Ana Frank, un legado que ilumina nuestra memoria

Ana Frank, un legado que ilumina nuestra memoria

-Lic. Psic. Jorge Schneidermann-

El 12 de junio de 1929, hace exactamente 91 años, Ana Frank Hollander asomó a la vida en el seno de una familia judía originaria de Fráncfort del Meno, Alemania. 
Tras la asunción de Hitler en 1933, los Frank decidieron emigrar hacia Holanda, radicándose finalmente en la apacible y pujante ciudad de Ámsterdam.

Consumada la ocupación del territorio neerlandés por parte de las fuerzas nazis en mayo de 1940, miles de ciudadanos judíos comenzaron a sufrir los efectos de la discriminación, siendo sumariamente detenidos y enviados a campos de trabajos forzados, para luego ser mayoritariamente deportados hacia diferentes campos de concentración y exterminio situados en Polonia y Alemania.

Escondida junto a sus padres Otto (1889-1980) y Edith (1900-1945), su hermana Margot (1926-1945) y otras cuatro personas (la familia van Pels y el Sr. Fritz Pfeffer) en el anexo de un edificio empresarial desde el verano del ’42 hasta su detención el 4 de agosto de 1944, Ana consiguió a través de su Diario ponerle voz y palabras a los sentimientos que la recorrían, y así dar vuelo a su ilusión de brillar en el firmamento de las letras y las ideas.

Con el transcurso del tiempo, su peripecia vital se constituyó en imperecedero ejemplo de entereza, resiliencia y tenaz resistencia ante la más dura de las adversidades.

Pereció a los 15 años, víctima de la inquina antisemita de uno de los regímenes más execrables de la historia. La fiebre tifoidea cercenó su vida en el campo de concentración de Bergen-Belsen pocos días antes del arribo de las fuerzas aliadas en marzo de 1945.
Su legado seguirá por siempre iluminando nuestra memoria.

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