LA VERDADERA IZQUIERDA ISRAELÍ

LA VERDADERA IZQUIERDA ISRAELÍ

Alberto Mazor

¿Existió una izquierda? Existió. Entre el verano de 1967 y el verano de 2000 Israel tuvo una izquierda sionista valiente. Se consolidó el séptimo día de la Guerra de los Seis Días, cuando un núcleo pequeño y visionario entendió el significado moral y político de la ocupación de territorios y la opresión de otro pueblo.

En esos días en que el público israelí se empapaba de la euforia del triunfo, un grupo reducido y vanguardista, presintió que dentro de esa victoria se escondía una tragedia.

A pesar de ser censurada, la izquierda sionista no se amedrentó. Previó la Guerra de Yom Kipur, advirtió sobre las consecuencias de los asentamientos en los territorios ocupados y trató de detener con su cuerpo la peligrosa marcha de las agrupaciones de centro-derecha.

Lentamente la realidad demostró que estaba en lo cierto. El núcleo fue creciendo. En 1992, su partido Meretz consiguió 12 bancas en el Parlamento. En 1993, en Oslo, el gobierno de Rabín adoptó su política. De un grupo bohemio y fogoso pero efímero, la izquierda sionista se convirtió en un movimiento central que determinaba la agenda nacional.

Los años ’90 fueron problemáticos. Justamente cuando la plataforma de la izquierda se materializó, Rabin fue asesinado y se vislumbró que existe una diferencia significativa entre su sistema de creencias y la realidad.

Contrariamente a lo que se había asegurado, Arafat no era Nelson Mandela. En contraposición a lo añorado, la forma de conducta del movimiento nacional palestino no fue el patrón de comportamiento de Mahatma Gandi. A pesar de todo, la valerosa izquierda encaró firme: no permitió que los hechos la confundieran.

Con obsecuencia envidiable se negó a examinar entre su ecuanimidad sobre el tema de la ocupación y sus posibles evaluaciones erróneas respecto a la paz. Continuó suponiendo y asegurando que la conquista carecía de aspiración y que la paz era inevitable.

La verdad golpeó en el verano del 2000: Ehud Barak propuso establecer un Estado palestino y dividir Jerusalén; los palestinos rechazaron la oferta. La realidad volvió a castigar en diciembre del 2000: Bill Clinton ofreció a los palestinos una propuesta de paz imposible de rechazar; ellos se negaron.

El tercer golpe llegó en enero del 2001: Yossi Beilin puso sobre la mesa en Taba una propuesta extrema; los palestinos dijeron no. El cuarto fue en septiembre del 2008: Ehud Olmert ofreció casi todo; los palestinos desaparecieron.

En ocho años, cuatro intentos diferentes para finalizar la conquista y obtener la paz, resultaron en vano. Cuatro intentos decisivos que pusieron sobre el tapete la manera en que la izquierda captaba la realidad, fracasaron.

Comisiones de investigación que analizaron dichos fracasos de Meretz en distintas elecciones, argumentaron una serie de factores: La culpa la tienen los ortodoxos, los sefaradíes tradicionalistas, los rusos, la campaña electoral en los medios, la plataforma, el producto a vender, la derechización de la sociedad israelí y la falta de un líder con carisma.

Se equivocaron. El culpable del fracaso de Meretz es su falta de honradez intelectual. La derecha puede fallar; también los partidos de centro pueden fracasar. Pero una izquierda sin veracidad interna sólida es una izquierda sin esperanza.

Dado que la izquierda no se confrontó en la última década con los golpes de la realidad, quedó sin una verdad interna indisoluble y auténtica. La izquierda no realizó una verdadera autocrítica, no confesó su error histórico, no sacó conclusiones valientes.

Contrariamente a la valentía que demostró en los años ’70, en el 2019 dio muestras de cobardía. La incapacidad de la izquierda de reconocer que condujo a Israel a un callejón sin salida, ocasionó que ella misma se diera de narices contra la pared.

Las propuestas que ofrece el actual liderazgo de Meretz para mejorar su situación son ridículas: seguir siendo un partido de boutique, tal vez unirse a Avodá o a la facción comunista Jadash. Un partido político sionista de izquierda serio que duda entre anexarse a Avodá o a Jadash, perdió su rumbo. No le cabe el derecho a existir.

Pero la izquierda sionista tiene derecho a subsistir.

La izquierda tiene que conducir al fin de la conquista en los territorios asegurando la existencia de Israel como Estado judío, democrático e ilustrado. Para llegar a ello, debe retornar a ser sionista y realista; debe proponer una forma factible de salir de los territorios sin poner en peligro la existencia nacional; debe representar el israelismo y no denigrarlo; debe proponer actitudes constructivas y no antagónicas.

Si se atreve a llevarlo a cabo, podría decirse que la izquierda no “fue”, sino “será”.

Con Meretz – o sin él – la izquierda sionista debe recrearse nuevamente.

 

 

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