Netanyahu no logra iniciar el plan de anexión

Benjamin Netanyahu no logra iniciar el plan de anexión de una parte de Cisjordania

El primer ministro israelí aún no tiene la luz verde de EEUU de una medida que cuenta con la oposición del liderazgo palestino, la comunidad internacional y las reservas de su socio Benny Gantz.

El 1 de julio del 2020 no pasará a la historia en el conflicto entre israelíes y palestinos. Es la fecha que había marcado para iniciar el proceso de anexión de los asentamientos judíos y el Valle del Jordán en el territorio cisjordano -ocupado en la guerra del 67-, el primer ministro israelí  ha tenido que conformarse con un escueto comunicado sobre la continuación de “sus consultas con los estadounidenses”.

Diario Judío México – Tras varias reuniones con emisarios de Estados Unidos en Jerusalén, Netanyahu aún no ha obtenido la luz verde para lo que define como “histórica oportunidad de aplicar la soberanía sobre nuestras comunidades en Judea y Samaria”. Una oportunidad -la anexión del 30% de – que figura en el plan de paz del presidente estadounidense, Donald Trump. Según diversas fuentes, Netanyahu podría cumplir este verano su promesa en el último año electoral pero limitándose a alrededor del 10% del territorio (colonias cercanas a Jerusalén) sin el Valle del Jordán.

Su nuevo socio de Gobierno, el ministro de Defensa, Benny Gantz, apoya que los 440.000 habitantes israelíes en zonas bajo consenso interno y contempladas en las negociaciones con los palestinos en el pasado estén bajo las leyes de su país pero no de forma unilateral. De lo contrario, avisa de los posibles efectos (daño en las relaciones con Jordania y en la cooperación en la sombra con otros países árabes, ataques palestinos, sanciones europeas,…) en un país azotado por la segunda oleada del . “El 1 de julio no es una fecha sagrada”, afirmó Gantz esta semana dando prioridad a la crisis económica. Con todo, el dirigente centrista, que espera ser primer ministro en el 2021 como parte del acuerdo de rotación, no tiene posibilidad de veto de la iniciativa.

El llamado ‘Acuerdo del Siglo‘ otorga también a los palestinos un Estado en el 70% cisjordano restante y, como compensación, en territorios en  pero bajo condiciones muy alejadas de su posición en una negociación estancada desde el 2014. El rais Abu Mazen, que se niega a dialogar con Trump desde el anuncio del traslado de la embajada a finales del 2017, denuncia que la anexión viola la ley internacional y entierra la solución de dos Estados en las fronteras previas a la guerra del 67 apoyada por la comunidad internacional. La Autoridad Nacional Palestina, que gobierna sobre 2,7 millones en , podría entregar sus llaves. De momento, ha cesado la cooperación en materia de seguridad con .

La situación del 1 julio -fecha impuesta por Netanyahu en el pacto de coalición con Gantz- es muy diferente a la del 28 de enero, cuando la Casa Blanca presentó el plan. La delicada situación  de Trump a pocos meses de los comicios, la pandemia y la formación del Gobierno dividido en dos bloques enfrentados en  y la enorme oposición externa (palestina, jordana, UE y ONU) e interna (centroizquierda, ex altos mandos de seguridad e incluso sectores en las colonias contrarios al plan por contemplar un Estado palestino) han dificultado el deseo del líder del Likud de aprovechar la parte más favorable y práctica de la tarta (aplicación de la soberanía sobre los asentamientos judíos en la Ribera Occidental), consciente de que la menos apetitosa para su bloque (Estado palestino) es teórica y futura, dados los numerosos requisitos y el rechazo de antemano de Abu Mazen.

“La anexión ilegal perpetuaría la ocupación y mostraría que no hay interlocutor israelí interesado en una paz justa y duradera lo que aumentaría la frustración. Si la comunidad internacional no interviene para evitarlo, el pueblo palestino irá a la lucha en una revuelta popular”, señala Kadura Fares que como el resto de líderes de Al Fatah considera que el Plan Trump no es más que la visión de Netanyahu con firma estadounidense. El grupo islamista Hamas, que organizó hoy una manifestación de protesta en la Franja de Gaza bajo su control, avisó que sería una “declaración de guerra contra el pueblo palestino”.

Numerosos dirigentes extranjeros -incluyendo conocidos amigos de  como Boris Johnson y Angela Merkel– piden a Netanyahu que suspenda sus planes. Otros aconsejan a Abu Mazen que reanude el contacto con la Administración Trump para, al menos, aplazar la anexión y ganar tiempo teniendo en cuenta que la fecha realmente importante es el próximo 3 de noviembre. Una victoria de Joe Biden en las elecciones cerraría la ventana de oportunidades de la derecha israelí.

“Netanyahu se ha hecho con la posibilidad de elegir entre cuatro opciones. Anexionar el 30% como le permite el Plan Trump, sólo el Valle del Jordán que representa el 18%, el bloque de asentamientos en el cinturón de Jerusalén o, por último, no hacer nada”, afirma Nimrod Novik a EL MUNDO. Este dirigente de la asociación “Oficiales por la Seguridad de ”, formada por 300 ex oficiales del Ejército, Mosad y Shabak, avisa de que “la anexión pone en peligro nuestra estratégica cooperación con Jordania. Nosotros no sabemos ahora si el rey Abdala cesará la alianza, pero sí que  no debe empujarle a la esquina donde deba elegir entre la inestabilidad de su régimen: si no reacciona contra la anexión se producirán manifestaciones en las calles, sí reacciona cortará las relaciones bilaterales que son buenas para la seguridad de nuestro país pero también del Rey”.

“El extenso territorio jordano da profundidad estratégica y capacidad de prevención y disuasión a Israel. De ahí que la frontera de seguridad sea entre Jordania e Iraq. Es importante porque Irán tiene milicias no sólo en el Líbano, Siria o Yemen, sino también en Irak”, concluye con la esperanza de que la anexión se descarte. En el Consejo de Asentamientos, sin embargo, critican la demora.

Lo que Netanyahu ve como su gran legado tras 14 años en el poder (11 de forma seguida), Abu Mazen lo considera amenaza a la viabilidad de su Estado con Jerusalén Este como capital y el fin del proceso negociador. La última palabra, sin embargo, la tiene Washington. El asesor de Trump, Jared Kushner, frena de momento la petición de Netanyahu y del embajador estadounidense David Friedman al temer que entierre el plan de paz y golpee la cooperación entre Israel y los países del Golfo Pérsico

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