Está vivo.

      No hay comentarios en Está vivo.

Anna Donner ©®

6 y 30 de la mañana. Suena la alarma de mi celular. De inmediato dejo la cama calentita y me lanzo a una ducha caliente. Siempre fui de bañarme a la mañana, eso me despabila, me saca el frío y quedo fresca como una lechuga. Es redundante decir que esta es una de las mañanas más frías de este invierno del sur, cuando salgo de mi dormitorio de inmediato un aire helado me atraviesa, un aire helado porque el edificio es el único en la cuadra, por lo que las medianeras están descubiertas. Me preparo dos tostadas y un vaso de leche chocolatada, como todas las mañanas. Ya son las 7. 7 y 10 lavo el plato, el vaso y el cuchillo para untar las tostadas con queso, el agua sale helada. 7 y 15. Me lavo los dientes. 7 y 20. Me pongo el saco, el gorro, y la bufanda. 7 y 30. Bajo al garaje y me subo al auto. Todavía es de noche, aunque se avizora un día con sol. Manejo con beneplácito, son las vacaciones de julio y eso se nota en el tránsito, no está plagado de filas de coches con púberes conducidos por sus histéricos progenitores al liceo, tan grandecitos, me acuerdo que a los nueve ya iba yo sola a la escuela en ómnibus, ni que hablar que jamás me dejé llevar al liceo, incluso los días de lluvia. A nadie lo llevaban al liceo. A la escuela, sí, pero al liceo, no. Pero esta generación de padres “modernos” tiene a sus capullos en nubes rosadas de algodón, ¿cómo es posible que un imberbe que está en la secundaria avanzada sea tan haragán que pá y má lo deban de llevar? “Es que con la inseguridad que hay” me dicen cuando les pregunto por qué los siguen llevando, tan grandotes, tan inútiles que no saben desplazarse en la ciudad de Montevideo, no saben ir de Pocitos hasta 18 de julio y Río Negro, no tienen la más pálida idea de qué ómnibus tomar, ni les pidas que vayan solos a Millán y Coronel Raíz, ponele. Estos jóvenes de hoy no conocen su ciudad, nadie les ha enseñado los puntos cardinales, no saben qué es una brújula, no saben leer mapas, ellos abren google maps y el teléfono inteligente les dice qué ómnibus tomar desde-hasta. ¿Cómo pueden aprender a orientarse así? Por eso es que el tránsito de esta ciudad, que sólo tiene un millón de habitantes, es un caos. Por los padres pelotudos de los púberes que ya están en edad de merecer, pero que má y pá llevan al liceo. 7 y 40. Estaciono y me lanzo a la calle. El frío me atraviesa el tapado, el gorro y la bufanda. Sin embargo, cuando llego a Soriano y Minas, ahí está el hombre durmiendo en la esquina. Lo reconozco por su frazada, por el color. A pesar del baño químico él se hizo un lugarcito, y está. Está. Supongo que durmiendo. ¿Cómo una mera frazada lo puede abrigar en esta mañana helada? ¿Cómo hace para poder dormir un día como hoy? Estoy contenta porque pensé que había perecido, pero aquí está. 7: 45. Marco la tarjeta contenta. Es que creía que el hombre que dormía en Soriano y Minas había muerto y está vivo. Pero, ¿cómo puedo estar contenta si lo acabo de ver durmiendo esta mañana de tan sólo 3 grados? Pienso en los púberes llevados al liceo por los pelotudos de sus padres, en lo inútiles que son, en lo “manteca” que son. Pienso en el hombre que duerme en Soriano y Minas. Hay que ser fuerte para dormir en la calle con tres grados. Y después me quieren cambiar las ideologías. ¿Cómo puedo no querer aspirar a una equitativa distribución de la riqueza? Me parece muy injusto que a un imberbe pá y má lo lleven al liceo y que el hombre que duerme en Minas y Soriano no tenga techo. Me importa muy poco lo que me dicen acerca de mis ideas políticas. La injusticia está. No faltará algún imbécil que me diga que el hombre que duerme en Soriano y Minas es un vago y que “nosotros” le pagamos… ¿qué le estaríamos pagando? No tiene casa. No tiene nada. “Porque es un vago”. Odio a los pensadores binarios que se creen que todos los pobres son vagos y se lo buscaron. Odio esas mentes siniestras, que sólo piensan en sí mismos. Odio ese pensamiento de “me sacan a mi”. ¿Te sacan a vos para un merendero infantil para chicos carenciados y te parece mal? Desgraciado infeliz. Entonces se viene la retahíla de estupideces de la política, que ¡nada tiene que ver con un merendero infantil para chicos que no tienen lo qué comer! ¿Qué sabrás tú, cuál es la historia del hombre que duerme en Minas y Soriano? ¿Si no sabes tan siquiera su nombre? ¿Quién te ha dado las potestades para decretar que él es un vago? Odio a la gente egoísta. Odio a la gente poco solidaria. El hombre que duerme en Soriano y Minas está vivo. Y yo estoy contenta. No sé quién es pero creí que estaba muerto. Pero está vivo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.