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Esteban Valenti, los emprendimientos de las PYMES son imprescindibles, miren Corea...

Esteban Valenti, los emprendimientos de las PYMES son imprescindibles, miren Corea...

Esteban Valenti

N de R Excelente Esteban Valenti; y muy valiente tu planteo

Qué fácil es disparar sobre los prejuicios y las generalidades. Así, dicho sobre dicho se trata de instalar que los empresarios, así genérico, todos o la inmensa mayoría son unos avaros y unos insaciables acumuladores de riqueza. Es una gran falsedad, no todos son, o somos, iguales.

Este artículo no es una defensa genérica de los empresarios, los debe haber como en todos los sectores de la sociedad, buenos, medianos y malos, pero existen porque la economía está organizada de una determinada manera. Si no existieran, como algunos - me incluyo - alguna vez soñamos, todo debería ser administrado por el estado. Y esa es la garantía del más absoluto fracaso, como en la URSS, en Corea del Norte y en largos periodos en Cuba. Hasta un kiosco era propiedad de la enorme pirámide del estado omnipresente, omnipotente y omni ineficiente. Y así nos fue.

En el caso del Uruguay me quiero referir a los micro, pequeños y medianos empresarios, que son la abrumadora mayoría de los empresarios de este país. Trabajan igual o más que sus empleados en la inmensa mayoría de los casos, arriesgan todo lo que tienen, tienen que afrontar todos los cambios y avatares de sus negocios y reciben muy, pero muy pocos incentivos. Al contrario.

Me sucede a mí con Uypress y a Selva, mi compañera, con su agencia de publicidad.  A veces nos sentimos agencias recaudadoras del estado y poco más. Hacemos todos los razonamientos sobre lo importante, lo fundamental que es pagar los impuestos, las cargas sociales al BPS, los impuestos municipales, las tarifas públicas y al final del mes hay que hacer malabarismos de todo tipo para subsistir. Sí, para subsistir.

Y todavía hay que sentirse decir muy sueltos de cuerpo que los empresarios somos muy avaros. Hay grandes empresarios muy avaros, hay bancos, en esa trágica fractura entre el capital financiero, el mercado financiero y el resto de la economía y sobre todo la economía productiva. Pero en la gran, la abrumadora mayoría de esa parte de la población que son, que somos, micro, pequeños y medianos empresarios, la avaricia está bastante lejos de nuestros defectos o virtudes.

¿Si no existieran los empresarios como funcionaría el país? Esa pregunta es absolutamente tan válida de la otra ¿Si no existieran los trabajadores, cómo funcionaría el país?

Si no existiera gente dispuesta a emprender, a invertir de su bolsillo capital y trabajo, propio y familiar el país no funcionaría, iríamos barranca abajo. Y cuando a esa gente se la acosa y se intenta hacerla sentir culpable de los males nacionales y de las peores injusticias, no se está desplegando una batalla ideológica o política, si está haciendo circo, bajando el debate al nivel del sótano.

Utilicemos por un instante nuestra empobrecida imaginación y proyectemos un país sin empresarios. No es difícil dibujar un panorama de desbarranque general, aunque algunos sigan aferrados a la idea que la liberación del hombre de la explotación es la estatización total de la economía, la política, la sociedad, la cultura y las almas. No hace falta ni imaginarlo, allí tenemos la resplandeciente Corea del Norte y su líder el gordito sanguinario de Kim Jong-un.

Ese tipo de liderazgos en sociedades estatizadas hasta la tragedia no son un accidente, son una consecuencia inevitable, es el dios del mercado substituido por el dios del régimen. Kim Jong-um y su padre, su abuelo y su hijo.

El capitalismo, como no lo fue ninguna de las anteriores formaciones socio-económicas de la historia, será eterno, pero sería una tragedia sin fin que involucionáramos hacia alguna forma de concentración absoluta del poder con el nombre que se le quiera poner o inventar, la única forma de progreso posible será siempre más libertad, más capacidad de los seres humanos de convivir pacíficamente y democráticamente y la posibilidad de las más variadas formas de conquistar la más esquiva de las condiciones, la felicidad.

Comencé mi vida laboral y la seguí durante muchos años en una cooperativa, primero Codarvi y luego IPS y sé que es una de las formas de organizar la producción y la vida en sociedad más compleja y llena de desafíos de todo tipo. Sé también que hay múltiples experiencias, exitosas y desastrosas. Y que las que funcionan son las que sus integrantes se la juegan como trabajadores, productivos y responsables, pero también como empresarios, inteligentes y profesionales. Y que en muchos casos las dádivas del estado son una forma de matar el cooperativismo y las empresas de propiedad social. También sobran los ejemplos de desastres colectivos. Un buen ejercicio político, estatal, académico y comercial sería analizar las causas de esos fracasos.

Pero lo que sí está claro que sin emprendedores de buena calidad, no hay posibilidad de progreso, de avance, de crecimiento y de mayor justicia social. No es automático, pero lo que ha quedado demostrado que los micro, pequeños y medianos empresarios trabajan e innovan y producen mayoritariamente para el mercado interno, aunque es creciente el sector que se incorpora a la exportación o a la oferta de servicios para el exterior o para extranjeros, pero la prosperidad de sus emprendimientos depende de cómo le vaya al conjunto de la sociedad uruguaya.

Los que claman por más impuestos al barrer, los que hablan pestes de la avaricia de los empresarios, los que consideran que la lucha ideológica es tan simplota que alcanza con levantar un alto muro y cercar a los emprendedores y levantar todas las virtudes de los laburantes, están muy equivocados. Profundamente equivocados, ese esquema no funcionó ni funcionará en ningún lado.

En Cuba luego de medio siglo de estatismo total, ahora promueven los emprendimientos privados, es decir surge una incipiente burguesía, que siempre es mejor que millones de empleados públicos cada día más ineficaces y más burocráticos y con menos contenido de trabajo o cientos de miles de nuevos pobres y desocupados. Reflexionemos.

Lo que hay que preguntarse es qué se hace desde el Estado por ese amplio sector de la sociedad que son la inmensa mayoría de los empresarios. Nos falta muchísimo.

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