La conversión de Simone Weil. Por Guillermo Delahanty.

La conversión de Simone Weil.

Guillermo Delahanty.

“Escribir la historia es darle su fisonomía a las fechas”.

Walter Benjamin.

Datos biográficos.

El 3 de febrero de 1909 nació Simone Adolphine. De familia judía que habita en Boulevard Strasbourg 19 de París. Los ocupantes del hogar son sus padres Bernard Weil y Selma Reinhertz, y su hermano André, tres años mayor que ella. El apellido materno procede de Galitzia cuyos los orígenes provienen desde Rostov sobre el Don, Rusia. La familia de parte del padre procede de Alsacia. En rigor, Weil es un apellido judío alsaciano que surgió de Levi transformado en Weil durante la  época de Napoleón. Deletreaban el apellido weill hasta 1918.[1]

De niña le fascinaron los cuentos infantiles, por ejemplo cita: “Una vida como dicen los cuentos de Grimm, blanca como la nieve y roja como la sangre.” Obvio se refiere a Blanca Nieves.

Simone estudió filosofía en la École Normale Supérieure  de 1928 a 1931. Uno de sus maestros fue el filósofo Léon Brunschwicg, experto en Spinoza. Sobretodo, recibe la influencia del filósofo Alain. Una de sus condiscípulas fue Simone de Beauvoir que comenta: “Un día logré acercarme a ella. Ya no sé cómo se inició la conversación; declaró en tono cortante que una sola cosa contaba hoy sobre la tierra: la revolución que daría de comer a todo el mundo. Respondí de manera no menos perentoria, que el problema no era hacer la felicidad de los hombres, sino encontrar un sentido a su existencia. Me miró de hito en hito: ‘se ve que usted nunca ha tenido hambre’, dijo. Nuestras relaciones se detuvieron ahí.”[2] Dos ideologías en germen, la existencial y la social confrontadas en una breve conexión.

Con su diploma de agregación, o sea, como maestra, trabaja enseñando filosofía en varios liceos para señoritas, con algunas interrupciones, desde 1931 a 1937.[3]

Política- Económica.

Como profesora dejaba su salario sobre el mostrador del café frecuentado por los huelguistas para que tomaran lo que necesitaban: según su sobrina Sylvie Weil es la práctica de la tsedaká (caridad como forma de justicia).[4] Su interés por los problemas sociales, al principio de los años treinta, la empuja a participar en manifestaciones de obreros, mineros. Sobre su acción política concreta en el sindicalismo, Herbert Lottman relata que “organizaba también a los sindicalistas de izquierdas de Revolution prolétarienne. Pocos de sus correligionarios llevarían tan lejos el compromiso social como ella.”[5]

Comienza a trabajar como obrera en varias empresas. Inicia desde el martes 4 de diciembre de 1934 a 1935. Primero en la Sociedad General de Construcciones Eléctricas y Mecánicas en Alsthon. En seguida en otra empresa; y, finalmente, unos meses, desde el 6 de febrero de 1936, laboró en la Renault. Sus labores fueron de tornera, empaquetadora, fresadora. En el trabajo vivencia como propio el sufrimiento de los obreros. Para Camus, quien la admiró bastante, escribe: “Hay que leer los textos de Simone Weil sobre la situación del obrero de fábrica para saber a qué grado de agotamiento moral y de desesperación silenciosa puede llevar la racionalización del trabajo.”[6] De hecho, Simone escribió un diario sobre su experiencia como obrera que ulteriormente se editó como libro.[7] El comentario de Hannah Arendt sobre el texto es revelador porque considera que, “es el único libro de la enorme literatura sobre la cuestión laboral que trata el problema sin prejuicio ni sentimentalismo.”[8]

En el mes de agosto de 1936 se enrola como “periodista” en la guerra civil de España. Sufre de una quemadura con aceite hirviendo al meter el píe en un sartén con aceite hirviendo y es enviada a Francia. Le escribió a su amigo el escritor Georges Bernanos (1888-1948) conocido por su libro Diario de un cura rural (1936) que a través de una publicación suya sobre la lucha en Barcelona reconoció en si misma “el olor a guerra civil, a sangre y terror.”[9].

Durante su participación política lee a Marx. Argumenta que sus seguidores han vaciado su contenido de verdad. Admiró el amor estoico en la vida de Rosa Luxemburg. Por otra parte,  conoció personalmente a Trotsky el 31 de diciembre de 1931. Considera que él “ha sido el único que ha sabido guardar intacto su valor, su esperanza y esa lucidez heroica que es su marca distintiva.”[10] Sin embargo, llegó a despreciar la retórica marxista. Con todo, es plausible considerar su ideología como anarquista. Aunque en su anarquismo influía su visión cristiana.

Religión.

Simone se enteró que era judía a los once años de edad.[11] Su proceso de socialización religiosa estuvo bajo la egida del agnosticismo; “en toda mi vida jamás, en ningún  momento, he buscado a Dios.”[12] Ni sus padres, ni su hermano transmitieron el judaísmo como religión. Eran judíos laicos. Hoy en día se denomina judaísmo secular. Sobre el Pueblo del Libro una de sus expresiones consiste en que: “Los judíos –un puñado de desarraigados- han causado el desarraigo en todo el globo terrestre. Su papel en el cristianismo ha hecho de la cristiandad algo desarraigado en relación a su propio pasado.”[13]

Conversión. Simone se convirtió al catolicismo. Tuvo tres contactos con el mundo católico: el primero durante su estancia vacacional, después de la fábrica, antes del liceo, posiblemente en 1935, en una aldea de Portugal, donde presenció una manifestación religiosa en homenaje a la santa patrona del pueblo de pescadores, allí escuchó el lamento de los cantos de las mujeres expresadas con un tono profundamente triste y desgarrador. Pensó que el cristianismo es una religión de esclavos.

El segundo contacto cuando estuvo en Italia, en 1937, visitó la capilla romántica del siglo XII de Santa Maria Degli Angelí donde en su tiempo, oraba san Francisco de Asís; el santo fue su admiración pasional. Allí impulsada por una fuerza superior de arrodilló.

El tercero, en el año de 1938, en la iglesia de los dominicos en Solesmes, durante diez días desde el domingo de Ramos al martes de Pascua, en este lapso presenció todos los oficios. El canto gregoriano representó la pasión de Cristo. Fue un instrumento de revelación para ella, ¡una iluminación! Aquí sufrió “dolores de cabeza intensos, cada sonido me dolía como un golpe, y un extremo esfuerzo de atención me permitía salir de esta carne miserable, dejarla sufrir sola, abandonada en su rincón, y encontrar una alegría pura y perfecta en la belleza indecible del canto y las palabras… Por supuesto la Pasión de Cristo descendió y se apoderó de mí.”[14]

En Marsella, en junio de 1941, fue presentada por Hélène Honnorat, profesora de historia al dominico J.-M. Perrin, O.P. (1905-2002)[15]; ella había llegado al puerto por las medidas administrativas contra los judíos en Francia. El convento era una protección y abrigo para los perseguidos judíos. Se reunían en la cripta del convento con unos amigos para comprender las lecturas. Sus conversaciones fueron sobre el bautismo y permanentemente, debatía con un método preciso.

El fraile de la Orden de los Predicadores le escribió a su amigo el filósofo y agricultor Gustave Thibon (1903-2001) en el mismo mes en que se encontraron, o sea, en junio de 1941, para que trabaje en su granja agrícola en Saint-Marcel-d’Ardèche: “Conozco aquí a una joven israelita, agregé de filosofía y militante de la extrema izquierda, que, excluida de la universidad por las nuevas leyes, desearía trabajar un tiempo en el campo como criada en alguna granja. Creo que esa experiencia tendría que ser controlada, y me gustaría que usted pudiera recibir a esa joven en su casa.”[16]

Entonces permanece en la villa varios meses. Trabaja con proletarios agrícolas en la granja hasta otoño. “Una semana después comencé la vendimia. Todos los días antes de empezar el trabajo recitaba el Pater (Padre Nuestro) en griego, y lo repetía a menudo en la viña.”[17] Su entrega al trabajo fue exhaustiva, con fatiga extrema, vive en la orilla del Ródano, habitando en una casa semiderruida porque le parecía excesivamente cómoda la casa del matrimonio Thibon y, además no quería molestarles.

Al inicio de mayo de 1942 se despidió de él y le entregó sus papeles escritos en una cartera para que los leyera y cuidase durante su exilio. Ella le envío cartas desde Marruecos y Nueva York. El filósofo lo publicó con el título de La gravedad y la gracia.

En relación con su correspondencia con el fraile Perrin, es preciso relatar de manera sucinta el contenido en aras de la brevedad. Fueron enviadas principalmente de diferentes partes, desde el lugar de trabajo en la vendimia, y Casablanca, Marruecos:

  • En enero de 1942, escribe la primera carta, supongo que desde la aldea, que el fraile la titula como vacilaciones ante el bautismo.
  • Pocos días después envía una postdata de la primera carta que el destinatario recibe. Es importante mencionar que al dominico lo nombraron superior en el convento de Montpellier en marzo de 1942.
  • La tercera del 16 de abril de 1942, le anuncia su partida: “Salvo que ocurra algo imprevisto, nos veremos dentro de ocho días por última vez. Debo partir a fin de mes.”[18]

Las cartas siguientes, también subtituladas por su lector, son de despedida:

  • La cuarta carta [autobiografía espiritual]. Fechada alrededor del 15 de mayo de 1942 desde Marsella.
  • La quinta [vocación intelectual], desde Casablanca, Marruecos, es enviada a través de una amiga de confianza escrita en las instalaciones que alberga a los viajeros.
  • La sexta [últimos pensamientos] con fecha del 26 de mayo de 1942.

En general las reflexiones que transcribimos proceden de la cuarta carta, salvo excepciones.

Simone pese a su conversión no le vino el pensamiento de bautizarse: “sentía que honestamente no podía abandonar mis sentimientos respecto de las religiones no-cristianas y a Israel –y en efecto, el tiempo y la meditación no han hecho más que reforzarlos- y creía que este obstáculo era absoluto.”[19] Me parece que la fuerza contundente para evadir el bautizo es cuando señala la sanción del anatema, de la exclusión por la Iglesia a los agnósticos e infieles. “Esto también me impide franquear el umbral de la iglesia. Permanezco al lado de todas las cosas que no pueden entrar en la Iglesia.”[20] Esta convencida de que “en el umbral de la iglesia Dios no me quiere en la Iglesia. No tenga pues ningún pesar. No lo quiere hasta ahora por lo menos. Pero si no me equivoco me parece que su voluntad es que permanezca afuera también en el futuro, salvo quizá en el momento de la muerte.”[21]

De la sexta carta, desde Casablanca, Marruecos, sobre sus últimos pensamientos, escribe: “Pero a mis ojos el cristianismo es católico de derecho y no de hecho. Hay tantas cosas fuera de él, tantas cosas que amo y no quiero abandonar, tantas cosas que Dios ama, pues si no dejarían de existir.” Sobre este tema, Perrin le contesta: “’católico de derecho y no de fe’ dices vos. Es derecho porque es fe para todos los hombres, que Dios vendrá a conocer la verdad, sin distinción de clase, raza, cultura, porque todos son uno en Cristo.”[22]

El dominico nunca supo a dónde enviarle la misiva cuando ella partió de Marsella.

Simone embarcó con sus padres a Nueva York el 16 de mayo de 1942. Ambos perdieron el contacto cuando ella salió de Francia.

Perrin considera que en los escritos de Simone no se encuentra el fundamento para que se bautice porque este es un medio inducido por el Espíritu Santo con resonancias de sentimiento de constricción, de amor al prójimo, de apego a la verdad, y una adhesión absoluta a Cristo.

En su tiempo el catolicismo, es definido como universal, con una jerarquía eclesiástica, sus dogmas y, la exclusión de todo ser humano que no creyese en la misma. El jesuita Quiles señala los errores de la iglesia, pero está convencido de sus normas en esos tiempos. No obstante que una de las fuentes del cristianismo es la religión judía, consideraba a los judíos como infieles y paganos. “La teología católica sostiene que hay dos clases de miembros de la Iglesia: los bautizados y los ’de deseo’, esto es, los de aquellos que no han sido bautizados, pero que tienen en general el deseo de servir a Dios de la mejor manera posible… este estado espiritual se llama bautismo de deseo.”[23] Hay que subrayar que la palabra católico según Quiles, procede del griego katholicós que significa universal, perpetuo.

Perrin y Thibon expresaron sus comentarios sobre ella en un libro que publicaron juntos[24]:

El dominico cuenta que ella nunca le confío sobre su vida personal, ni de su infancia, ni de su familia, ni de sus actividades políticas o sociales. Observaba que en las misas de los domingos escrutaba el Evangelio intensamente. Confiesa que le perturbó que ella atacase a la iglesia.[25]

Para Thibon ella ignoraba el canon de la elegancia: “Una hermosa mujer mira su imagen en el espejo muy bien puede creer ser […] sus ojos admirables se oscurecían con su naufragio de la belleza.”[26] Ascetismo y enfermedad. Cuando conversaba con el filósofo, cuenta que: “No estaban de acuerdo en casi nada discutía al infinito, con voz inflexible y monótona; ¡conversaciones sin término!” [27] Consideraba que su vocabulario lo expresaba de modo místico. Sin embargo, añade que en lo cotidiano ella era irónica y bromista.

Simone también le escribió una carta en el mes de septiembre de 1942 al dominico Marie-Alain Couturier, O.P. (1897-1954). Cuyo nombre de pila era Pierre. El dominico fue defensor del judaísmo en Vichy.[28] Había viajado de Francia a Nueva York en el año de 1939 para predicar en la iglesia Saint Vincent-de-Paul.[29] Lo conoció a través del filósofo Jacques Maritain.

Ella ni siquiera le pide una respuesta rápida, sino que espera una respuesta categórica; demás está decir, que el sacerdote nunca le responde sobre sus reflexiones teológicas, ni sobre sus justificaciones del por qué ha adoptado la religión católica.[30] Vale la pena mencionar algunas reiteraciones con las cartas anteriores porque ofrecen una unidad compleja en base a sus preocupaciones existenciales y vitales.

En conexión al fundamento de su fe, nos transmite su testimonio en la carta que reza así:

“Cuando leo el Nuevo Testamento, los místicos, la liturgia, cuando veo celebrar la misa, siento con alguna forma de certeza que esa fe es la mía o, más exactamente, que sería la mía sin la distancia que entre ella y yo pone mi imperfección.”[31] Convencida de su fe escribe: “A medida que crece, los lazos que me unen a la fe católica se hacen cada vez más fuertes, están cada vez más profundamente enraizados en el corazón y en la inteligencia.[32] 

En relación al judaísmo escribió: “A los ojos de los hebreos (al menos antes del exilio, y salvo excepciones) pecado y desdicha, virtud y prosperidad son inseparables, lo que hace de Yahvé un padre terrenal, y no celestial, visible y no oculto.”[33]

Considera que su fe es más fácil si en el Evangelio no se escribiese sobre  la resurrección de Jesús. “La prueba, lo verdaderamente milagroso, es para mí la perfecta belleza de los relatos de la pasión.”[34] Aquí conecta a Isaías y a san Pablo. Dos personajes uno de la Tora el otro del Nuevo Testamento. Aunque ella cree que eso la empuja a creer, hay un significado inconsciente que une a las raíces del ethos judío con su aspiración católica. 

Realiza una síntesis magnífica sobre lo que se conoce de la vida de Jesús:

“Nació en Belén. Muy pequeño fue llevado por su familia a Egipto. Permaneció allí un tiempo indeterminado. (José volvió después de la muerte de Herodes, pero nada dice que haya sido inmediatamente después y han podido pasar años). A los doce años pasó las fiestas de Pascua en Jerusalén. Sus padres entonces estaban instalados en Jerusalén. (Es raro que Lucas no mencione la huida a Egipto). A los treinta años fue bautizado por Juan. Rigurosamente es todo.”[35]

Otro comentario importante es sobre el testimonio de Jesús: “’yo soy la verdad.’ Aquellos que hacen la verdad: una expresión que no es griega y que yo sepa, tampoco hebraica. En cambio es egipcia maat quiere decir a la vez justicia y verdad. Es significativo, por algo, sin duda, la Sagrada Familia fue a Egipto.” [36] (La  cita es del Evangelio de san Juan 18, 37-38). La conclusión de Hans Kelsen sobre el silencio de Jesús cuando Pilatos le pregunta ¿qué es la verdad? Es que “Jesús había nacido para dar testimonio de justicia.”[37]

Con todo, la visión del mundo de Simone Weil es lúcida. Fue marcada por Spinoza. Según su sobrina Sylvie su reflexión despegará de la realidad puramente para convertirse en meditación mística.[38]

Interpretación Clínica.

Ojos miopes, cabello negro, sonrisa irónica y orgullosa, aparecía con manchas de tinta en su rostro. Un magro cuidado de su cuerpo. Se ocupaba poco de sus ropas. Usaba a veces el jersey al revés. Se negaba a mirarse al espejo. No tuvo vida sexual, cuando la tocaban se retraía. Sin embargo, reconoció en Freud que el afecto es de igual naturaleza que la sexualidad. Pero,  rechazó el reduccionismo freudiano.

Su condición física fue endeble. Dormía en el suelo, en el comedor o cocina. Invadida por libros, papeles y cigarros. Siempre llevaba papel y libreta en su bolsillo. Su sobrina Sylvie relata que en sus cartas se expresaba con letra redonda e infantil usando a veces mayúsculas y otras no. 

A los catorce años sufrió una desesperación sin fondo. Padecía migrañas desde los 12 años. Lacerante dolor de cabeza que no le daba tregua. El psiquiatra Robert Coles no se atreve a evaluar clínicamente a Simone; solamente relata la ecuación: (migraña= rabia+ansiedad).[39] Frieda Fromm-Reichmann establece la hipótesis de que la migraña “es una expresión física de hostilidad inconsciente contra personas conscientemente amadas.”[40] En el dolor de cabeza hay una dinámica fisiológica. Entran en juego las contracciones espasmódicas de los músculos lisos involuntarios que no se permite su expresión motora. Queda la tensión de la rabia. En cambio las personas que pueden expresar su furia y aceptan su enojo, liberan la energía sin padecer jaqueca.

Para describir el perfil psicoanalítico de Simone es interesante el modo de intervención de Anna Freud sobre el personaje. El biógrafo Coles realizó varios encuentros con la psicoanalista para revisar su estructura psíquica. El material fueron sus escritos, cartas y diario. La supervisora contribuyó a la comprensión de Simone y es sorprendente su tacto y calidez durante sus pronunciamientos psicoanalíticos sobre la mística:

“temo que en su caso [de Simone Weil] estamos tratando una mente tan compleja y una inteligencia tan refinada y simbólica […] no deberíamos aplicarle ninguna denominación clínica: solo deberíamos leer sus ensayos y cartas e intentar descubrir qué era lo que la impulsaba en su mente… ¡Pero ésta no es la manera correcta de expresarse! Quiero decir que deberíamos intentar ver el mundo como lo veía ella e intentar comprender lo que sentía y decía y por qué. Era coherente y decidida, y si también estaba enferma – primero en la cabeza, luego en el cuerpo -, sería mejor ser cuidadosos en la manera de referirnos a esa enfermedad.”[41]

En relación con el judaísmo, Anna Freud considera que: “sus raíces judías no le servían para nada, pero no podía simplemente abandonarlas. Pero, ¿por qué se sentía tan extraña  respecto de los judíos, en vez de sentirse estrechamente unida a ellos? Por una parte le faltaba educación judía. No parece que exagerara o mintiera cuando decía que prácticamente no tenía experiencia religiosa judía. Por otra parte, ella estaba en peligro, como lo estaban los judíos, ¡y quería estar en peligro a su modo, en sus propios términos! ¡Por cierto no era cobarde!” [Subrayado por Anna Freud]..[42] La psicoanalista, enfatiza que Simone es una escritora que combate, es decir, es “una maravillosa rezongona.”[43]

Desenlace.

Por la invasión nazi a Francia la familia se había trasladado a Vichy en 1940. Una estancia en un campo de refugiados en Casablanca, Marruecos, aquí a sus 33 años de edad: “verá rezar por primera vez a unos judíos devotos, revestidos con su taled y con sus filacterias… y será para ella una auténtica sorpresa”.[44] Emigran a Nueva York en la primavera del 42’. Aquí rezará ddiariamente en una iglesia y los domingos visita un templo baptista. Y por única vez en su vida, entrará a una sinagoga de judíos etíopes. Simone  permanece poco tiempo en Estados Unidos, acuciada por participar de manera activa contra los nazis, considerados sus adversarios, viaja a Londres para trabajar en la organización de la Francia Libre en noviembre de 1942. Deseaba combatir contra los alemanes en la Resistencia, pero fue rechazada por su condición física y, entonces se dedicó solamente a colaborar como escritora en el equipo de Maurice Schumann. Escribía febrilmente su trabajo, redactado en 1943, para el gobierno francés sita en Inglaterra. Para conectar su origen profesional con este documento, permitan extraer una cita relacionada con su oficio de maestra y la religión: “que la enseñanza pública transmita al cristianismo como un tesoro del pensamiento, equivalente a la filosofía, la poesía, etc.”[45]

En los últimos días veía poca gente; dormía y comía escasamente. Su dieta era en base a la cartilla de racionamiento del pueblo francés que ella asumía como un acto de solidaridad. No ingería alimentos sino palabras. Al final, contrae tuberculosis y muere el 24 de agosto de 1943 en el hospital de Ashford, Inglaterra. Fue sepultada en un cementerio católico. Me parece que se puede tomar como su epitafio lo que ella reza: “únicamente se acerca a la plenitud cuando se acerca la muerte.”[46] Emmanuel Levinas escribió: “Vivió como una santa y se nutrió de todos los sufrimientos de este mundo.”[47]

Su herencia espiritual la recibe su sobrina Sylvie, la hija de su hermano André.[48] La niña nació poco antes del fallecimiento de la tía. Ella pudo cargarla en sus brazos, incluso le llegó a dar biberón. Sugería que debían bautizarla. Pero siempre con extrema duda, porque por una parte se salvaría siendo católica y por otra, cuando tuviese consciencia de sus raíces judías le reprocharían, porque la familia no asumiría la verdad de su identidad. ¡A la sobrina sí la bautizaron! Aunque, es obvio, Sylvie, más adelante, retornó al judaísmo y contrajo matrimonio con un judío ortodoxo. 

[1] Sylvie Weil (2009). En casa de los Weil. André y Simone. Madrid, Trotta, p. 12.

[2] Simone de Beauvoir (1958). Memorias de una joven formal. Buenos Aires, Debolsillo, p. 242.

[3] Se enumeran los liceos de manera breve: Liceo de Puy 1931-1932; Liceo de Auxerre 1932-1933; Liceo de Roanne y Saint-Étienne 1933-1934; Liceo de Bourges 1935-1936. Cfr. Jacques Cabaud (1957). L’éxpérience vécue de Simone Weil. París, Libraire Plon.

[4] Sylvie Weil, (2009), op.cit, p. 130.

[5] Herbert Lottman, (1982). La rive gauche. Barcelona, Tusquets, p. 130.

[6] Albert Camus, (1951). El hombre rebelde. Madrid/Buenos Aires, Alianza /Losada, p. 243.

[7] Simone Weil (1936). La condición obrera, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1954.

[8] Hannah Arendt (1958). La condición humana. Barcelona, Editorial Seix Barral, p. 176.

[9] Sylvie Courtine-Denamy (1997). Tres mujeres en tiempos sombríos. Madrid, Edhaf, p. 133.

[10] Simone Weil (1932). Condiciones de una revolución alemana. ¿y ahora?, de León Trotsky, en: Simone Weil. Escritos históricos y políticos. Madrid, Editorial Trotta, p. 399.

[11] Sylvie Weil (2009)., op. cit., p. 146.

[12] Simone Weil (1942b). Espera de Dios. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1954, p. 29.

[13] Simone Weil (1942c). La gravedad y la gracia. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1954,  p. 233.

[14] Simone Weil (1942b). op. cit.,  p. 34.

[15] El dominico en 1936 junto con Juliette Mollán fundan Unión Caritas Christi. Una institución secular femenina.  Compuesta por mujeres católicas, laicas cuya misión es ofrecer el testimonio de Cristo y proyectarlo en las realidades de la existencia. Actualmente se encuentra distribuida en muchos países.

[16] Introducción y notas de J.-M. Perrin, en: Simone Weil (1942a). Atente de Dieu. Paris, La Colombe, p. 8.

[17] Simone Weil (1942b)., op. cit., p. 36.

[18] Ibíd., p. 25

[19] Ibíd., p. 35.

[20] Ibíd., p. 41.

[21] Ibíd., p. 39.

[22] Simone Weil (1942a). p. 109.

[23] Ismael Quiles, S. J. (1954). Qué es el catolicismo. Buenos Aires, Editorial Columba, p. 36.

[24] J.-M. Perrin, y G. Thibon (1952). Simone Weil. Telle que nous lávons connue. Paris. La Colombe.

[25] J.-M. Perrin. Primera parte: Simone Weil dans sa recherché religieuse, en: ibíd.,  p. 26.

[26] Gustave Thibon. Segunda parte, en: ibíd., p. 129.

[27] Gustave Thibon (1953). Introducción a Simone Weil (1942c). op. cit., p. 8.

[28] R. Schwartzwald, (2004). Father Marie-Alain Couturier, O.P., and the Refutation of Anti-Semitism in Vichy France. Publicado electrónicamente en Textures and Meaning: Thirty Years of Judaic Studies at the University of Massachusetts Amherst, ed. L. Ehrlich, S. Bolozky, R. Rothstein, M. Schwartz, J. Berkovitz,  & J. Young, Department of Judaic and Near Eastern Studies, University of Massachusetts Amherst, pp. 140-156.

[29] El dominico posiblemente supo de la publicación de la carta porque murió en 1954. Una de sus aficiones fue su interés en el arte, promocionó tareas relacionadas en las esferas de la pintura, escultura y arquitectura, conoció artistas como Matisse, Chagall, etc. Cfr. Joanna Weber (comp.) (1994). Couturier Collection. Yale University.

[30] Esta carta la publicó originalmente Albert Camus en la colección Esprit de la editorial Gallimard, 1951. Sobre la conexión de Simone en Camus, véase: J. Cabaud (1974). Albert Camus et Simone Weil. Kentucky Romance Quarterly, vol. 21, no. 3, p. 383.

[31]  Simone Weil (1942d). Carta a un religioso. Madrid, Trotta, p. 15.

[32] Ibíd., p. 17.

[33] Ibíd., p. 54.

[34] Ibíd., p. 48.

[35] Simone Weil (1942e). Carta a un religioso. Buenos Aires, Sudamericana, 1954, p. 57.

[36] Ibíd., p. 21.

[37] Hans Kelsen, (1952). ¿Qué es justicia?. Barcelona, Ariel, p. 34. Una lectura jurídica sobre el juicio Cfr. Paul Winter (1974). El proceso a Jesús. Barcelona, Muchnik Editores.

[38] Sylvie Weil (2009), op. cit.,   p. 132.

[39] Robert Coles (1987). Simone Weil. Barcelona, Gedisa, p. 118.

[40] Frieda Fromm-Reichmann (1937). Contribución sobre la psicogénesis de la hemicránea [migraña]. En: La psicoterapia y el psicoanálisis. Buenos Aires, Ediciones Hormé, p. 167.

[41] R. Coles, op. cit.,   p. 43

[42] ibíd., p. 70

[43] ibíd., p. 15. Por su parte, Martin Buber y Emmanuel Levinas coincidieron que ella ignoraba realmente la esencia del judaísmo. Cfr. Sylvie Courtine-Denamy (1997). op cit, p. 216.

[44] Sylvie Courtine-Denamy (1997). op cit, p. 133.

[45] Simone Weil (1943). Raíces del existir. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1954, p. 101

[46] Ibíd., p. 296.

[47] Emmanuel Levinas (1952). Simone Weil contra la Biblia. En: Difícil libertad. Ensayos sobre el judaísmo. Buenos Aires, Lilmod, 2005, p. 159.

[48] El padre André Weil (1906-1998) Doctorado en ciencia. Matemático extraordinario, realizó trabajos  importantes  en teoría del número, topología, etc. Escribió libros sobre geometría algebraica y las funciones elípticas. Enseñó en varias universidades de Estrasburgo, Marsella, la India, San Pablo, Brasil, y en Chicago y Princeton, E.U. y, como una anécdota, entre su producción colaboró con un capítulo en el libro de Claude Levi-Strauss Estructuras elementales del parentesco (1949). 

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