AMÉN: EL SENTIDO HEBREO DEL ARTE

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AMÉN: EL SENTIDO HEBREO DEL ARTE

Uno de los hallazgos etimológicos más significativos es descubrir que se presentan en otras lenguas relaciones morfológicamente directas entre palabras que en la lengua materna no existen y que en aquellas quedan patentemente señaladas como valores o nociones inherentes a la realidad. Así es asombroso percatarse de que en la lengua hebrea el “artista” (אומן), la “fe” (אמונה) y el “arte” (אומנות) comparten una raíz trilítera que ha sido difundida, conocida y pronunciada como pocas palabras en todo el mundo por un sinnúmero de pueblos y colectividades: AMÉN (א.מ.ן). De esta misma raíz sale el verbo “creer” (להאמין) y, lógicamente, “creyente” (מאמין).

¿Qué querrán transmitirnos estas interrelaciones léxicas que vinculan el arte y el artista con la fe y el creyente? Si entendemos que el arte busca encontrar un medio para expresar los sentimientos, las ideas, las creencias y las convicciones, es más que lógico que todas esas palabras estén emparentadas, pues ¿qué es el arte sino una forma de expresar la convicción del artista? ¿Qué pretende este cuando hace arte, o sea cuando se expresa desde lo más íntimo de su ser? Afirma y declara sus convicciones, sus pensamientos, su manera de sentir y percibir la realidad, en última instancia, su fe. Esta no significa tener la tranquilidad despreocupada de que la realidad anhelada llegará a ser como uno la desea meramente por el hecho de verse encantada por ella e imaginarla felizmente. Citando a Jaime Barylko en la última página de uno de sus libros: “Creo, es decir quiero creer, estoy decidido a creer, al igual que mis maestros que me enseñaron que creer no es poseer una fe, sino ir detrás de ella. Creer es querer creer” (J. Barylko, “Los hijos y los límites”).

La fe, al menos desde la óptica hebrea, no se percibe como un sentimiento interno sino como una demostración de compromiso con la realidad, y para que ese arte, con todo lo que implica y significa esa noción desde su etimología hebrea, se materialice y se despliegue cabalmente en la realidad, es necesario hacer lo que hace el artista: expresar la convicción, es decir inspirarse y tomar iniciativa propia para consagrarse al arte de transformar la realidad. Solo así tendrá efecto en la realidad esa fórmula milenaria que emplean los creyentes – los artistas – al final de sus oraciones: amén, es decir expresar la convicción de que así sea.

Rodrigo Varscher

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