Donde están, ni olvido ni perdón.

Anna Donner ©®

En el clamor de la noche continúa la eterna espera, tan eterna como el silencio connivente, las ramas de los plátanos se mecen en la oscuridad más negra que la impunidad otorga como respuesta…

La memoria es la unión de los tiempos. 
En la memoria están los recuerdos de otros tiempos. 
Si no tuviéramos memoria  no recordaríamos qué hicimos hace una hora, el presente en sí mismo tiene una duración con límite tendiendo a cero, el pasado y el futuro tienen una duración con límites tendiendo a infinito. 
Es a través de la memoria que construimos el camino de la vida, es a través de la memoria que se establece la unión del pasado, presente y futuro. 
Sin memoria, no hay tiempo… o quizá, sin tiempo no tendría sentido la memoria.
Viví una infancia plagada de agujeros negros. De cadenas nacionales poco antes de las 20 horas, y tuve una madre que hizo el milagro de “decirme sin decir”‘, así con Serú Girán nos dice en su tema “Canción de Alicia en el País”:

Y es que aquí sabes
el trabalenguas trabalenguas,
el asesino te asesina,
y es mucho para ti.
Se acabó ese juego que te hacía feliz…
No cuentes lo que viste en los jardines,
el sueño acabó;
ya no hay morsas
ni tortugas.

Algo muy malo sucedía: las palabras estaban prohibidas, los varones en el colegio eran controlados diariamente por su cabello: si les tocaba el cuello de la camisa los amenazaban con no permitirles la entrada al día siguiente.
Ni siquiera nos dejaban gritar en paz ese versi del himno nacional, “Tiraaaaaanostemblad”, en el que enfatizando les estábamos diciendo que se fueran, que sabíamos de luciferes en el reino del espanto: algo más allá del averno se expandía como virus letal.
Cuando cumplí catorce años de edad lo supe, ante la proximidad del plebiscito de 1980. Vi con mis propios ojos gente molida a palos por el balcón de mi casa en el acto del cine Cordón.
Cumplí los 18 y dos meses después, tras una larga noche de once años, voté, junto a todos los ciudadanos.
Por eso, cuando en el año 1986 se aprobó la Ley de Caducidad, ( ley 15.848 de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado), sentí náuseas: tenía 20 años. Discutí con muchos que subestimaban mi inteligencia diciéndome: “Los sediciosos quedarán libres así que los militares también, respondiendo que los sediciosos ya habían pagado con creces, si es que no estaban  muertos.
Con la gente de la ASCEEP-FEU comenzamos a juntar firmas para someter a plebiscito la infame ley. Y llegamos a juntar el número de firmas suficiente para someter a plebiscito la ley. Pero la gente votó por la impunidad. No lo sabía entonces, pero no sólo el presidente de entonces era cómplice. Todos lo eran.
Han pasado 30 años desde el plebiscito. Todos los gobiernos que tuvimos fueron (y son) Cómplices.
No subestimen la inteligencia popular, señores de las sillas de terciopelo bordeau.
Porque uno sabe de qué lado estar.
El Pueblo lo sabe.
Yo lo sé.
Quien calla es cómplice. Porque en este país todos los de mi generación son hijos de la dictadura, claro que muchos eligen mirar para otro lado y hacer de cuenta que nada pasó. Otros dicen que hay que dar vuelta la página.
Pero resulta que ¡no, Señores!
Hay páginas clavadas con estacas de plomo en el infierno que no se mueven. Hacer de cuenta que sí, es… ser cómplice… También.
DONDE ESTÁN
NI OLVIDO NI PERDÓN.
Anna Donner Rybak.

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