Creación divina, creación humana–Golem

Creación divina, creación humana

La creación del hombre en la figura de Adán como centro de la creación de Dios se transformó en el antecedente y modelo de las leyendas sobre el Golem de la tradición judía.
Por Pablo Cúneo *
Nueva Sion

En el tratado Sanhedrin 38b del Talmud de Babilonia aparecen diferentes relatos sobre la creación de Adán: la tierra de donde fue tomada para su creación, las diferentes etapas y primeros actos de Adán en las primeras 12 horas desde la reunión del polvo para su formación hasta su expulsión, las órdenes que les dio Dios a los ángeles para la creación de Adán, su extensión primigenia que llegaba de un extremo a otro del cielo hasta su achicamiento por su primer pecado, su lengua inicial, el arameo, así como su descreimiento inicial, además de indicar que Dios le mostró a Adán todas las generaciones futuras con sus respectivos intérpretes.
En su estudio sobre el Golem, Gershom Scholem nos trae un interesante midrash en el que Dios ve a Adán mismo como un posible competidor por lo que demoró en darle su aliento hasta que no estuviera terminada la obra de su creación, no fuera que Adán reclamara tener parte en la misma. He aquí el relato: «Rabi Berajia decía: Cuando Dios quiso crear el mundo, comenzó su creación precisamente con el hombre, y le dio, pues, forma de Golem. Cuando después se dispuso a inspirarle un alma, dijo: Si le hago levantarse ahora, se dirá que fue mi compañero durante la empresa de la creación, de modo que quiero dejarlo como Golem [en estado inacabado, bruto] hasta que haya creado todo. Cuando hubo creado todo le dijeron los ángeles: ¿No vas a hacer al hombre del que has hablado? Y respondió: Lo tengo hecho hace tiempo, y solo queda la inspiración del alma. Entonces inspiró un alma, le hizo levantarse y resumió toda la naturaleza en él. Con él comenzó y con él concluyó, como está escrito (Salmo 139: 5): De arriba abajo me has formado tú».

Como podrá observarse, hay en el midrash una clara tensión que se le atribuye a Dios en cuánto a que el hombre en la figura de Adán pueda transformarse en un rival que quede junto a él como autor de la creación.
La primera mención explícita de la creación de un hombre aparece en el Talmud de Babilonia en el tratado Sanhedrin 65b. Moshé Idel refiere que esta parece ser una historia que surgió en Palestina, aunque el episodio no figura en el Talmud de Jerusalén. Este es el relato: “Rabáh creó cierta vez un hombre y lo envió al rabí Zerá. [El rabí] le habló, pero como aquel no le contestó, le dijo: ‘Eres creación de la cofradía; vuelve a tu polvo’”. Dos aspectos se destacan aquí: no se hace mención a cómo Rabáh creó al hombre y este último puede desplazarse, pero carece de habla.
Poco más adelante, en el mismo tratado en 67b, se cuenta que dos rabíes crearon una ternera para comer: “Las acciones permitidas de antemano son las que solían hacer los rabíes Janiná y Oshaiiá, que se pasaban la víspera del shabat estudiando las leyes de la creación, y luego crearon una ternera tercera [sería que llegó a la tercera parte de su desarrollo] y se la comieron”. Como podrá leerse, en este segundo relato se afirma que los rabíes lograron crear una ternera al estudiar las leyes de la creación.
Los exégetas medievales siguieron a Rashi que sostuvo -apoyándose en el segundo relato, aunque en el primero no haya mención alguna- que Rabáh creó a ese hombre por medio del Sefer Yesiráh (Libro de la Creación) a través de la combinación de las letras del Nombre de Dios. Compuesto en los primeros siglos d.C el libro tuvo un impacto inimaginable en la historia del pensamiento judío al establecer que Dios realizó su obra de la creación del mundo a través de las 22 letras del alfabeto hebreo. Es así que la creación pasó a ser un acto de escritura. Es en el propio Sefer Yesiráh de donde surge la idea de la creación a través del nombre de Dios: “Toda criatura y todo lenguaje (todo lo hablado, toda palabra según las diferentes traducciones) emergieron de un solo nombre”.

Una verdadera teoría lingüística
Aunque no se encuentre en el Sefer Yesiráh la descripción explícita de una técnica para la creación a través del nombre de Dios, la idea expresada anteriormente impactó en todo el pensamiento cabalístico posterior al hacer del nombre de Dios el fundamento de una verdadera teoría lingüística: “El hecho de que el lenguaje pueda hablarse, se debe, en opinión de los cabalistas, al nombre que está presente en el lenguaje”, pues “el habla proviene de la evolución sonora de la escritura y no viceversa”, como nos dice Scholem. Y aunque resulta en cierta manera escandaloso decirlo, será coincidente siglos después con un saber con el que lingüistas, antropólogos y psicoanalistas empiezan a operar.
Desde aquel primer relato talmúdico de Rabáh se ha ido desarrollando a lo largo de los siglos y con ciertas variaciones la leyenda de la construcción de un Golem, cuya versión más famosa es la de la creación realizada por el rabí Juda León, el “Maharal de Praga”. Scholem ha mostrado cómo con el paso del tiempo se han ido incorporando a la leyenda nuevos elementos tales como el de adjudicarle al Golem una función utilitaria y el transformarlo en un sujeto peligroso.
Así en el relato sobre la creación del rabí de Praga se cuenta que el Golem servía para varios trabajos, y que llegada la víspera del sábado el Maharal borraba el nombre de Dios de la frente y lo volvía en barro, pero que una vez ocurrió que el rabí se olvidó y el Golem enfurecido amenazó con destruirlo todo, por lo que el rabí tuvo que abalanzarse para quitarle el nombre de la frente. Otras leyendas dicen que el Golem llevaba grabada la palabra hebrea emet (verdad) y que como fue tomando un tamaño muy grande, el rabí que lo creó, temeroso de su obra, se subió a una escalera y le borró la primera letra, la aleph, quedando la palabra met (muerte), lo que llevó a la muerte del Golem y del propio rabí aplastado por aquél. En algunas versiones llega a adquirir una peligrosidad y tamaño extremos que, como señala Scholem, es inverso a lo que ocurrió con Adán tal como vimos en Sanhedrin 38b, en el que lo describía teniendo en un principio una extensión que llegaba de un extremo a otro del cielo hasta llegar a su tamaño humano normal.
Todas estas características no hacen sino señalar, por un lado, los peligros de la creación humana, al querer crear como el propio Dios hasta el punto de que lo creado por él se le escape de las manos y, por otro lado, que va relacionado con lo anterior, que el hombre mismo no sea más que un Golem, una creación fallida del propio Dios que en su competencia, omnipotencia y destrucción termine con toda la obra de la Creación. Ya habíamos señalado más arriba la tensión que el midrash le adjudicaba a Dios, al ver al hombre como un posible competidor suyo. Las leyendas del Golem no son sino una expresión de la tensión existente en el interior del hombre en toda creación humana, cuyas raíces sexuales y edípicas Freud supo descubrir.

El habla en la creación del Golem
Hay un aspecto esencial de todo este mundo golémico: la posibilidad de que el hombre creado acceda o no al habla. Ya vimos que en el relato talmúdico el hombre creado por Rabáh puede movilizarse, pero no hablar, a diferencia de Adán a quien Dios le dio el don del habla. Es esta incapacidad de dotarlo de habla, que está presente en la mayoría de las leyendas sobre el Golem, lo que señala la creación fallida realizada por el ser humano. En su poema El Golem, Borges lo expresa maravillosamente:

Tal vez hubo un error en la grafía
O en la articulación del Sacro Nombre;
A pesar de tan alta hechicería,
No aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

Este fracaso al querer lograr una obra a nivel divino se ve reflejada en esa otra leyenda, la que cuenta que Miguel Ángel cuando terminó su Moisés golpeó la rodilla de la figura y le increpó “¿Por qué no me hablas?”.
Sin embargo, nos aclara Scholem – contrariamente a lo que en un principio él mismo creía-, que la incapacidad de que el Golem acceda al lenguaje no está presente en todas las leyendas. Hay alguna en que el Golem le habla a su creador. Justamente es en el relato en el que el Golem habla que aparece explícitamente la tensión que siente el hombre en relación a Dios en el proceso de creación, hasta el punto en que pueda llegar a aparecer una referencia sobre la muerte de Dios.
De las varias versiones que Scholem trae del relato, tomo el que cuenta que el profeta Jeremías y su hijo Sira se dedican a estudiar el Sefer Yesiráh durante tres años, periodo luego del cual se abocan a combinar los alfabetos, y consiguen entonces “un hombre sobre cuya frente estaba escrito: YHVH Elohim Emet (Dios es verdad). Pero en la mano del hombre recién creado había un cuchillo, con el que borró el aleph de emet; de este modo quedó solamente met. Entonces Jeremías rasgó sus vestiduras (a causa de la blasfemia implícita en tal inscripción: ¡El Señor Dios está muerto!) y dijo: ¿Por qué has borrado el signo aleph de la palabra emet?”. El Golem le responde a Jeremías con una parábola: “Pero ahora vosotros habéis creado al igual que El un hombre se dirá: No hay más Dios en la tierra que estos dos”.
El relato muestra el logro de Jeremías y su hijo de haber realizado lo que Dios mismo hizo: crear un hombre que puede hablar. La tensión presente en toda creación que hemos ido estudiando sale a luz cuando Jeremías le atribuye al Golem creado por él haber borrado la letra aleph y haber dejado escrito en su frente “Dios está muerto”. Esta tensión potencial entre padre-hijo que de alguna manera el relato quiere soslayar a través de la creación conjunta de Jeremías y su hijo se revela entre Dios y el hombre. Si tenemos en cuenta el midrash citado anteriormente sobre la Creación, podríamos pensar que es el Golem el que parece hablar en nombre del propio Dios.
Es el propio Golem el que le dice a Jeremías cómo terminar con él: “Escribid los alfabetos de atrás adelante en la tierra que habéis esparcido con todo vuestro esfuerzo concentrado. Pero no meditéis sobre ellos en dirección constructiva, sino, antes bien, al revés. Lo hicieron de esta manera, y aquel hombre se convirtió ante sus ojos en polvo y ceniza”. El relato termina con la destrucción del Golem.
Creación, Revelación y Redención son tres categorías fundamentales en el judaísmo vinculadas a tres elementos, como lo señala Franz Rosenzweig: Dios, Mundo y Hombre. La Creación supone la relación entre Dios y el Mundo, de la relación por medio del habla entre Dios y el Hombre surge la Revelación y de la relación entre el Hombre y el Mundo la posibilidad de Redención. Para la tradición, tal como lo hemos visto en las leyendas del Golem, la relación Hombre – Mundo marcada por la creación humana está indisolublemente ligada a esa metáfora paterna que es Dios en la vida del Hombre.

* Psicólogo, se dedica al psicoanálisis. Reside en Montevideo. Ha publicado en diferentes medios textos sobre cultura, psicoanálisis y judaísmo.

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