TIERRA DESNATURALIZADA: EL CONCEPTO HEBREO DEL HOMBRE

TIERRA DESNATURALIZADA: EL CONCEPTO HEBREO DEL HOMBRE

 

Prof. Rodrigo Varscher

A menudo se torna extremadamente interesante advertir las relaciones significativas entre las palabras y sus raíces etimológicas. Tan significativa puede volverse esta relación que podemos llegar a comprender el significado de una palabra comparándola con otra con la que comparte un mismo origen, pero de la que se diferencia morfológicamente. Es el caso, por ejemplo, de la relación directa entre “hombre” y “tierra” en la lengua hebrea.

La tierra, madre tierra, es el componente que constituye tanto el fundamento de la naturaleza como del propio hombre: אדמה (“adamá”), de la palabra אדום (“rojo”) y esta de דם (“sangre”), es decir, esa sustancia rojiza que constituye el sustrato vital de los animales y del reino vegetal: en aquellos se traduce en la propia sangre que les confiere la vida y los mantiene en ella, mientras que en este último se hace notar en el color primigenio de la capa primordial del suelo a partir del cual germina toda la vegetación.

Sin embargo, el hombre es un ser distinto de los demás animales que habitan esta tierra. No vive precisamente en la naturaleza sino en un espacio determinado y definido por su propia labor: vive en la cultura, en el cultivo de la ley y las costumbres, en un universo simbólico y figurado, moldeado por el lenguaje y sus metáforas vivientes.

Es interesante notar que la palabra hebrea para “hombre” (אדם; “Adám”, como el primer hombre del que se relata en el Génesis), independientemente del género, remite directamente a la noción de lo terrestre (אדמה), pero tiene la particularidad de no contar con esa ה final que acaba abarcando la totalidad del ser y se vuelve pura naturaleza, pura “adamá”; esa letra que representa por excelencia la noción de lo divino, la totalidad del ser, la perfección existencial. El hombre, al carecer de esa letra, es un ser imperfecto por definición que se desnaturaliza (se quita la ה de “tierra”) para volverse humano, para volverse un sujeto de la cultura y la ley. Tiene que despojarse de su naturaleza y superarla para que su constitución fundamental no acabe dominándolo a él y a su propia vida tornándolo en אדמה, en tierra, en sangre, en bestia, en un ser in-humano.

Para ello, debe reconocer que fue formado de la tierra tal como el resto de los animales, pero para poder llegar a ser “hombre”, para dejar de ser mera “adamá” y pasar a ser “Adám” en nombre propio, el cual lo diferencia radical y significativamente del resto de los seres vivos, tiene que hacer el arduo esfuerzo espiritual de emerger de su naturaleza primigenia y ascender a un nivel superior: al nivel humano.

Rodrigo Varscher

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.