Una teoría de la lectura

      No hay comentarios en Una teoría de la lectura

Una teoría de la lectura

-Pablo Cúneo-

Una luz tenue, siempre presente desde hace años, atraviesa las noches de mi vecino. Recuerdo el momento en que le presté ese libro, a partir de allí ya no fue el mismo. Una idea, solo una, le ganó el sentido de su vida.

Era un jueves de noche cuando mi vecino tocó a la puerta por un poco de azúcar, fue la primera vez que entró a mi casa. Me sorprendió la forma en que miró hacia la biblioteca por lo que nos pusimos a hablar sobre nuestros gustos e intereses literarios. En un momento se acercó a unos libros que tengo sobre una mesita y tomó uno de ellos con cierta nerviosidad.

– Me dije hace años que sólo después de los 50 podía leerlo y ayer fue mi cumpleaños 50. Nunca quise tenerlo y ahora lo veo aquí – dijo ante mi sorpresa.

No teníamos mucho trato ni confianza y un poco como por compromiso ofrecí  prestárselo. En general soy muy memorioso en cuanto a la forma y circunstancias en que un libro entra en mi vida, pero con este no puedo recordar cuándo ni cómo lo había conseguido. ¿Lo había comprado o me lo habían prestado?, ¿lo había leído?, ¿cómo no iba a recordarlo? Es extraño, pero no consigo recordar nada.

-Yo había leído El Aleph y El Golem de Borges, ¡y aquí están la letra resh y el Golem juntos en un mismo texto! –me dijo como poseído por una nueva Verdad.

Me mostró un pasaje que está subrayado y que no reconocí como hecho por mí. Me lo leyó especialmente: “Mi padre me dijo un día que la cábala tenía dos aspectos: uno mágico y otro abstracto, que no se pueden hacer coincidir jamás. El mágico puede atraer hacia él al abstracto, pero nunca a la inversa. El primero es un don, el otro puede ser conquistado, si bien la ayuda de un maestro es indispensable”.

A partir de la lectura de este fragmento todo cambió en su vida, y puedo decir con cierta molestia que en la mía también.

Se ha apoderado de él la idea (¿absurda?) de encontrar un método de lectura que permita hacer coincidir los dos aspectos, el mágico y el abstracto. Pero esto funcionaría dependiendo del nombre del lector. Pasaré a explicarlo.

Sé que es una conjetura pero mi vecino considera actualmente una idea que conjuga las letras y los números. El cree que la letra resh es la clave del sentido mágico de todo texto y un número que no sabe cuál es, el del abstracto. Probó contar el número de veces que aparece la letra resh -si no encontrásemos ninguna sería el fin del texto, su decapitación virtual-, a lo que habría que sumarle el valor numérico de las letras que componen el nombre del lector. Esto daría un número variable para cada lector quien tendría que restarle la raíz cuadrada de -1 y no sumar el de sus letras si su propio nombre incluye la resh, lo que no deja de ser muy riesgoso (no he podido entender plenamente el motivo por el que ello sería peligroso, pero los gestos y el tono de mi vecino cuando me lo expresó me convencieron de ir no más allá de lo que me decía). Sólo agregó que un lector así corre el riesgo de perderse entre las letras del texto y no regresar jamás. Su nombre como el de su propio padre incluye la letra resh, es un tema del que no hemos hablado y que no me atrevo a tocar.

Su idea actual es que ese número sólo podría funcionar en la medida que el lector porte en su nombre el nombre de Dios. Mi amigo está plenamente convencido de encontrar la llave que haga posible que el sentido abstracto de un texto atraiga el sentido mágico del mismo. Me dijo que ya tiene un nombre para su teoría si esta se llega a comprobar, pero prefiere guardarla bajo el candado de su silencio, por ahora.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.