PONER EL CORAZÓN: EL SIGNIFICADO HEBREO DE LA ATENCIÓN

 

Una de las curiosidades lingüísticas que atrae a más de un aficionado o estudioso de las lenguas es la observación comparativa entre posibles equivalencias de modismos y expresiones coloquiales entre una y otra. La cuestión es que a menudo se dejan entrever pistas o enseñanzas para las relaciones humanas que se reflejan en la estructura o en la propia semántica de las palabras.

Una de esas enseñanzas podemos encontrarla en la manera en que se dice “prestar o poner atención” en hebreo: לשים לב (“LASIM LEV”), que literalmente significa “poner corazón”. Bien sabemos que en la Antigüedad (época histórica a la que pertenece la génesis del idioma hebreo), el corazón era el órgano al que se le adjudicaba la función cognitiva y espiritual; allí radicaba la base de los pensamientos humanos desde la que, según se creía en aquella época, afloraban y se expresaban.

Ahora bien, al poner atención – o al poner el corazón – en esta manera de referirse a la concentración mental, reparo en la profundidad y la magnitud de la expresión. Parecería ser que “prestar atención” es mucho más que fijar la concentración en alguien o en algo durante un tiempo determinado; más bien, la atención, según insinúa la expresión hebrea, es un acto de entrega y dedicación. Al darle atención a otro, ponemos nuestro corazón para escucharlo, comprenderlo e intentar sentir, si es que se puede lograr semejante ejercicio de empatía, lo que quiere transmitirnos y expresarnos con las palabras que emergen de su corazón.

Qué lección tan profunda y valiosa para el ejercicio de todas aquellas tareas y profesiones, y para nuestras mismísimas relaciones cotidianas que indudablemente suponen un constante ejercicio de comunicación y empatía, que implican servir y atender a un otro. Para hacerlo con eficiencia y calidad, es preciso poner atención en la tarea, pero por sobre todo, es fundamental poner el corazón.

Rodrigo Varscher

 

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