual y tener acceso a la comunicación interactiva. Mi conclusión fue que se trataba de una herramienta privilegiada que nos daba la posibilidad de comunicarnos con el mundo, que acortaba las distancias. Insistí en este aprendizaje adquiriendo cada día mayor información. Hasta que pude efectivamente establecer un vínculo con un colega de un país extranjero y así trabajar juntos (cada uno desde su lugar).

Junto con las primeras conexiones interactivas obtenidas a través de internet sentí que me reencontré con aquella alegría de la infancia que relaté al inicio de este artículo: sentí la misma emoción y se convirtió en un poderoso estímulo para profundizar en este tipo de intercambios con amigos, con colegas y con personas que solicitaban ayuda terapéutica, por internet desde distintos lugares del mundo.

Alrededor de los años 2002-2003 me asocié con un colega psicólogo español de psicología cognitiva y desarrollé la sección de Psicoanálisis en ese sitio web.

Desde esa oportunidad me encontré con el particular fenómeno de la multiplicidad de consultas acerca de padecimientos psicológicos en pos de recibir ayuda.

La respuesta a dichas solicitudes, como abordaje psicológico se convirtió en una nutrida actividad profesional.

Poco tiempo después, decidí confeccionar mi propia página web Enigma.Psi.com con una sección dedicada a la terapia online.

Para mi grata sorpresa aparecieron las primeras consultas solicitando ayuda psicológica llevada a cabo por argentinos que vivían en países alejados y decidían tomar hacer un tratamiento con psicólogos de su propio país. Fueron aumentando gradualmente estas solicitudes de asistencia por personas residentes en el país pero que vivían a una distancia considerable del terapeuta y deseaban hacer terapia sin necesidad de recorrer muchos kilómetros para llegar al consultorio.

Coincidió con mis primeras experiencias brindando terapia a través de esta forma de abordaje del padecimiento psíquico a través de internet, mediante una pantalla de computadora. Fue un acontecimiento porque se evidenciaron múltiples desafíos al mismo tiempo: tener un buen manejo de las herramientas informáticas; adecuar la escucha presencial a esta otra “mediada” por la informática; buscar un estilo comunicacional adecuado y efectivo, en cuanto a hacer notar ese aspecto desconocido, generador de padecimientos que era necesario develar.

Ambas circunstancias han progresado con el transcurrir del tiempo: el sitio web citado se ha convertido en un Portal de Salud; las consultas psicológicas aumentaron espontáneamente; hemos refinado la modalidad de abordaje: desde el intercambio por mail y/o el uso del chat; hasta el uso de las pantallas y el intercambio en tiempo real.

Así hemos progresado hasta la época actual, en que la comunicación online se ha convertido en la herramienta privilegiada y casi imprescindible a causa del

aislamiento preventivo originado por la aparición de la enfermedad relativa al Covid19 (la sigla se conformó con las palabras “corona”, “virus” y “disease” (enfermedad en inglés), mientras que 19 representa el año en que surgió. El brote se informó a la OMS el 31 de diciembre de 2019.

En estos momentos ya nos acostumbramos al uso de las pantallas de las computadoras, de los celulares; y de diversos programas de video conferencias: Skype, Google Meet, Zoom y otros similares.

Sobre el abordaje terapéutico relativo a la modalidad online. Las primeras consultas.

Acerca del chat

Aquellas que se enviaban por chat tenían la característica de solicitar la atención sobre un tema puntual, el que concentraba angustia y urgencia por resolver esa conflictiva. Al mismo tiempo se puso de relevancia otro fenómeno: el del anonimato, ya que el consultante podía dar su nombre verdadero o un nombre figurado. En este último caso, la duración del trabajo conjunto (según mi experiencia) era de corta duración, ya que ese refugio proporcionaba un alivio fugaz. La verdadera dificultad residía en “dar la cara” al terapeuta y a la actitud de enfrentarse con el propio conflicto y la incapacidad de resolverlo[2].

En ambas modalidades de consulta (chat y email) se tomaba al lenguaje escrito como la base del análisis, cuya variabilidad giraba en torno de:

  1. a) la linealidad (cómo se escribía; que expresiones compartía; cuáles se repetían; cuando aparecían cambios y novedades en la expresión);
  2. b) se alternaba el lenguaje con multiplicidad de emoticones (como sustituyéndola ausencia de la palabra justa, para mencionar esa emoción);
  3. c) el empleo de ciertas palabras, dando lugar al fenómeno de escribir como se habla, por ej.: “makina” “ke macana” …etc.) y expresiones similares.

La intervención terapéutica incluyó también la ayuda a armar frases completas que, si bien puede tomar como una función académica, el efecto buscado fue poner palabras (verbos, sustantivos, otros) allí donde faltaban, resultando una modificación de una actitud más “relatada” hacia otra más “vivenciada”.

Acerca del email

En la consulta por email la escritura se empleaba al modo de la conversación coloquial.

El terapeuta proponía una extensión de la consulta que, junto con la devolución; constituían el material completo de lo que en la atención presencial era una hora de trabajo.

La cualidad asincrónica del correo electrónico daba una característica más primaria al contenido escrito: se asemejaba al diario personal; a una ‘confidencia’ respecto de los contenidos expresados.

Con la diferencia que, a la vuelta de correo, se recibía la interpretación del terapeuta empleando esclarecimientos, confrontaciones y/o interpretaciones de contenidos latentes (según el caso y el momento de tratamiento).

Se observaron curiosas derivaciones en los fenómenos de escritura, que fueron posibles de analizar a posteriori: los errores de tipeo. Al principio se tomaba como un error resultante de haber tocado la tecla equivocada (no existía aún el lenguaje predictivo).

Si el tratamiento se mantenía y avanzaba en profundidad, esos errores se repetían   dando lugar a la confirmación de la existencia de otros fenómenos, al estilo de actos fallidos, desplazados a la escritura. Propiciaba una especial oportunidad de descifrar el conflicto padecido, casi a “flor de escritura”.

Generalidades de aquellas consultas por internet

Quienes se animaban a solicitar terapia por internet ya contaban con una familiaridad con las herramientas informáticas y el ciberespacio: se privilegiaba internet como medio comunicacional: se llevaban a cabo múltiples actividades “online” y entonces, se intentaban nuevas experiencias: solicitar una terapia fue una de ellas.

Una característica destacada en los primeros consultantes online era una particularidad de sus vínculos: daban cuenta de padecimientos relacionales que había dejado una huella en la relación de confianza en el semejante.

Por lo tanto, la elección de un terapeuta a distancia, más aún si ‘no era visible’ les proporcionaba (sin saberlo de modo consciente) una resolución imaginaria respecto de sus propios conflictos: la posibilidad de huir ante la advertencia de algún peligro vincular. Desconocían que la huida se trataba acerca de su propia persona (de su mundo interno) y se había desplazado a ese terapeuta ubicado en “otro universo” el así llamado, virtual.

Los terapeutas poníamos en marcha el trabajo de análisis: desde la comprensión de los significados ocultos; el tipo de vínculo que se establecía con el psicólogo (el despliegue transferencial) y esencialmente poner atención en el discurso presentado, porque a partir de ese relato la persona comunicaría (del modo que le resultara posible) cuál era su padecimiento; su fantasía de curación (en el mejor de los casos) y formaba parte de nuestra praxis ese desciframiento.

Este abordaje descrito resulta válido para la comunicación escrita y verbal; también en el encuentro con el paciente en tiempo real, donde se podía incluir la gestualidad.

Respecto del abordaje técnico resultó de mucha utilidad el tipo de respuestas del terapeuta, prestando especial interés en el lenguaje a emplear. Empleando palabras sencillas y comprensibles al modo de una conversación coloquial, usando señalamientos; tomando su modo de hablar, sus expresiones y las palabras dichas develar significados novedosos.

Se jerarquizaba el establecimiento del vínculo de confianza, dando lugar a un espacio donde fuera posible mostrar el dolor, la vergüenza, las imposibilidades y otras circunstancias afectivas de similar naturaleza.

Quedó en evidencia que ese trato cariñoso se convertía en sostén de los tratamientos a desplegarse. De ese modo, se habilitaba un camino a recorrer entre ambos (terapeuta y paciente) en el cual pensábamos, reflexionábamos, aparecían recuerdos, y en el mejor de los casos, sueños. Llegábamos hasta donde era posible revivir, analizar y desvelar contenidos dolorosos.

En mi experiencia personal, muchas personas realizaban tratamientos largos, de mucho tiempo de duración, con una frecuencia de hasta dos veces por semana. Resultó un acto creativo constante, anudando la teoría a la técnica

 ¿Transferencia o desarrollo de confianza?

Hubo muchos debates al respecto (y continúan); también muchas dudas lógicas, ya que este fenómeno irrumpía a modo de enfrentamiento del método tradicional de trabajo frente a otro novedoso y desconocido.

A esta altura de los acontecimientos, se puede afirmar que si el desarrollo de confianza transita desde la credibilidad en el profesional y la confiabilidad del método, al  despliegue de un trabajo de análisis que proporcionaba al consultante la obtención de notables modificaciones en su estilo de vida; sumado a sentir bienestar y hacer progresos deseados: esa trama constituía  entonces una certificación de que estamos avanzando con el rumbo acertado, pero empleando un abordaje psicológico similar al tradicional pero con dispositivos diferentes.

Sobre el Encuadre

Para iniciar una terapia, comunicábamos cómo realizaríamos nuestro quehacer, brindando información acerca de lo que el terapeuta consideraba pertinente. Siempre se trata de una enunciación conveniente, aunque quien consulte haya llevado a cabo tratamientos anteriores, ya que es muy difícil saber qué clase de abordaje realizó, que contenidos comprendió y cuáles no.

Trabajar con un encuadre es establecer reglas sobre ese trabajo conjunto a realizar. Recordemos que da cuenta de lo permitido y lo prohibido.

Se acuerda un modo de trabajo; día y hora del encuentro; se explicita lo prescripto.

Respecto de los detalles, explicitamos:

– si es por chat: que día se realizaría, frecuencia y duración;

– si se trabajaba por email: cuantos intercambios se harían y una extensión determinada (el equivalente a la extensión de tres hojas carta);

– se acordaba tener una entrevista inicial para conocerse mutuamente (analista y paciente) y darle la oportunidad a quien consulta a vivenciar esta forma comunicacional (a través de la computadora) para hablar de sus emociones y padecimientos.

Ese contacto preliminar resultaba de utilidad para:

  1. a) que el eventual paciente despliega su problemática con un relato determinado;
  2. b) que el terapeuta evaluara desde su escucha, la viabilidad de ese tratamiento; también la analizabilidad y la posibilidad de insight (tomar conciencia acerca del lado oculto de sus aflicciones).

La frecuencia habitual siempre fue de una vez por semana, aunque algunas personas han trabajo dos veces por semana, según urgencia.

Respecto de los honorarios, se le comunicaban al consultante en la primera entrevista.

Conviene agregar que resulta conveniente para el analista al momento de establecer sus honorarios, que tenga cabida a la consideración: su formación personal, la antigüedad en la profesión, el tipo de pacientes con el que trabaja.

Es beneficioso que los honorarios establecidos sean accesibles al paciente y también generen satisfacción en el analista: lo cual aumentará en la disposición a profundizar la tarea.

Formación del terapeuta:

La preparación académica respecto de esta modalidad es muy importante ya que se trata de un nuevo dispositivo y es necesario evaluar los rasgos de personalidad de quien consulta.

Ante la ausencia del lenguaje gestual, se fueron desarrollando otras habilidades profesionales para tratar de complementarlo por otros elementos que brindaría la consulta en la red. Por ejemplo, tener en cuenta la modalidad individual: si respeta el horario adecuado; como se preparó para la sesión, lo que implica tener las herramientas informáticas preparadas para la ocasión (celular o computadora con carga necesaria y buena conexión a internet); la atención al trabajo terapéutico; la respuesta a las intervenciones; otras.

Investigación[3]

Junto con el discurrir de las consultas, comencé a investigar cuáles eran las similitudes y las diferencias con el trabajo presencial. La investigación se llevó a cabo en forma individual y con el aporte de colegas. Con dicho objetivo conformé un grupo de investigación en la APBA (Asociación de Psicólogos de Buenos Aires) dónde participaron muchos colegas con dudas, inquietudes y aportes varios. Fuimos dándole forma conceptual a este tipo de terapia estableciendo similitudes y las diferencias.

1- Respecto de la actitud del analista[4] se recomienda mantener la abstinencia relativa al trabajo terapéutico evitando tener una conducta rígida. Siempre resulta favorable mantener un clima propicio para la tarea propuesta junto con la distancia necesaria para poder mantener activo el ‘yo observador’.

Al inicio de un tratamiento es propicio hacer ciertas observaciones:

Respecto de quien consulta:

– si esa entrevista inicial coincide con sus expectativas;

– qué es ‘hacer terapia’ (si está dispuesto a iniciar esa “aventura” con este dispositivo)

Respecto del analista y el estilo de abordaje:

1°: conviene dar explicaciones sobre el dispositivo y que impacto produce una terapia (en que se diferencia de una conversación);

2°: situarse en el relato del paciente en el presente, y relacionar las vicisitudes que plantea con su historia infantil (en el momento oportuno);

3°: analizar el contenido manifiesto y tener en cuenta la posibilidad de comunicar algún significado latente. Estar atento a la capacidad de comprensión del paciente;

4°: tener en cuenta la confianza versus la desconfianza tanto en el terapeuta, como en el dispositivo.

5°: pedir asociaciones de ideas, fantasías, recuerdos (a medida que el tratamiento avanza)

Conviene recurrir a las intervenciones del tipo: señalamientos; confrontaciones; analizar los actos fallidos; las fantasías; los sueños (si aparecen).

Personalmente, siempre evité hacer interpretaciones transferenciales salvo que obstaculicen el despliegue del tratamiento.

La terapia online: limites. Otras vicisitudes

En la época actual: hay abundancia de personalidades ‘de borde’ sostenidas por una firme estructura defensiva, hay rigidez en las conductas lo que conlleva a dificultades de movilidad interna y el acceso a cambios profundos. En estos casos el terapeuta evaluará la capacidad de realizar este tipo de tratamiento.

Es inconveniente brindar terapia online, a aquellas personas que consumen sustancias, o tienen tendencia a la actuación.

Esta praxis se complementa con el factor individual del profesional, que se relaciona con su experiencia, con la capacidad de comprensión de las diferentes problemáticas, y con la afinidad por este dispositivo.

Así, paso a paso se da la posibilidad de “crear” a un paciente, en el sentido de desarrollar las condiciones de analizabilidad[5].

En algunos casos es posible que luego de un tiempo de tratamiento, recurran a la consulta presencial cuando se ha instalado un sentimiento transferencial del orden de los sentimientos cariñosos y cuando se plantean cuestiones relacionadas con elementos inconscientes (equiparables al resto diurno) difíciles de tratar por internet.

Respecto de la edad y el sexo de quienes consultan: varía en una amplia gama, desde muy jóvenes hasta personas maduras; y de ambos sexos. El requisito es manejar los códigos propios del ciberespacio, resultando muy efectivo sólo entre quienes lo comparten.

La experiencia adquirida ofreciendo y realizando asistencia en línea, llevada a cabo con pacientes de diferente naturaleza, me permite afirmar que esta praxis modifica saludablemente la subjetividad. Las personas que pueden llevar adelante el trabajo terapéutico modifican su modo de pensar, sentir o actuar influyendo en sus características personales y comienzan a categorizar e investigar en su mundo interno (guiados por el terapeuta).

La experiencia suele resultar diferente en aquellos individuos a quienes no les despierta simpatía este tipo de intercambios: es difícil sobrellevar la desconfianza tanto en el dispositivo terapéutico, como en el relato de quien consulta.

La consulta online: Similitudes – Diferencias – Inicios vs Este presente con pandemia

 

Inicios

El pedido de asistencia vía internet dice también sobre la angustia provocada por el conflicto psíquico, doloroso y limitante. Se solicita ayuda para pensar con otro sobre las vicisitudes de su vida que le generan sufrimiento, pero no siempre queda claro este pedido de ayuda. Muchas veces hay una importante confusión: se solicita al terapeuta que le otorgue soluciones, en vez de análisis.

Es importante diferenciar:

  1. a) la pregunta sobre un tema puntual; de
  2. b) una solicitud de terapia.

La primera no compromete a la persona a pensar sobre sí misma: allí está solicitando opiniones, ideas (de otra persona) sobre un tema específico. Este tipo de pedidos generalmente implican intolerancia a la espera del transcurrir que conlleva el proceso de análisis.

En los momentos iniciales de este tipo de terapia podemos acompañar al paciente en su comprensión empleando un lenguaje sencillo adecuado a su edad y su capacidad intelectual.

Estimulamos nuevos procesos de pensamiento orientando nuestra escucha a los contenidos curiosos y contradictorios que limitan su vida. Jerarquizamos el desarrollo de confianza y la importancia de su sufrimiento.

A posteriori podremos agregar interpretaciones de los significados ocultos en el discurso. Hay que tener en cuenta que la generalidad de personas que consultan por internet han vivido en vínculos familiares que dejaron una marca muy dolorosa respecto de la interacción con los otros. Por eso se elige justamente, un ‘otro’ mediado por una máquina.

La secuencia de la selección del profesional va desde:

  1. a) los honorarios. Conviene tener presente que hay una alta demanda de servicios otorgados en forma gratuita. Esa gratuidad se espera también del terapeuta. Queda a criterio de cada profesional, esa forma de trabajo;
  2. b) la viabilidad del método en el sentido técnico/informático: si por chat o por email;
  3. c) por sistemas de conversación telefónica.
  4. d) las videoconferencias.

En última instancia se jerarquiza la experiencia profesional y cómo se va a llevar a cabo el tratamiento.

Tiempo presente: el abordaje terapéutico a través de dispositivos online en función del contexto de aislamiento sanitario causado por el COVID-19

A partir del contexto de aislamiento sanitario causado por el covid-19 se impuso (sin dar lugar a otra elección) el uso de computadora y/o el celular para TODO TIPO DE INTERCAMBIOS: laborales, profesionales, familiares.

Tuvimos que recurrir a los programas disponibles para la mayoría de las personas: el Skype; el Duo (programa de Video-Conferencia de Google); el programa de video conferencia de Facebook; otros.

Se nos planteó entonces la necesidad de tomar precauciones:

1- verificar que la conexión a internet sea estable (que pueda mantenerse la conexión durante el tiempo requerido);

2 –  constatar que la computadora o el celular se hallan en condiciones de sostener el tiempo de contacto sin interrupciones entre el terapeuta y paciente, con la carga necesaria; con el cierre de los programas que pueden interferir;

3 –  adquirir práctica y/o afinidad con la herramienta informática para sobrellevar de la mejor manera las interrupciones que suelen ocurrir. Por ej.: caída del sistema operativo; interrupción del servicio de internet; también puede haber un corte en la energía eléctrica

4 – adecuar la vivienda personal para la asistencia a los pacientes. Esto genero un gran esfuerzo en las personas, ya que fue necesario ser creativos para separar la vida profesional de la vida familiar. Y en especial, la dificultad fue intensa en aquellos profesionales con niños pequeños.

5 – Resultó imperiosa una nueva organización del tiempo:  fue necesario establecer el inicio del día de trabajo; diferenciarlo de los momentos de estudio; y la hora de finalización. En el momento actual han proliferado las actividades online de tal modo, que en muchas oportunidades estamos obligados a renunciar a muchas de ellas.

6 – Muchas consultas consideradas “de urgencia” han podido vehiculizarse a distancia, cuando el profesional cuenta con experiencia y habilidad para resolver la conflictiva planteada. Inclusive muchos colegas han iniciado su asistencia online a niños y continúan llevando a cabo esa práctica.

Respecto del abordaje técnico

La mayor parte de los terapeutas se adhirieron a retomar los tratamientos presenciales a través de la pantalla, según el dispositivo elegido. También se desplegó una amplia gama de variables:

  1. a) el uso pleno de los dispositivos tecnológicos: a través de la computadora sea por videoconferencia o por mensaje telefónico; viéndose y escuchándose cara a cara; otra faceta que se desplegó fue el uso de diván (el paciente se recostaba en el diván con su computadora encendida y así transcurría su hora de análisis). Esta manera fue solicitada por muchos pacientes que ya se encontraban en tratamiento presencial y les resultaba dificultoso adherir a la imposición de la tecnología por una causa ajena (el aislamiento preventivo por el Covid19);
  2. b) el empleo de la comunicación telefónica de insólita forma según la singularidad personal del profesional: hablando como es habitual (colocando el dispositivo en el oído) o colocando el teléfono en algún mueble, de modo tal de conservar la escucha del relato, las inflexiones de la voz, los silencios, etc.

Respecto del análisis del relato de parte del terapeuta

La escucha se mantuvo dentro del marco teórico de referencia de cada terapeuta. Fue necesario incluir (y estimular el análisis) de la referencia de un entorno tan peculiar como resultó ser el de la pandemia: analizar la angustia, los fenómenos regresivos, la producción onírica (que según han observado la mayoría de los colegas fue muy prolífica) y las circunstancias relacionadas con las vivencias del duelo.

Hay que tener en cuenta que, en forma repentina hubo un violento cambio de hábitos: del estilo de vida, del trabajo, de la movilidad (se recomendó por todos los medios que se realizaran actividades físicas en el hogar, de la manera que fuera posible).

A eso hubo que sumarle el temor generalizado a enfermarse, a contraer un virus que llegó a ser mortal en muchísimas personas.

Esta circunstancia aumentó las patologías preexistentes; desde el insomnio,  la ansiedad, los maltratos familiares en el interior del hogar; los cambios de conducta en los niños (particularmente en los más pequeños a quien les resultó muy difícil comprender las explicaciones relacionadas a “un virus chiquito que no se ve pero que enferma mucho”. Ha sido muy difícil para los padres acompañar a sus hijos (de todas las edades) siendo que la circunstancia de cambio, encierro y aislamiento fue igual para todos.

Probablemente los más damnificados hayan sido las personas mayores, obligados a estar aislados y solos (particularmente aquellos carentes de familia cercana). Hubo muchas consultas de esta franja etaria.

Un suceder alentador, beneficioso y para destacar es que la mayoría de las instituciones psicológicas ofrecieron asistencia gratuita. De esto modo se  han podido tramitar muchas situaciones “de urgencia” que son tan difíciles para abordar desde el abordaje terapéutico, que requiere pensar, analizar, encontrar un nuevo sentido.

Así que frente al acecho que representó el Covid19 y una amenaza generadora de tanta aprehensión, cada persona puso en marcha su singularidad, su creatividad, inaugurando desde el interior del hogar habitual, otro modo de vida para sobrellevar semejante circunstancia arrasadora y desafiante.

Los terapeutas nos hemos “aggiornado” al uso de los aparatos informáticos. A aquellos que teníamos familiaridad con ellos nos resultó más fácil y “afinamos la herramienta”. Aquellos que carecían de la familiaridad con su uso, aprendieron, asimilaron día a día esta forma comunicacional.

Particularmente, me encuentro usando al máximo los nuevos programas (los desconocía hasta esta ocasión) de videoconferencia por Zoom; Google Meet; Skype; Whatsapp; Duo y otros similares. Aprendí mucho más sobre el uso de la tecnología; asisto a TODOS  mis pacientes a través de internet (residentes en mi país y en otros lugares del mundo); afiancé amistades que mejoraron mi vida; hago un intercambio constante con los colegas y amigos sobre el tiempo que nos toca vivir.

Me resulta una referencia análoga a aquellas experiencias vividas en “la isla” de mi niñez (la radio, la onda corta, los programas transmitidos de otros países) dentro de mi hogar de hoy, convertido en el lugar/refugio donde pude conectarme con el mundo de afuera (de acá cerca, de allá lejos). Allí encontré maravillas que desconocía; también sentí miedo y angustia; y mucho pesar por las personas que no sobrevivieron a esta catástrofe que sigue asolando al mundo.

Seguiremos enfrentado el desafío que nos plantea esta adversidad.

Espero y deseo que germinen nuevas ideas en cada uno de nosotros; que concluyamos estos tiempos de amenaza con nuevos bríos; que podamos renacer.

Bibliografía adicional:

Sigmund Freud:

“La interpretación de los sueños” 1899/00 – Cap. VII – Obras Completas –

“Tres ensayos de una teoría sexual” (1905) –

“Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítico” (1912)

– “Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica (1918)” –

“Más allá de principio del placer”(1920) –

“El yo y el ello” (1923) –

“Más allá del principio de placer” (1919/29) – O.C. Amorrortu Editores – Buenos Aires/Madrid

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[1] Licenciada en Psicología, egresada de la Universidad Kennedy de Buenos Aires (1978). Reside en Buenos Aires, República Argentina. Es miembro Concurrente de A.P.A. (Asociación Psicoanalítica Argentina) y de C.I.P.E.A (Institución dedicada a la investigación y estudios de la Accidentología Psicoanalítica). Ha desarrollado una extensa labor en el área clínica; en la docencia y en la  investigación. Estudia el fenómeno de la violencia y la situación de las víctimas. Es autora de los libros: “Las Violencias: de Género/ Femicidio, en la Pareja, en la Familia, a Menores: Abuso Sexual Infantil” – 2018 y “Las Víctimas. Niños. Adolescentes. Adultos. Como Víctimas y Victimarios” – 2020, ambos de Ediciones D&D (https://www.edicionesdyd.com.ar/)

Email: cesio.sonia@gmail.com

[2] “El lenguaje de los chats. Entre la diversión y la subversión” El trabajo completo esta publicado en: Observatorio para la CiberSociedad, en:

http://www.cibersociedad.net/archivo/articulo.php?art=27

[3] “Investigación realizada sobre el dispositivo de la terapia online”, en:  http://www.enigmapsi.com/investigacion.html

[4] “La terapia online” en:    http://www.enigmapsi.com/nvaconceptdetonline.html

[5]  “La terapia online: una praxis extendida” en: http://www.enigmapsi.com/presentacongreso.html

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