LA ÚNICA OPCIÓN PARA LA OPOSICIÓN VENEZOLANA ES ALIARSE DE NUEVO

LA ÚNICA OPCIÓN PARA LA OPOSICIÓN VENEZOLANA: ALIARSE DE NUEVO

El 9 de mayo de 2018 sucedió algo inaudito en Malasia: el Frente Nacional (BN), que había gobernado el país desde la independencia del Reino Unido en 1957, perdió por primera vez en unas elecciones. Durante 60 años, los oficialistas lograron establecer un sistema de gobierno que hoy los politólogos llamamos autocracia electoral. Este sistema político combina la existencia de instituciones y mecanismos en apariencia democráticos con el ejercicio autoritario del poder. En contra de todas las expectativas, y aun cuando el BN había inclinado la cancha política a su favor durante varias décadas, su perpetuación en el poder acabó. Una nueva coalición opositora, la alianza de la esperanza (Pakatan Harapan), formada por cuatro partidos (dos bien establecidos y dos nuevos; uno pequeño y otro encabezado por varios desertores prominentes del partido del Gobierno) ganó un proceso electoral que el Ejecutivo pensaba que tenía en el bolsillo.

En Venezuela, después de 20 años, la oposición no ha logrado ganar la Presidencia. Dentro y fuera del país la pregunta más frecuente es: ¿por qué no hay un cambio de Gobierno? Sin duda, responderla implica hacer un complejo análisis que abarque el estudio de los partidos, los militares, los votantes, las organizaciones civiles, el boom petrolero, el clientelismo oficial, el rol de los medios, los intricados procesos históricos, etcétera. Por lo pronto, destacaremos dos errores recurrentes de la oposición venezolana a lo largo de estas dos décadas que, en cierta forma, han contribuido a mantener al Gobierno en el poder.

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No pretendemos descalificar o demeritar los esfuerzos de la oposición venezolana, ni mucho menos culparla de la realidad que sufre el país. Sin duda alguna, el único culpable de la pobreza, desigualdad, hiperinflación, corrupción, escasez, hambruna, migración forzada y un largo y trágico etcétera es el Gobierno. La misma destrucción y falta de cohesión de la oposición es responsabilidad directa del ‘chavismo’. No debemos olvidar que Hugo Chávez inició en 1999 la lucha por aniquilar a sus adversarios, eliminando la financiación de los partidos. A lo largo de las últimas dos décadas, el oficialismo también ha co-optado todas las instituciones del Estado, cerrando cientos de medios, y ha intimidado, exiliado, torturado o encarcelado a los políticos. Es natural que, en estas circunstancias, una política opositora no pueda ser siempre exitosa. Ahora bien, con la única intención de contribuir a un debate constructivo para lograr el cambio político que necesita Venezuela, son de destacar dos puntos clave: la errónea caracterización del régimen y el desafortunado discurso ‘inmediatista’.

¿Dictadura, ‘castro-comunismo’, autoritarismo o totalitarismo?

¡Hay que llamar al régimen por su nombre! Esta frase es recurrente entre los políticos opositores. La alta cantidad de definiciones del chavismo que han surgido en los últimos 20 años sólo indica que no hay claridad ni cohesión en cuanto al sistema al que se enfrentan. Entre tiranía, dictadura, narco-dictaduracastro-comunismo, autoritarismo, totalitarismo y las comparaciones con el nazismo y el estalinismo, estas definiciones, mayoritariamente imprecisas o abiertamente equivocadas, no han permitido un debate coherente o constructivo. Peor aún, sólo crean una matriz de opinión confusa que no permite a los ciudadanos tener herramientas a la hora de participar en la política de su país.

La cultura política se crea en el día a día y, para bien o para mal, los políticos desempeñan un papel enorme en este proceso. Para Venezuela, un país que ha sufrido niveles preocupantes de desinformación, propaganda política y altísima polarización, es indispensable encontrar una conceptualización uniforme del régimen chavista. Hay que crear una narrativa que le permita al país entender el proceso que está viviendo, así como las causas y consecuencias de esta grave crisis. Ello implica desechar la noción equivocada de que el proyecto político chavista fue un régimen dictatorial desde un principio. Venezuela ha pasado por varias etapas de transformación política, desde una democracia débil en 1999, una autocracia electoral (2000-2015) hasta una dictadura (a partir de 2015).

Estos matices son muy relevantes para la construcción de la democracia en un futuro. Para poder valorar y apoyar la democracia, los pueblos tienen que apropiarse de la idea que no todas las elecciones son democráticas y que no todas las dictaduras son militares. Por más contraintuitivo que suene, es crucial comprender que hay regímenes ‘ni-ni’: ni democracia, ni dictadura. Aunque a día de hoy Venezuela haya dado un giro hacia esta última, es importante entender que antes no lo fue. Dado que los procesos políticos no son blancos o negros, quienes conducen la política deben entender estas diferencias y comunicarlas eficazmente a los votantes. Sólo así, éstos podrán tomar decisiones informadas y sabrán luchar por rescatar o mantener su democracia cuando se vea en peligro.

‘Ya-ismo’

Desde el 2002, parte de la oposición venezolana ha mantenido perennemente el discurso de que el Gobierno tiene que marcharse yaEste ‘ya-ismo’ y la desesperación por el cambio han sido y siguen siendo extremadamente dañinos por varias razones. En primer lugar, no se reconoce el apoyo genuino de grandes sectores de la población que una vez tuvo el oficialismo. Si bien es cierto que Maduro no goza actualmente ni del 20% de apoyo popular, en tiempos de Chávez la historia no era la misma. Al menos la mitad del país apoyó o simpatizó con el proyecto chavista.

En segundo lugar, el ‘ya-ismo’ genera falsas expectativas, sobre todo en autocracias electorales, en las ques la lucha política es desigual. El ofrecer para no cumplir genera desmovilización, frustración y desafección en los votantes, sobre todo entre los opositores. Las marchas del 2002, la abstención de las elecciones parlamentarias en 2005, la salida en 2014 y las protestas de 2016 y 2017 llevan el común denominador del cambio yaDespués de cientos de muertos, casi cuatro millones de migrantes forzados, cientos de presos políticos, Maduro se mantiene en el poder. El discurso del ya-ismo, aun cuando aparece seductor, ha alejado a la oposición del cambio político. Por difícil que sea explicarle a la madre que perdió a su hijo en manos del hampa, al joven que no puede regresar a su país, a las familias que se acuestan sin comer o a los adultos mayores que no encuentran medicina, resulta crucial y apremiante la existencia de un discurso plausible y coherente que logre conectar con todos los sectores insatisfechos.

Venezuela y Malasia son países profundamente distintos. Aun así, el país caribeño tiene mucho que aprender de la trayectoria política de esta nación del sureste asiático. Así como para la oposición en Malasia fue fundamental hacer alianzas pluri-ideológicas, incluso con desertores del Gobierno, los opositores venezolanos tendrán que aliarse nuevamente para iniciar una transición en Venezuela. Ninguna fuerza política por sí sola podrá ganar al poder militar, los intereses cubanos, rusos, chinos o al creciente negocio del narcotráfico, la explotación minera ilegal y la corrupción. Lamentablemente, la Mesa de la Unidad Democrática no sobrevivió las presiones internas y externas, y su verdadero valor sólo se recuperará en los libros de historia en un futuro bastante lejano. Lo que sí sobrevive son los resultados electorales alcanzados a través de esta alianza y la persistente demanda de unidad por parte de la población venezolana. Desde el exilio y desde Venezuela, todos aquellos que quieran gobernar al país, tienen la responsabilidad y obligación de sentarse a dialogar para encontrar una nueva narrativa que conduzca con certeza a un cambio político. Venezuela no pide más ‘outsiders’ ni mesías, tampoco pide mártires; pide una clase política que proponga un proyecto de nación y que priorice el interés colectivo ante los intereses individuales. Llegó la hora de una nueva coalición.

Revista Internacional

1 pensamiento sobre “LA ÚNICA OPCIÓN PARA LA OPOSICIÓN VENEZOLANA ES ALIARSE DE NUEVO

  1. Salomon Klaczko, cédula 656554

    Yo recuede rdo cómo la oposición chilena en 1972-1973 se agrupó contra el régimen democráticamente electo en ese país, para combatir al Presidente Salvador Allende. El libro del desertor Philip Agee “Inside the Company” relata cómo la Estación Montevideo de la Central Intelligence Agency de los EE.UU. compraba todas las monedas chilenas en el Uruguay, para transportarlas por valija diplomática a Chile y distribuírla entre loas empresas camioneras, para que sigan saboteando con su paro el suministro de víveres, combustibles, medicina, etc. para la población, preparando así el camino para la instauración de una dictadura militar de Pinochet, títere del Dr. Kissinger y de su Presidente Nixon, en el marco del Plan Cóndor. El escenario venzolano es idéntico: se basa en el mantenimiento del precio del petróleo a un bajísmo nivel y en el bloqueo de los pagos de petróleo venezolano que está siendo importado en los EE.UU. La deuda externa de EE.UU. con Venezuela es impresionante, pero los EE.UU. se pueden dar el lujo político de no saldarla, blquendo incluso la importación de medicamentos para los hospitales y las farmacias venezolanas. Al Uruguay le pasó algo parecido bajo el gobierno de Luís Batlle Berres. UNa ley del Congreso de EE.UU. prohibió la imortación de lana peinada (en vez de lana sucia) del Uruguay, a lo que Battle Berres reacccionó con un acuerdo con China, que compraba TODA la producción uruguaya, elaborada en forma de mantas, es decir con trabajoadicional para las peinadoras y para Campomar. El resultado fué un boycot completo de las ventas uruguayas, la devaluación del peso nacional, la pobreza y escasedesconocer estos antedecedentes.z a la venezolana, y la elección de Chicotazo como presidente, prolegómeno a la dictadura del Plan Cóndor. El autor del arrtículo sobre la oposición venezolana parece carecer de todos estos antecedentes históricos. !Qué lástima!

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