Este invierno gris.

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Anna Donner©®

Este invierno está obsesionado con ser gris, no deja pasar al celeste, los días son gélidos y el gris es tan gris como la sensación de austeridad de la época soviética; gris en el asfalto, gris en las paredes, gris en la mansedumbre y la resignación, la alegría censurada en su ausencia, invadida por la escasez con su imponente presencia,  camino por la ciudad gris habitada por estatuas de hielo que alguna vez tuvieron vida pero que el frío congeló, como el hombre que duerme en la esquina de Soriano y Minas, ayer y hoy lo vi envuelto en su frazada, quizá a esta hora esté congelado por hipotermia. Es curioso las mil y una formas del congelarse, desde la naturaleza pura y cruda hasta un corazón que se ha vuelto hielo, una cara que se da vuelta cuando pasas, una ausencia que pincha dibujando surcos en la piel que deja de ser lozana para arrugarse como una pasa de uva. Las ausencias que caminan por la ciudad son peores que las que habitan el cielo. Los leños de la fogata callejera han derretido el glaciar, Walt Disney de pronto se mueve, no es un espejismo, la estatua se descongeló con la fugaz lumbre, al fin y al cabo es cierto que cuando vemos las estrellas ya no existen. El gris invernal ha matado la utopía, al hombre nuevo que hoy está tan resignado como el soviético, qué nos hicieron, quién tuvo la culpa, el sistema, los excesos, ya nada importa, sólo la alegría que se siente de que estés vivo en la helada proa, y lo más maravilloso es que me sonríes.

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