SER INDEPENDIENTE ES SER CONSCIENTE DE LO ESENCIAL

 

 

SER INDEPENDIENTE ES SER CONSCIENTE DE LO ESENCIAL

En hebreo, la palabra “independencia” (עצמאות) procede de la raíz ע.צ.מ, que significa “esencia”, “sustancia” o “hueso”. En la lógica hebrea, la “independencia” es la cualidad de las cosas esenciales; lo verdaderamente independiente es aquello que se conserva en su esencia, lo que se mantiene como sustancial.

Lo significativo de esta relación entre las dos palabras es trasladar estas nociones a la esfera de la vida humana. ¿Quién es realmente independiente? ¿El que acumula más, el que necesita menos, el que no necesita de nadie…? ¿Qué convierte a un individuo en alguien efectivamente independiente? Allí, en la propia etimología de la palabra hebrea para “independencia”, se pone de manifiesto la clave para serlo: recordar lo esencial. Conservar la esencia de nuestro ser y recordar cuáles son nuestras verdaderas necesidades humanas (amor, alimento, protección, educación, salud) es lo que nos permite mantenernos estables y, por consiguiente, independientes. No es casual que, al no tener cubierta alguna de estas necesidades básicas, el individuo quede expuesto a la fragilidad de la existencia y, a menudo, a la necesidad de colmar esa carencia con algún sustituto que, por más gratificante que aparente ser, nunca termina de satisfacer lo que realmente necesita colmar. Así, muchas veces, se originan los vicios, las adicciones, las dependencias: el sujeto necesita depender de algo innecesario para poder sostenerse. Lo dispensable se vuelve indispensable para poder vivir. Al haberse olvidado de lo esencial que realmente sostiene la vida, se vuelve adicto a lo que aparenta sostenerla. En hebreo, “volverse adicto” (להתמכר) procede de la raíz מ.כ.ר, que significa precisamente “vender”. Como verbo reflexivo, “hacerse adicto” es “venderse”, despojarse como ser humano de su valor inherente e invaluable y adjudicarse un precio, un costo, costo que lamentablemente puede llegar a cobrarse la propia vida de la persona.

Las palabras, resultado de las etimologías que las componen, nos enseñan a vivir, a cobrar consciencia, a preservar los valores que sostienen la vida y, en este caso, la independencia: saber qué es lo esencial para poder vivir.

Rodrigo Varscher

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