POLÉMICA. BENNY MORRIS – GIDEÓN LEVY

Opinión:

Gideón Levy se equivoca respecto al pasado, el presente y creo también el futuro

por Benny Morris

Lo pasado

Basándose en mis observaciones en una entrevista con Ari Shavit, en su artículo Gideón Levy me describe como “el investigador que presenta dos alternativas – la depuración étnica o el genocidio”. Esto se refiere, por supuesto, a lo que ocurrió en 1948. A partir de esa descripción el lector desprevenido deberá entender que, en lugar de destruir a los árabes, los judíos optaron por expulsarlos. Pero eso no es lo que yo dije.

Lo que dije y reitero es que en 1948 la comunidad judía tenía dos posibilidades: o que los árabes cometieran un genocidio contra ella – y no me cabe duda de que una victoria árabe en 1948 habría acabado con una masacre en masa de judíos – o bien los judíos, para defenderse, habrían deportado a los árabes o al menos impedido el retorno de los que habían escapado.

Los judíos eligieron no dejarse masacrar, y con razón. Pero aquí no hubo  depuración étnica en el sentido con que se definió el término en las últimas décadas, conforme a las acciones de los serbios en Bosnia en la década del 90, que incluyeron numerosos asesinatos intencionales y violación de mujeres. Lo que ocurrió aquí fue una lucha entre dos pueblos que se disputan el derecho a un mismo territorio.

Entre noviembre de 1947 y marzo de 1948 las milicias de los árabes de Palestina/Eretz Israel, que más tarde se llamarían palestinos, atacaron a la comunidad judía y en abril-mayo de 1948 fueron derrotados por la organización de defensa judía, la Haganá. Posteriormente, en mayo-junio de 1948 los ejércitos de los países vecinos invadieron y atacaron al recién creado Estado de Israel. Finalmente también ellos fueron derrotados.

Durante esa guerra las fuerzas judías conquistaron unas 400 poblaciones árabes que servían de base a las milicias palestinas y luego albergaron a los ejércitos invasores (del mismo modo que los poblados judíos sirvieron de base para las fuerzas de la Haganá), y la mayoría de los habitantes de esos poblados huyeron o fueron deportados – el “pecado original” al que se refiere Levy.

Algunos de los árabes que huyeron lo hicieron siguiendo las instrucciones de los líderes, como ocurrió en Haifa en abril de 1948. Durante la guerra el gobierno de Israel formuló una política destinada a impedir el retorno de los refugiados (que acababan de intentar destruir los poblados judíos) y ese programa se llevó a la práctica. Pero no hubo una “política de expulsión de los árabes” y en Israel quedaron unos 160.000 árabes, alrededor de un 20% de la población total. Hubo comandantes que deportaron árabes (Igal Alón, Itzjak Rabín) y los hubo que no (Benjamín Dunkelman, Moshé Carmel). Pero la mayoría huyeron o fueron inducidos a hacerlo. No exactamente una “depuración étnica”.

Durante la guerra ambos bandos masacraron civiles y prisioneros de guerra. La primera masacre de la guerra tuvo lugar en diciembre de 1947, cuando árabes asesinaron a 39 judíos en las refinerías de petróleo de Haifa. Pero el número de árabes masacrados por judíos durante la guerra excedió al de los judíos asesinados por árabes (eso se debe a que los judíos tomaron por asalto centenares de poblados árabes, mientras que éstos sólo lograron tomar menos de una docena de poblados judíos y los palestinos no conquistaron un solo poblado judío). La mayor masacre de judíos ocurrida durante la guerra tuvo lugar cuando palestinos armados combatieron junto con el ejército jordano para la conquista de Kfar Etzión, el 13 de mayo de 1948.

En su artículo Levy no menciona en absoluto la historia de la agresión árabe contra la comunidad judía – en rondas de violencia en 1920, 1921, 1929, 1936 y 1947-48. Para él, el judío fue siempre el agresor y el árabe la víctima. El árabe es siempre el objeto, no el sujeto. No es responsable de nada. Levy “se traga” la narrativa árabe, en la cual el retorno de los judíos a Sión se considera un acto de agresión exento de lógica y justicia, y por lo tanto la violencia contra ese acto cae en el dominio de la legítima defensa propia contra un agresor.

Como los árabes, Levy ignora completamente: a) el vínculo histórico de los judíos con Eretz Israel, que es el fundamento del sionismo y su justificación; b) la necesidad de los judíos de tener un lugar seguro a salvo de la inquina asesina tradicional de los gentiles contra ellos – principalmente los cristianos pero más de una vez también los musulmanes. Según la narrativa árabe, los judíos no son más que una banda de ladrones, que por algún motivo decidieron robar Palestina a sus habitantes árabes.

En su visión retrospectiva Levy ignora también el hecho de que en 1937, 1947, 1978, 2000, 2007 y 2008 el liderazgo sionista acordó en aceptar una solución basada en concesiones territoriales mutuas, mientras que el liderazgo palestino – bajo Hadj Amín el-Husseini, Yasser Arafat y Mahmoud Abbas – se negó siempre a transigir conforme a las propuestas de Gran Bretaña, Naciones Unidas y los sucesivos gobiernos de Israel (en tanto Abbas se niegue a aceptar la fórmula de “dos estados para dos pueblos” y dice engañosamente que apoya una solución de “dos estados” sin mencionar a “dos pueblos”, la diferencia entre él y sus predecesores seguirá siendo marginal).

Lo actual

Es verdad que el liderazgo israelí de hoy rechaza la idea de dos estados para dos pueblos, y por lo tanto intensifica las actividades de construcción de asentamientos en los territorios ocupados – y esa es una de las razones por las cuales me alegraría ver la caída del gobierno de Benjamín Netanyahu (otras razones son el creciente clericalismo, los intentos de restringir y destruir la democracia, la corrupción personal, etc.). Nunca apoyé a Netanyahu, cuya conducta me repugna.

Si lo entiendo correctamente, Levy apoya la continuación del régimen de Netanyahu, quizás basándose en la manida lógica revolucionaria de que cuanto peor estén las cosas, mejor serán en el futuro. Y quizá él entiende que la política de Netanyahu conduce necesariamente a un estado binacional con mayoría árabe – esto es, el fin del estado judío.

Levy describe el régimen de ocupación israelí en los territorios como “una dictadura militar, una de las más crueles del mundo”. Esa es una desmesurada exageración. Siempre me opuse a la ocupación, que desde un punto de vista moral es una ocupación mesiánica. Quizá Levy sepa que, contrariamente a muchos de sus amigos, como soldado yo estuve (brevemente) en la cárcel por negarme a cooperar con la ocupación. Y nunca me conté entre quienes piensan que el régimen de ocupación israelí en los territorios sea “ilustrado”.

Desde siempre la ocupación se basó en la violencia (por medio de las fuerzas armadas, los servicios de seguridad y la policía), en el encarcelamiento o la deportación de opositores y, ocasionalmente, la matanza de quienes luchan contra  la ocupación (a quienes nuestros líderes califican de “terroristas”, a pesar de que en los últimos años esos opositores en su mayor parte han dirigido sus cuchillos contra colonos, soldados y policías). Pero “dictadura militar, una de las más crueles del mundo”? ¿No oyó hablar Gideón Levy de las acciones del vecino régimen del presidente sirio Bashar Assad? O un poco más lejos, los ayatolas de Teherán o los regímenes de muchos países de Asia y África?

Es verdad que en Occidente no existe la dominación de unos pueblos por otros, y con justicia esa dominación se considera inmoral. Pero por otro lado un periodista civilizado también tiene que tener en cuenta cómo llegó Israel a la situación actual – cómo Israel estuvo rodeado, asediado y amenazado de destrucción en mayo-junio de 1967, seguido por la negativa de la Organización para la Liberación de Palestina a hacer la paz, su deseo de borrar a Israel del mapa y sus evasivas ante las propuestas de arreglos por acuerdo mutuo. Del mismo modo hay que tener en cuenta las consecuencias, desde un punto de vista de seguridad, de conceder territorios a un régimen árabe (como se comprueba en la Franja de Gaza, de donde Israel se retiró en 2005).

Lo futuro

En cuanto al futuro, sigo creyendo que la idea de dos estados para dos pueblos y la partición territorial son la única base justa para una solución que otorgue una cierta medida de seguridad y justicia a los dos pueblos (“justicia” absoluta para una de las partes negaría necesariamente la posibilidad de “justicia” para la otra parte). Pero como Levy, también yo creo que no es posible lograrlo hoy, y puede no serlo nunca en el futuro.

Pero quisiera añadir que siempre tuve mis dudas acerca del grado de realismo de una partición de la parte de Eretz Israel que estuvo bajo mandato británico, de manera tal que los judíos recibieran entre 78 y 80 % del territorio y los árabes se conformaran con el 20 al 22 % restantes. Aún si entre los palestinos hubiera quien firme semejante acuerdo, el pueblo palestino liderado por Fátaj y Hamás lo rechazaría de plano.

Un acuerdo basado en una solución de dos estados exige necesariamente otorgar a los palestinos un territorio que les permita absorber a cientos de miles de refugiados palestinos del Líbano y Siria. Un territorio así tendría que incluir el 95 de la Margen Occidental (tal como lo propuso el presidente de EE.UU. Bill Clinton en diciembre del 2000) así como la Franja de Gaza, Jerusalén Oriental y Transjordania, y quizá también parte del Sinaí. Sin esa expansión territorial todo acuerdo de dos estados resultaría insostenible.

En las circunstancias existentes un tratado de paz basado en la partición no parece realizable, ¿y qué propone Levy en su lugar? Un estado de todos sus ciudadanos, un solo estado democrático entre el Mediterráneo y el río Jordán. Suena bien, especialmente si uno está sentado en un bar en Londres o París, pero nosotros vivimos en la selva del Oriente Medio, rodeados de países tan exitosos como Siria, el Líbano, Iraq, Libia, Yemen y Arabia Saudita. En pocas palabras, los países árabes musulmanes están lejos de abrazar los valores de la democracia, la tolerancia y el liberalismo.

¿Y acaso los palestinos no son musulmanes (excepto un 5% que son cristianos)? ¿Acaso el régimen del Hamás en Gaza y la Autoridad Palestina en la Margen Occidental son liberales, tolerantes y democráticos? ¿Hay motivos para creer que los palestinos se conducirían de manera diferente a sus hermanos árabes en otras partes? En resumen, ¿se puede comparar a los palestinos con los noruegos?

La solución de un estado binacional único de árabes y judíos es una receta para la violencia y anarquía continuas, y llevaría a un país con mayoría árabe – y con una minoría judía perseguida que haría cualquier cosa para escapar, como lo hicieron los judíos de los países árabes cuando sus vecinos los persiguieron y echaron, entre 1948 y 1965.

En su artículo Levy menciona la hostilidad y el odio hacia los judíos que desarrollaron los árabes en los últimos 100 años (y paralelamente, aunque en menor grado, el odio que desarrollaron los judíos hacia los árabes). Y con razón. Desde el punto de vista de los árabes palestinos, los judíos les robaron su país, pisotearon su dignidad, encarcelaron a muchos y mataron a los padres de miles de ellos. ¿Se olvidará todo eso cuando árabes palestinos y judíos establezcan su estado binacional? ¿No sería más plausible que los árabes usen el nuevo estado para cobrarse la venganza y retomar la tierra y las casas que se les “robó” en 1948 y posteriormente? Tampoco cabe duda de que la relativa riqueza de los judíos en el país sería tentadora para los árabes menos afortunados económicamente. Los delitos contra la propiedad se multiplicarían.

En las décadas desde 1920 hasta 1940 hubo un puñado de judíos que a través de los movimientos Brit Shalom e Ijud abogaron por un estado binacional. La idea nunca cobró impulso. Los judíos en su gran mayoría la rechazaron y entre los árabes ganó todavía menos apoyo (ninguno, en realidad). Y los pocos judíos que apoyaron la idea nunca lograron ofrece una solución factible al “problema demográfico” – en vista de la realidad de una mayoría árabe y una minoría judía entre el Mediterráneo y el Jordán. Si el estado único fuera democrático y tuviera una mayoría árabe, esa mayoría decidiría el carácter del estado y sus políticas. Muy pronto los judíos se verían marginados y luego expulsados.

La idea de un estado único propuesta por Levy se enfrenta al mismo problema. Entre el Mediterráneo y el Jordán viven actualmente unos 6 ó 7 millones de árabes y aproximadamente el mismo número de judíos. En una o dos décadas y en virtud de su tasa de natalidad más elevada, se crearía una sólida mayoría árabe – que no haría más que crecer una vez establecido el estado único y después que se permitiera el retorno de millones de refugiados palestinos del Líbano, Siria y Jordania (cosa que los judíos no podrían impedir).

El estado único con su mayoría árabe se conduciría de acuerdo con el modo de vida de la mayoría. ¿Desaparecería, por ejemplo, la costumbre de matar a “ovejas descarriadas” en pro del honor de la familia? ¿Se esfumarían la violencia y el crimen, la irresponsabilidad de los automovilistas en las carreteras y la corrupción del gobierno local y la lealtad exclusiva al clan, como se ven a diario en los poblados árabes? ¿Qué y cuántos judíos querrían vivir en semejante país? Los judíos se irían del país, como lo hicieron en su época los judíos de Marruecos, Argelia, Libia, Egipto, Siria, Iraq y el Yemen.

Si se nos permite volver a la realidad por un momento, me parece que lo que fue y es seguirá siendo. El régimen de ocupación seguirá funcionando. Los árabes seguirán sufriendo y también los judíos (aunque un poco menos). Y aunque tengo mis dudas, quizá Levy tiene razón y esto podrá continuar 100 años más.

Este 24º país árabe se incorporará a la Liga Árabe. El Estado de Palestina declinará y se hundirá paulatinamente en las arenas del Oriente Medio lo mismos que sus vecinos, después de consumirse las reservas petroleras de la Península Arábiga.

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Este artículo forma parte de una polémica periodística iniciada a partir de un reportaje al historiador israelí Benny Morris por el columnista Ofer Aderet, que apareció en la edición impresa del diario Haaretz el viernes 18-01-2019 y dio lugar a un intercambio de artículos de opinión entre Morris y el publicista Gideón Levy.

Se publicó en la edición digital del diario israelí Haaretz, 21-01-2019 a las 13:52 hs.

 Versión castellana: Yonah Kranz

Opinión:

Benny Morris, usted se equivoca, judíos y árabes sí pueden vivir juntos. Ya lo hacen.

 Por Gideón Levy

“Gideón Levy se equivoca respecto al pasado, el presente y creo también el futuro”, escribió Benny Morris en Haaretz. Morris es experto en el terreno de lo pasado, de manera que, en respuesta a su argumento de que desde el comienzo mismo los palestinos se opusieron al sionismo, viéndolo como una fuerza colonialista que invadió su país, los desposeyó y los ocupó, me limitaré a señalar que desde su punto de vista, que no es fácil refutar, eso es realmente así. A ellos no tienen por qué interesarles títulos de propiedad sobre la tierra basados en la Biblia, ni una “promesa divina”, ni el Holocausto.

Incluso con respecto al presente observaré solamente con qué displicencia Morris hace a un lado la crueldad de la dictadura militar en los territorios, que ciertamente es una de las peores del mundo. En qué otro lugar hay, desde hace 50 años, redadas domiciliarias nocturnas en las cuales se arranca de sus camas a civiles, incluyendo niños? ¿En qué otro país democrático hay millones de personas privadas de ciudadanía?

Pero el principal problema con la postura de Morris es su predicción para el futuro, que se expresa en un reportaje publicado en Haaretz. “Este lugar declinará como un país del Oriente Medio con una mayoría árabe” dijo. Esa es la descripción de una situación que no deja otra opción más que la completa destrucción, sin atender a las causas de la situación.

Morris está convencido de que lo que prevaleció en el pasado se dará también en el futuro. Como historiador, él debiera saber que eso no es así, no para siempre. Él describe el futuro como un gemelo del presente. Pero aún, lo ve a través de unas gafas raciales y arrogantes. Si es a los árabes que Morris describe y si eternamente seguirán siendo como los describe, tiene razón, es el fin del mundo. Pero hay otra posibilidad.

Morris observa el presente, en el que un pueblo lucha por su libertad, incluyendo por la violencia como cualquier otro pueblo en la historia, y llega a la conclusión de que así será siempre. Él ve a un pueblo al que nunca trataron con justicia, y deduce que así seguirán siempre. Siempre matarán. Tanto estando bajo ocupación y mientras sufren injusticias como cuando se les otorgue justicia e igualdad. Siempre seguirán robando autos, asesinando a sus mujeres y actuando de manera salvaje.

Después de todo, los árabes son asesinos innatos, por lo que no existe aquí ninguna posibilidad de un país con igualdad de derechos, donde vivan junto con los judíos avanzados e ilustrados. Solamente alguien sentado en un bar en París puede creer en la fantasía de la solución del estado único, escribe Morris. Pero el estado único existe desde hace 52 años, sólo que no ha sido democrático. Desde mi casa en Ramat Aviv, la antigua aldea árabe de Sheikh Muwannis, me gustaría sugerir otra posibilidad.

No se necesita ser optimista para creer en ella. Morris está convencido de que los árabes jamás perdonarán a Israel por lo que les hizo. Pero los judíos muy pronto perdonaron a Alemania por crímenes mucho más horribles. Los negros en EE.UU. y en Sudáfrica perdonaron a los blancos. Francia y Alemania se convirtieron en aliados enseguida después de la Segunda Guerra Mundial. Únicamente los palestinos no perdonarán. Un historiador debiera saber que las cosas pueden ser diferentes, que si Israel asumiera la responsabilidad moral por sus actos, se arrepintiera, se reformara, pagara reparaciones y se condujera respetuosamente, también ellos perdonarían.

Es verdad que la democracia en el mundo árabe no inspira esperanza, pero los palestinos han demostrado ser capaces de actuar de manera diferente, en elecciones al Concejo Legislativo Palestino en los territorios y a la Knéset en Israel. Nunca tuvieron una verdadera oportunidad de demostrarlo porque nunca vivieron sino bajo ocupación israelí.

Con todos sus problemas, las ciudades mixtas judeo-árabes de Yafo y Haifa son una prueba viviente de la posibilidad de una clase de vida diferente. Los hospitales, las universidades y las ligas futbolísticas de Israel también pueden ser un signo del futuro. Pero cuando se es un racista ultranacionalista, seguro de encontrarse ante salvajes e inferiores, no hay de qué ni con quién hablar – y la conclusión es que el apocalipsis está próximo a llegar. Qué cómodo. No hay esperanzas ni es necesario luchar por nada. Podemos seguir abusando y esperar al amargo e inevitable final.

Es verdad, ellos no son noruegos. ¿Y nosotros, Benny Morris? ¿Nuestra corrupción es noruega? ¿La compulsión religiosa? ¿La ignorancia? ¿Las carreteras? ¿La ocupación? Usted se sorprendería el día en que nos convirtiéramos en noruegos, tratáramos a los palestinos justa y equitativamente. También ellos podrían transformarse en noruegos, si es eso lo que usted desea. Y entonces quizá también usted aceptaría vivir junto a ellos. Yo preferiría darles una oportunidad, en lugar de seguir oprimiéndolos, engañar hablando de una solución de “dos estados”, y entonces hundirnos o escapar a EE.UU.

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Este artículo forma parte de una polémica periodística iniciada a partir de un reportaje al historiador israelí Benny Morris por el columnista Ofer Aderet, que apareció en la edición impresa del diario Haaretz el viernes 18-01-2019 y dio lugar a un intercambio de artículos de opinión entre Morris y el publicista Gideón Levy.

Se publicó en la edición digital del diario israelí Haaretz, 21-01-2019 a las 17:38 hs.

Versión castellana: Yonah Kranz

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