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Esteban Valenti y la primera autocrítica valiente del FA por Ancap

Esteban Valenti y la primera autocrítica valiente del FA por Ancap

Esteban Valenti

03.01.2016

Me iba a tomar unas semanas de vacaciones, para descanso de mis lectores. Es imposible. Tengo que comenzar el año, con una de las tareas más ingratas que existen: pedir perdón.

A nombre propio, porque no tengo investidura institucional o política para escribir a nombre de nadie, les pido perdón a todos los uruguayos por la gestión de mi gobierno en la principal empresa del país, en ANCAP.

Perdón, porque un gobierno por más diferencias que tenga en su seno, no puede lavarse las manos de la gestión y el control de una empresa que en 3 años perdió 800 millones de dólares. Y faltan las pérdidas de este año. Y 4 años son muchos y suficientes para tomar las medidas necesarias para corregir el rumbo.

Perdón porque sin empresas públicas bien dirigidas, con sentido estratégico, como parte del proyecto nacional, con un plan de inversiones adecuado, bien ejecutado y controlado, no hay crecimiento sostenible, ni Uruguay, productivo, ni Uruguay social, ni un país de primera, ni de segunda.

Perdón porque nadie debe ni puede lavarse las manos - aún que las responsabilidades sean muy diferentes - de la gestión de las empresas públicas, no se lo toleramos a blancos y colorados cuando explotaron escándalos en tantas circunstancias y menos que menos deberíamos permitir que suceda en nuestros gobiernos.

Perdón, por no haber sido yo más enérgico con mis planteos sobre el tema ANCAP con anterioridad.

Perdón, no solo por la enorme cifra de 622 millones de dólares que hace bastante tiempo le dimos los uruguayos a ANCAP más lo que tendremos poner en diversas formas para que siga existiendo y que ahora se llama "recapitalización" o el nombre que algunos quieran ponerle, como si las palabras pudieran ocultar las montañas.

Perdón por no haber actuado con corazón y cabeza de izquierda cuando gastamos millones de dólares innecesarios, en publicidad, en producir perfumes, en fiestas fastuosas, en intermediaciones financieras inexistentes, en adelantarle dinero a una empresa de camiones brasilera para sacarle el trabajo a nuestra gente. ¿Alguien tuvo con nosotros semejante generosidad?

Perdón, por no actuar con rigor republicano al contratar en forma directa una consultora para mejorar el negocio del Pórtland, pagarle 7 millones de dólares y seguir perdiendo dinero, luego de renovar varias plantas y además seguir perdiendo dinero durante tres años mientras el sector privado que produce pórtland en el Uruguay gana a cuatro manos.

Perdón por acumular una deuda de más de 2 mil millones de dólares con el mismo perfil y los mismos errores que se cometieron en anteriores gobiernos blancos y colorados. Perdón por no haber aprendido casi nada.

Perdón, no solo por los profundos errores y horrores materiales, sino por hacer la mayor contribución en décadas al ataque a las empresas públicas por parte del liberalismo más despiadado, de los que claman a gritos por la liquidación de esas empresas públicas.

Perdón por atentar contra las ideas de izquierda y en un momento tan delicado en la región contribuir a que las ideas de los buenos gestores deben ser profesionales, privados y de derecha, olvidando que salieron de las principales universidades, eran privados y de derecha los banqueros que hundieron la economía mundial desde el 2008 y a Europa la siguen atormentando. Perdón por el ataque a nuestras ideas.

Perdón por creer que basta con proclamarse de izquierda para ser de izquierda.

Perdón porque el tema ANCAP recién comienza y nos consumirá una parte importante de nuestras energías y si no tomamos medidas urgentes, que no sean solo poner plata y créditos avalados por el estado, seguiremos mal, muy mal. Porque el mensaje de inmovilidad que estamos transmitiendo, es el peor de todos.

Perdón porque los cambios en los sillones del poder a los diversos niveles del estado sean tan traumáticos a pesar de que proclamamos humildad, república y el sentido popular y la igualdad de oportunidades. Los uruguayos comunes, los que afrontan la vida con su trabajo y su esfuerzo no reciben el mismo tratamiento, si se equivocan deben afrontar sus responsabilidades. También por esa enojosa diferencia, perdón.

Perdón por desconocer la mejor tradición frenteamplista y poner al frente de las empresas públicas, gente sin ninguna credencial o experiencia en administrar un kiosco simplemente porque son nuestros. Si no remediamos eso en forma urgente a nivel de directores y de gerentes con alta especialización, volveremos a tropezar con la misma idéntica piedra.

Perdón al pueblo frenteamplista, por el nivel de nuestro debate, por comprometer décadas de esfuerzos, por mentirles, por decirles verdades a medias y al 10%, por menoscabar los valores fundamentales que nos vieron nacer, luchar, resistir, reconstruirnos, ser amplios con todo, menos con las injusticias y las inmoralidades. Y en estos episodios hay muchas injusticias y amplias zonas grises.

Perdón, por no tener en forma colectiva y unánime y de acuerdo a nuestros valores, el coraje de hacer una autocrítica seria y profunda, para mirar hacia delante con claridad y fortaleciendo nuestra identidad, que no deberían ser ni las candidaturas, ni los intereses personales, ni los intereses sectoriales.

Perdón por exhibir el deplorable espectáculo de distribuir culpas entre compañeros y sobre todo y, aunque algunos no se hayan dado cuenta, acusar a todo nuestro gobierno, comenzando por el propio presidente de los errores e ineficiencias en su gestión y sus responsabilidades. Y hacer el ridículo expuesto para defender esas tesis. Perdón por la vergüenza ajena.

Perdón, por los muchos compañeros y compañeras que en cargos de gobierno que cumplen sus obligaciones, con entusiasmo, con profundo sentido de izquierda y de servicio a la gente y que no se merecen ser afectados por este salpicadero.

Perdón a los frenteamplistas de a pié, porque de esta situación no hay ningún sector que gane nada.

Perdón porque aunque hay responsabilidades diversas, todos los frenteamplistas tenemos las nuestras y es obligatorio reconocerlas. No sólo porque estamos administrando la plata de todos los uruguayos, sino sus esperanzas, sus ilusiones, sus certezas, sus confianzas y sus sueños posibles. Eso es gobernar para la izquierda.

Perdón, de un frenteamplista, que se sigue sintiendo profundamente frenteamplista.

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