POESÍA, LINGÜÍSTICA Y CÁBALA

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                                   POESÍA, LINGÜÍSTICA Y CÁBALA

                                                             Pablo Cúneo

 

(A Ferdinand de Saussure y sus Anagramas)

CABALISTAS Y LINGÜÍSTAS

 

Alef, beth, guimel,

letras que entretejen

con su Nombre escondido

todo un texto que es de El.

La escritura es la clave,

tras las letras que se unen

bajo el texto que se ve

es su Nombre, el de El.

Alfa, beta, gama,

los fonemas se suceden

con sus nombres escondidos,

en los versos, eso es.

Los sonidos son la clave,

tras las musas con sus notas

bajo versos que se escuchan

sean jotas, sean ge

son sus dioses los que ve.

Cabalistas y lingüistas

entre letras y sonidos

bajo el texto que entretejen

hay un nombre que es la llave

sean ellos o Yahvé.

 

Entre los años 1906 – 1909 Ferdinand de Saussure se dedicó al estudio de la poesía latina y griega. Fruto de ello es una serie de cuadernos inéditos en el que desarrolla una teoría de los anagramas de la que Jean Starobinski (1996) en Las palabras bajo las palabras. La teoría de los anagramas de Ferdinand de Saussure nos ha hecho saber su recorrido, con las dudas y conflictos que llevó a de Saussure a dejar de lado dicho estudio.

No se trata aquí de la combinación de las letras del anagrama clásico sino de la combinación de fonemas que Saussure capta en la escucha de la poesía y que reenvía a una palabra-tema base del poema. “…el poeta utiliza, en la composición del verso, el material fónico provisto por una palabra-tema. La producción del texto pasa necesariamente por un vocablo aislado…., vía de acceso y reserva de fonemas privilegiados sobre los cuales se apoyará el discurso poético acabado” – nos dice Starobinski.

Ferdinand de Saussure parece seguro “… no puede hablarse de los anagramas como de un juego accesorio de la versificación; éstos se transforman en la base, lo quiera o no el versificador… Hacer versos con anagrama es forzosamente hacer versos según el anagrama, bajo la dominación del anagrama”.

Ahora bien, ¿de qué trata la palabra tema sobre la que se construye el poema? Saussure es claro, se trata del nombre propio de un héroe o de un dios, cuyas sílabas y fonemas se dispersan en el texto. La estructura del verso se apoya en los elementos sonoros de un nombre, por eso dice Starobinski que “el ‘discurso’ poético no será, pues, sino la segunda manera de ser de un nombre”.

Hércules, Agamenón, Apolo, Afrodita, nombres de dioses y héroes, palabra-tema que Ferdinand de Saussure escucha como un cazador de sílabas y fonemas en los versos homéricos y saturnios y que continúa en la poesía védica y germánica. Así por ejemplo, en una serie de términos latinos destaca  A D R I que evoca en forma eficaz  Aphrodi, FRO de Aphrodite  lo percibe en otra palabra cercana, en flores tomado como fro-les y aunque nos dice “que está bastante oculta al oído” a continuación señala que dos de las sílabas del verso tienden a corregir flores “dejando al oído –oroti  del final (aequora ponti)”.

En el término AMPLOM Saussure percibe el nombre de Apollo en nominativo, en la A inicial y en PLO que nos dice, se puede aceptar por POL; en Dvello perfecto destaca la trama consonántica D – L – P – C  que evoca Delphicus. En algunas ocasiones llega a tener en cuenta tanto los elementos fónicos como el anagrama tradicional como en el caso siguiente en el que encuentra a Ap(h)rodite: “Todo menos la s es anagramático en etrapidos, pero además toda la palabra Aprodite se encuentra allí si se efectúan las inversiones necesarias, puesto que et completa rapido– y puede proveer –te.

Preocupado de si es víctima de una ilusión o si hay algo de verdad en su investigación le escribe a su alumno y amigo Meillet en noviembre de 1906 quien lee parte de sus apuntes sobre los anagramas e incluso tiempo después le escribe ejemplos de la poesía francesa. Jakobson (1988) destaca la respuesta confirmatoria de Meillet  hacia la teoría de los anagramas junto a la lúcida afirmación de que la duda surge a partir de “nuestra concepción moderna de un arte racionalista”.

Starobinski por su parte, nos ilustra sobre la coexistencia de la convicción y la duda en la última etapa por la que pasó Saussure en su investigación de los anagramas. Le asalta la duda: ¿producto del azar o una tradición oculta mantenida en secreto por los poetas en la construcción del texto? Le escribe a un poeta contemporáneo en busca de una respuesta pero esta no llega. Los anagramas son dejados de lado. [1]

El nombre aparece aquí como la clave, no del sentido del texto, sino de la composición del mismo. Todorov (1993)  señala el valor semántico cero al que llega F. de Saussure: “Lo que importa es la configuración formada por elementos del significante…, nunca las relaciones de evocación o de sugestión simbólica. Si la palabra que es objeto de la ‘paráfrasis fónica’ está ausente del verso, Saussure llega a preocuparse de tales relaciones de evocación; pero en seguida reduce su espesor semántico a cero: los sonidos ‘aluden’ no a un sentido (y menos aún, como lo hubiesen querido los románticos, a una infinidad de sentidos), sino tan sólo a un nombre (la palabra está reducida a su significante: los ‘temas’ que Saussure busca y descubre en los versos védicos, griegos y latinos, son ante todos nombres propios”.

Si a diferencia de Freud, F. de Saussure no encuentra una nueva significación tras el hallazgo del nombre, podemos decir -sin embargo- que Ferdinand de Saussure nos muestra que no hay poesía sin transferencia.

¿Qué hubiera dicho Ferdinand de Saussure si se hubiera acercado a la tradición cabalística y más específicamente a su teoría lingüística a partir de su concepción del Nombre de Dios? Seguramente hubiera tenido ahí una fuente de inspiración a la vez que de reflexión.

Para los cabalistas la Creación supone un movimiento lingüístico, un acto de escritura divina, para ellos el habla proviene de la escritura. Ahora bien, a su vez para los cabalistas el habla proviene de un nombre y utilizan la imagen del árbol[2]  para ilustrarlo como nos lo muestra Gershom Scholem (1999): “La raíz (o sea, la palabra hablada y las cosas ‘del espíritu’ que son las palabras de Dios) consiste en un nombre, porque las letras (de las que el nombre nace) son las ramas que aparecen como las llamas, titilando, y como las hojas del árbol, sus ramas y retoños, cuya raíz está siempre dentro del árbol mismo… y todas las devarim [palabras] toman forma, y todas las formas surgen sólo del nombre único, simplemente como el retoño surge de la raíz.  Así resulta que todo está contenido en la raíz, que es el nombre único”.

Obviamente el nombre de qué se trata es el nombre de Dios que para los cabalistas hace posible “el hecho de que el lenguaje pueda hablarse”.

Scholem (1999) dice claramente cuál es la idea de los cabalistas: “En el lenguaje del hombre, la tarea de descubrir el nombre es, en esencia, el interés que está detrás de la concepción cabalística de la naturaleza de la oración…son los nombres los que en realidad se evocan en las palabras de la oración (subrayado nuestro).

Yosef Chicatilla discípulo de Abulafia consideraba a la Torá como un tejido elaborado a partir del Nombre de Dios. Scholem (1987)   lo describe así: “Se dice que la Torá es el nombre de Dios porque constituye un tejido viviente, un ‘textus’ en el sentido exacto del término, en el cual está elaborado de un modo invisible e indirecto el único y verdadero nombre, el Tetragrama, y en el que dicho nombre reaparece constantemente como un leit motiv  -por así decirlo- de la trama. La Torá es una estructura cuyo elemento básico –sobre el cual se apoya su construcción- es el Tetragrama”.

La identidad de la concepción de Ferdinand de Saussure sobre los anagramas como texto tejido (valga la redundancia) a partir de un nombre y la concepción cabalística es patente. Y esta identidad se hace sorprendentemente significativa cuando tenemos en cuenta que el nombre de Dios en la Cábala no significa nada, tiene un valor semántico cero como el nombre que encuentra Ferdinand de Saussure en el texto. Dice Scholem en el trabajo ya citado de la teoría lingüística: “Para los cabalistas, este nombre no tiene ‘significado’ en el sentido tradicional del término; no tiene significación concreta…Detrás de cada revelación de un significado en el lenguaje y, como los cabalistas lo veían, por medio de la Torá, existe este elemento que se proyecta sobre y más allá del significado, pero que en primera instancia hace posible que se dé el significado. Este elemento es el que dota de significado a cualquier otra forma, aunque no tiene significado en sí mismo”.

¿Qué otra cosa nos dicen los cabalistas sino que el nombre de Dios es puro significante? El nombre de Dios -hay que subrayarlo- carente él mismo de significado lo hace posible, sin El no hay lenguaje. “El hecho de que el lenguaje pueda hablarse, se debe, en opinión de los cabalistas, al nombre que está presente en el lenguaje”, afirma Scholem (1999).

 

NOTAS

[1] Agreguemos que tras dejar de lado los anagramas y dedicarse al curso de lingüística y fundar la misma como ciencia Ferdinand de Saussure lo hace con su propio nombre. ¿Qué otro sino el suyo propio -con las tres S– está presente en lo que constituye su algoritmo inaugural: Signo, Significado y Significante?

[2] Ferdinand de Saussure también tomará la imagen del árbol (arbre) para ilustrar su algoritmo del signo en su división en significado y significante, mientras Lacan tomará el anagrama de arbre -barre- para señalar la barra de la represión en la inversión significante-significado de la fórmula de F. de Saussure.

 

BIBLIOGRAFÍA

-Jakobson, Roman (1988): La primera carta de Ferdinand de Saussure a Antoine Meillet sobre los anagramas. Obras selectas. Tomo I. Gredos. Madrid.

-Scholem, Gershom. (1987): La cábala y su simbolismo. Siglo XXI. México.

——————————- (1999): El nombre de Dios y la teoría lingüística de la Cábala en   Cohen, E. (1999).

-Starobinski, Jean (1996): Las palabras bajo las palabras. La teoría de los anagramas de Ferdinand de Saussure. Gedisa. Barcelona.

-Todorov, Tzvetan (1993): Teorías del símbolo. Monte Avila. Caracas.

 

 

 

 

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