Amia, bodas de plata de la impunidad.

Anna Donner©®

Un atentado terrorista voló la AMIA el 18 de julio de 1994.

Esa bomba en el Once, que apuntó directamente a asesinar a judíos y no a israelíes, mató a argentinos de todo tipo y factor. Dos años antes, en marzo de 1992, el terrorismo islámico había intentado arrastrar a la Argentina al escenario mundial, pero había elegido un objetivo político preciso: la embajada de Israel en Buenos Aires.

“Ese día, el 18 de julio de 1994 yo podría haber muerto en la explosión. Pero no. En ese entonces me ganaba la vida como cobrador de una gestorí, que trabajaba para una multinacional. La hoja de ruta de las cobranzas empezaba por Lanús y como la oficina estaba ubicada en Córdoba entre Larrea y Azcuénaga, la lógica me indicaba siempre usar el subte Línea D, cuya estación más cercana está en Córdoba y Junín. Sin embargo, con vicios de cadete, o tenía mis trucos para tardar más y aprovechar el día para mis egoísmos y me había acostumbrado a tomar la Línea B en la estación Pasteur. El recorrido a pie hasta la estación era Córdoba hasta Pasteur, y luego Pasteur hasta Corrientes. Mil mañanas pasé por la puerta de la AMIA sin siquiera percibirla ya que nunca me había parecido interesante ni su labor ni su cúpula de inoperantes  que hacían lobbies menores y rascaban viajes gratuitos a Israel.
Ese lunes volví a optar por la Línea D. Ni idea por qué. Con el walkman al taco, escuchando cassette –la radio no se escucha en el subte– hice combinación a Constitución y luego el tren a Lanús.  El próximo cliente estaba en el centro pero abría más tarde. Fui a Lanús, cobré, y me dirigía al centro, cuando me enchufé el walkman de nuevo, pero esta vez con la radio. Ahí escucho lo de la AMIA. Llamo inmediatamente a la oficina. Me dicen que llamó mi vieja, que está desesperada. La llamo, llora. La calmo, llora. Subo al tren. Bajo en Constitución. Subo al subte. Bajo en Callao. Subo por Córdoba. Es un hervor en pleno invierno. El Hospital de Clínicas es un hormiguero. Doy la vuelta por la plaza Bernardo Houssay. Cruzo Córdoba por Azcuénaga. Llego a la oficina. Un hijo de mil putas ya se había afanado un casco de Defensa Civil y se lo ponía en la cabeza payaseando. Les digo que voy a ver si puedo ayudar. Me dicen que no puedo hacer nada, que ya fueron a ver. Les digo que me voy igual, que soy judío. Bajo, tomo Azcuénaga. Paso San Luis. Doblo en Viamonte. Llego a la esquina de Pasteur. Hay policía que no deja entrar. Veo la montaña de escombros y polvo, polvo y polvo. Sorteo la línea policial –nada difícil, por cierto– y me mando. No veo ningún cadáver pero veo a unos pibes conocidos. Todos corren sin saber que hacer y eso que ya pasó como una hora y media del atentado. Cuando me doy cuenta de que estoy corriendo sin saber que hacer, vuelvo a la oficina. Empiezo a caer pero no me doy cuenta más que del hecho físico. Respiro y recuerdo que es la segunda vez en el año que podría haber muerto al margen de las que uno no se entera.” Testimonio.

AMIA
Historia

La fundación de la Asociación Mutual Israelita Argentina, AMIA, se remonta a 1894. Sus primeras actividades estuvieron destinadas a generar las condiciones necesarias para dar cumplimiento a la Halajá (Ley judía) y a la tradición judía, siendo una de sus primeras acciones la fundación de un cementerio comunitario. En poco tiempo, las actividades crecieron, se multiplicaron y diversificaron, acompañando la llegada de los sucesivos contingentes migratorios.

A partir de la década del ´20 la población judía del país creció integrándose a la sociedad, profesionalizándose y prosperando; entonces se convirtió en el espacio de articulación y participación de todos los judíos de la Argentina. La pujanza del crecimiento quedó reflejada en el plano del edificio que se inauguró en 1945.

En 1994, para conmemorar el centenario de su creación, AMIA organizó una serie de festejos que fueron interrumpidos el 18 de julio. Manos asesinas colocaron una bomba en la sede emblemática de la Comunidad Judía Argentina. La memoria de las 85 personas muertas y los cientos de heridos, y de sobrevivientes de la matanza masiva siguen presentes.

La bomba obligó a concebir un nuevo tiempo. Sobre los escombros se instaló la fuerza creadora de una comunidad dispuesta a preservar el legado de una rica tradición cultural y honrar la memoria de las víctimas del odio irracional.

En 1999, en Pasteur 633, se inauguró la nueva sede de AMIA. Al recorrerla, volvemos a encontrar a las instituciones que habitaban el edificio anterior y a otras que se incorporaron recientemente para seguir construyendo la historia, juntos.

Porque tenemos memoria, exigimos Justicia.
Una fuerte explosión, seguida por un gigantesco hongo de humo y polvo, destruyó 85 vidas, 85 historias, 85 familias.  En cuestión de segundos arrasó con la sede de la organización judía más emblemática de la Argentina y todo lo que estaba a su alrededor. Pánico. Ambulancias. Gente corriendo. Vidrios rotos cayendo de las ventanas de los edificios, cubriendo toda la calle. Gritos que surgían de la multitud mezclaban historias milagrosas y trágicas casualidades del destino.
Muerte por decenas. Muerte. Muerte. Personas gravemente heridas trasladadas a centros asistenciales. Espontáneamente cientos de voluntarios se hacen presentes para ayudar, para contener, para compartir el llanto. El mundo hizo escuchar su ira. El gobierno argentino un silencio que dura hasta el día de hoy. La sociedad toda salió a la calle a decir basta. La comunidad debía reorganizarse. El edificio de la calle Ayacucho 632 comenzó a funcionar como centro de reunión e información sobre las víctimas del atentado y sede de AMIA y DAIA. En poco tiempo las funciones esenciales se reanudaron, en especial las relacionadas con el servicio social. La comunidad, en medio de tanto dolor, respondía. 85 víctimas fatales. Más de 300 heridos. Un edificio con la historia judía de la Argentina destruido. Una herida abierta que hasta el día de hoy no cierra. El más horrendo acto antijudío después de la Segunda Guerra Mundial sucedió en la Argentina; en Pasteur 633. Era un 18 de Julio de 1994. 9:53 hs.

Vehigadeta Lebinjá…” “Y relatarás a tus hijos… a tus semejantes”.
…Ubajarta Bajaím…” “…Y elegirás la vida…”

Nomina de Fallecidos
Apellido  y Nombre

Alguea De Rodríguez, Silvana
Antúnez, Jorge
Arazi, Moisés Gabriel
Avedaño Bobadilla, Carlos
Averbuch, Yanina
Band, Naum
Barreiro, Sebastián
Barriga, David
Basiglio, Hugo Norberto
Behar  De Jurín,Rebeca Violeta
Belgorosky, Dora
Bermúdez, Favio Enrique
Boland, Romina Ambar Luján
Brikman, Emiliano Gaston
Buttini, Gabriel
Casabé, Viviana Adela
Czyzewski, Paola Sara
Chemauel, Jacobo
Degtiar, Cristian Adrián
De Pirro, Diego
Díaz, Ramón Nolberto
Dubin, Norberto Ariel
Dyjament, Faiwel
Feldman De Goldfeder, Monica
Fernández, Alberto
Figueroa, Martín
Finkelchtein, Ingrid
Gutman De Finkelchtein, Leonor
Furman, Fabián Marcelo
Galarraga, Guillermo Benigno
García Tenorio, Erwin
Ginsberg, José Enrique (Kuky)
Goldenberg, Cynthia Verónica
Guterman, Andrea Judith
Hersalis, Silvia Leonor
Hilú, Carlos
Jakubiec De Lewczuk, Emilia
Jaworski, María Luisa
Josch, Analía Verónica
Josch, Carla Andrea
Kastika, Elena Sofía
Klin, Esther
Knorpel, León Gregorio
Kozuk De Losz, Berta
Kupchik, Luis Fernando
Lew, Agustín Diego
Lourdes, Jesús María
Malamud,Andrés Gustavo
Melman, Gregorio (Héshele)
Mercovich, Ileana
Mirochnik, Naón Bernardo (Buby)
Nudel, Mónica
Palti, Elías Alberto
Parsons, Germán
Perelmuter, Rosa
Pérez, Fernando Roberto
Plaksin, Abraham Jaime
Portnoy, Silvia Inés
Ramírez, Olegario
Reisfeld, Noemí Graciela
Roisman, Félix Roberto
Said, Marisa Raquel
Said, Ricardo
Salazar Mendoza, Rimar
Schalit, Fabián
Schalit, Pablo
Schiber, Mauricio
Serena, Néstor Américo
Strier, Mirta
Szwimer, Liliana Edith
Tenenbaum, Naum Javier
Terranova, Juan Carlos
Berelejis De Toer, Emilia Graciela
Toer, Mariela
Treibman, Marta
Ubfal, Angel Claudio
Vela Ramos, Eugenio
Vela Ramos, Juan
Velázquez, Gustavo Daniel
Núñez De Velázquez, Isabel Victoria
Villaverde, Danilo
Wolinski De Kreiman, Julia Susana
Worona, Rita
Zárate Loayza, Adhemar

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