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Rincón Literario III

Rincón Literario III

Rincón Literario

 

Literatura con humor

                                                                                                       Cr. Isaac Markus

 

Ephraim Kishón (1924-2005), fue un prolífico escritor de textos humorísticos. También fue cineasta, siendo el primer director de cine israelí cuyas películas fueron nominadas al Oscar y ganaron el Globo de Oro. Transcribimos a continuación uno de sus cuentos:

 

Choque de titanes

 

—Así es, Weissberger: usted no entra al cuadrilátero por la vía normal, sino saltando sobre las cuerdas como un joven leopardo.

—¿Por qué?

—Porque usted es el “Terror de Tánger”, Weissberger, ¿cuántas veces tengo que decírselo? Por supuesto, los espectadores lo abuchearán, a lo cual usted hará un gesto obsceno hacia ellos y pegará a uno que está en el ring-side. El pobre diablo caerá con la nariz rota.

—¿Está seguro?

—¿Qué quiere decir seguro? Para esto se le paga. También, comportándose como el rufián que es, usted empuja al referee a un lado y él cae al borde del ring.

-Pobre tipo.

—No le tenga lástima, Weissberger, recibe el tres por ciento de la taquilla. El lo amonestará, pero usted sólo se reirá y le mostrará el puño. Entonces un espectador excitado le tira a usted una botella de coca.

—¡Oy vei!

—No se preocupe, Weissberger, no dará en el blanco. No es la primera vez que arroja botellas para mí. Los agentes en seguida lo sacarán del recinto.

—¿Se puede confiar en ellos?

—No sea tonto, ayer ensayamos dos veces con la policía. Ahora hablemos de nuestra lucha brutal. Desde el vamos usted ignorará las más elementales reglas de corrección deportiva.

—¿Por qué?

—Escuche, Weissberger, ¿usted quiere convertirse en un luchador profesional o quiere seguir de mendigo toda sus vida? Usted me arrancará las orejas de raíz y yo rodaré como una salamandra herida. Luego usted me maldice en árabe…

—¿No podría ser en idish?

—Dios libre. Usted olvida, Weissberger, que es el “Terror de Tánger”. Usted me maltrata de la manera más horrible. Una mujer se levantará en la segunda fila y comenzará a chillar: ¡No puedo seguir viendo esto! ¡El árbitro ha sido coimeado por el “Terror de Tánger!

—¡Mentira!

—No sea idiota, ella es la esposa del referee. Hay que organizar las cosas de antemano. El árbitro tratará de separarnos, pero usted le agarrará la cabeza entre las sogas y le arrancará los pantalones. Se morirá de vergüenza. El médico diagnosticará un ataque cardíaco.

—¡Dios mío!

—Weissberger, por amor a Dios, deje de quejarse. El médico también ha sido apalabrado. Mientras traen un nuevo árbitro al cuadrilátero, los espectadores lo abuchean de todos lados. Usted hace un gesto obsceno y saca la lengua.

—¿Es necesario?

—Es la costumbre. Luego los refuerzos de policía llegan a paso redoblado.

—¿Ellos también están… arreglados?

—Por supuesto. A esta altura nuestra lucha se vuelve bestial, usted mete los dedos eein mis ojos y los arranca…

—No me siento bien… quizás otro podría…

—Weissberger, sea hombre. ¿Usted sabe lo que es estar desocupado?

—No me gusta la violencia. Sólo soy gordo.

—Sin violencia, ¿cómo puede esperar ganar?

—¿Ganaré?

—Dije “esperar ganar”, muchacho. El “Terror de Tánger” no puede ganarle a Sansón Ben Porat. ¿Está loco, Weissberger?  Verdad, usted estará sentado sobre mí un rato, torciendo mi pie y causándome un dolor espantoso, pero cuando el nuevo referee llega a contar hasta nueve, le daré repentinamente una patada tremenda…

—No… no.

—Está en el libreto, Weissberger. Usted volará unos seis metros y se encontrará enmarañado entre las sogas, entonces y le salto encima y buum! Hea! lo liquido, mientras los gritos y los aplausos sacuden los cimientos. El referee me declara ganador y entonces usted pierde el control y le tira una silla.

—¿Una silla?

—Sí, habrá una silla en el rincón especialmente para este fin, con tachuelas de hierro.

—Muy bien.

—Espere. La silla tendrá que golpear a un viejo sentado en medio de la platea, a lo cual la turba enfurecida inundará el ring y lo linchará a usted, gritando: -¡Eres un toro hediondo, Terror!

—¡Mamá!

—Weissberger, ¿comienza otra vez? Nada le pasará, se lo prometo. ¿No se da cuenta que el público también está arreglado de antemano? Saben que tienen que lincharlo cuando el viejo recibe el impacto de la silla. ¿Está claro?

—Muy claro. Pero quizás alguien podría descubrir que todo está… arreglado

—¿Qué quiere decir con quizás? No puedo esperar pasivamente hasta que alguien lo descubra. He cuidado que la policía proceda contra mí por engañar al público.

—¿Esto también está planeado?

—Por supuesto. Necesitamos a la prensa, muchacho, no puedo confiar en milagros. ¿Otra pregunta más?

—Sólo una: si todos saben que es un fraude, ¿por qué vienen? Veinte mil personas…

—¿Qué quiere decir “por qué vienen”?  Les gusta el deporte, Weissberger, les gusta el deporte.

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