EL ORDEN DE LA CREACIÓN (סדר הבריאה)

EL ORDEN DE LA CREACIÓN (סדר הבריאה)

En el relato bíblico de la Creación, en cada uno de los tres primeros días se crearon los espacios y y los elementos que contienen a los seres que los habitan y de los que se valen para existir. En el primer día fue creada la luz, que tomarán el sol y la luna en el cuarto día en el que fueron creados para iluminar el mundo; en el segundo día de la Creación, fueron creados los cielos y las aguas, que serán principalmente habitados por la fauna marina y las aves que fueron creados en el quinto día; en el tercer día, fueron creadas la tierra firme y la vegetación de las que dispondrán el resto de los animales y el propio ser humano para habitar y alimentarse. A cada uno de los primeros tres días (dimensiones existenciales) le cabe su correspondiente complejidad existencial (seres) en uno de los últimos tres días de la Creación; se crea una esfera existencial correspondiente a cada uno de los seres que contendrá.

Así vemos que el mundo de los primeros tres días es el mundo estático (la luz, el cielo, el agua, la tierra y la vegetación), mientras que el de los últimos tres días es el dinámico (el sol y la luna con sus movimientos, los peces y las aves, los animales y el ser humano), ya que se agrega el movimiento de la vida a la realidad estática que había sido creada para dar estabilidad y espacio vital a los seres vivos. Por esta razón, Oriente se ha asociado a los primeros días de la Creación, ya que el sol, que “sale” en Oriente, ilumina gracias a la luz primigenia que “sale” de ese hemisferio (de hecho, “oriente” en hebreo se puede leer como “de donde brilló” [מזרח]), mientras que Occidente se ha asociado a los últimos días de la Creación ya que es el hemisferio en el que se pone el sol y, por tanto, la luz se apaga (en hebreo “occidente” se puede leer como “del anochecer” [מערב]). Dadas estas asociaciones, es lógico que Oriente se relacione con la tranquilidad, el sosiego y la estabilidad, puesto que si fue creado durante los primeros tres días, entonces lo que le corresponde de la existencia es todo aquello que no tiene un movimiento autónomo e independiente (la luz, el cielo, el agua, la tierra y la vegetación) y que se mantiene estático y por un tiempo más perdurable; Occidente, en cambio, al haberse creado durante los últimos tres días de la Creación, se relaciona con lo dinámico, lo inestable y lo perecedero (las estrellas y los astros, los animales y los seres humanos). Resulta curioso reparar en la naturaleza de las poblaciones humanas de ambos hemisferios y notar la relación que existe entre su carácter y las condiciones ambientales que influyen en su temperamento.

Finalmente, el séptimo día es el que corona la creación del cosmos y con el que concluye el ciclo semanal: el sábado (“Shabat”, en su original hebreo, significa literalmente “cesó”), que viene a ser una combinación de Oriente y Occidente, un punto de equilibrio entre lo dinámico y lo estático, una tregua que detiene el trabajo del hombre por unas horas en el movimiento incesante del mundo y una pausa propicia para descansar antes de volver a empezar.

Rodrigo Varscher

 

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