LA POBREZA, EL AYUNO Y IOM KIPUR

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LA POBREZA, EL AYUNO Y IOM KIPUR

-Rodrigo Varscher-

Al haber descubierto una serie de relaciones morfológicas y etimológicas significativas en el hebreo, me veo tentado y compelido a reflexionar en vísperas de un nuevo Iom Kipur (Día del Perdón).

El ayuno, esa práctica de la que tanto se habla al acercarse el día y que ocupa la atención y la preocupación de muchos, tiene una etimología en hebreo que al menos capta mi interés. No nos referiremos aquí a la palabra más común para referirse al ayuno (צום, “tzom”), sino a un término semejante que es de registro literario y es el que se presenta emblemáticamente tanto en el texto bíblico como en el talmúdico: תענית (“taanit”). De hecho, un tratado del Talmud se denomina homónimamente, el cual aborda este tema para distintas ocasiones en que se considera propicio ayunar.

Vayamos a la raíz del término: עני (“aní”), o sea “pobre”, “miserable”. En un sentido elemental la relación es obvia: ayuna, es decir, no come aquel que es pobre. A partir de este sentido literal, se pueden hacer todas las metaforizaciones del término que se deseen. Ahora bien, lo interesante son los verbos, es decir, las acciones que se originan a partir de esta raíz. Uno de ellos, el más simple, es לענות (“laanot”), o sea “responder”. Siguiendo una lógica de razonamiento sencillo, la relación es sumamente llamativa y convocante: la pobreza origina, y hasta podríamos decir que exige, una respuesta. Del mismo modo, llama poderosamente la atención el otro verbo que procede de aquella raíz (“pobre”) y que se escribe idénticamente al verbo que significa “responder”; cambia su pronunciación a “leanot” y se convierte en “torturar”. Ante la pobreza se puede actuar con una respuesta o con una tortura.

Seguimos desglosando palabras a partir de esa raíz y nos encontramos con otro verbo, esta vez reflexivo, que es להתענות (“lehitanot”). El mismo recibe dos acepciones: sufrir y, en el registro literario de la Biblia y el Talmud, ayunar. Los dos significados convergen en el mismo verbo, como si se tratara de una especie de sinonimia, y originan el acto: “taanit”, ayuno. Si atendemos a su morfología y a su semejanza fonética, “ayunar” pasa a significar en el hebreo el acto de reflexionar sobre las respuestas que damos ante la problemática de la pobreza. Y recordemos que ayunar equivale a sufrir: para poder reflexionar profundamente sobre la cuestión y ser capaces de ofrecer una respuesta positiva y proactiva ante la pobreza, es necesario al menos empatizar con el más necesitado, con el más desfavorecido, para poder llegar a comprender un mínimo de su situación y no correr el peligro de cometer el otro acto, el que se escribe igual y se pronuncia diferente: torturar.

Todas estas relaciones parecerían confirmarse en el contundente y frenético alegato que hace Isaías ante la práctica de un ayuno ritual, mecánico y sin sentido, cuando arremete contra su pueblo y declara:

“¿Por qué ayunamos y Tú no lo ves? ¿Por qué afligimos nuestro ser si Tú te desentiendes? Empero en vuestro día de ayuno buscáis vuestros negocios y oprimís a todos vuestros deudores. He aquí que ayunáis entre discordia y pleitos, para golpear con vuestro puño de violencia.

No ayunéis más así en este día, para dejar oír vuestra voz en las alturas.

¿Es este el ayuno que habrá de agradarme? ¿Cuándo el hombre aflige su ser? Doblegar cual junco la cabeza, y tender sacos y cenizas como lecho, ¿a eso llamas ayuno y día grato para Adonai?

Este es el ayuno que habrá de agradarme: desatar las ligaduras de la iniquidad, desligar los haces de la opresión, liberar a los oprimidos y romper todo yugo. Compartir tu pan con el hambriento, albergar a los pobres y errantes en tu casa, cuando vieres un desnudo habrás de cubrirlo y de tu carne no te ocultes.

Entonces irrumpirá tu luz como la aurora, y tu prosperidad pronto surgirá, tu rectitud te acompañará por tu sena y la gloria de Adonai te acogerá. Entonces clamarás y Adonai te responderá, lo invocarás y te dirá: “Heme aquí”. Cuando apartes de ti la opresión, el gesto acusador y las palabras maliciosas. Cuando concedas al hambriento tu generosa comprensión, y sacies el hambre del indigente, entonces resplandecerá tu luz a través de la oscuridad y tus tinieblas fulgurarán cual luz del mediodía.

Y te conducirá Adonai por siempre, y saciará tu alma aún en años de sequía y dará vigor a tus huesos. Y te asemejarás a huerto regado, y a manantial de agua, cuyas aguas no se agotan jamás. Y serán reconstruidas por ti antiguas ruinas, los cimientos de generaciones pasadas restaurarás, y serás llamado: reparador de brechas, y restaurador de sendas para morada”. (Isaías 58: 3-12)

El anhelo con que se suele saludar tradicionalmente al llegar Iom Kipur y concluir los primeros diez días del año, los que se dieron en llamar los “Diez Días de Arrepentimiento (o Instrospección)” (Aseret Iemei Teshuvá), es “que seas rubricado definitivamente y para bien (en el Libro de la Vida)” (Gmar jatimá tová be-séfer jaim). Tal vez para asegurarnos todos esa rúbrica sea necesario ayunar, es decir, pensar en cómo respondemos ante la miseria.

Gmar Jatimá Tová!

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