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La Colonia judía 19 de Abril en Paysandú.

La Colonia  judía 19 de Abril en Paysandú.

 

Una experiencia de colonización agraria judía: la Colonia 19 de abril de Paysandú.  Por Ramón Oxman ( Hoy es Historia, número 13, Diciembre de 1985).

 

 

A modo de explicación.
 
Recuerdo, en mi juventud, los cuentos que nos hacía mi padre en largas sobremesas, sobre su experiencia vivida en sus años mozos en la Colonia “ 19 de Abril” de Paysandú. Recuerdo, también, con cuanto calor encaraba su relato a pesar del escaso público que mostraba cierto interés por el tema.
 Este tipo de relatos, no cesó con el tiempo, puesto que yo, más adelante, interesado en las disciplinas sociales, le inquiría más y más sobre lo que, entonces llegué a comprender se trataba de una experiencia insólita en nuestro país: la de inmigrantes judíos provenientes de la Rusia zarista abocados a la colonización agrícola.
 Es cierto que en los países vecinos, especialmente en Argentina y en Brasil, experiencias de este tipo ya eran habituales. Incluso desde el siglo XIX. Pero nada de esto había pasado en el Uruguay.
 Estaba pues en presencia de un hecho socio-histórico original. De ahí que las preguntas, cada vez más a fondo en vida de mi padre, apuntan a dejar en claro algunos puntos en los cuales prevalecían las dudas.
 Creo que mi padre intuía al final, que sus cuentos podrían plasmarse en algún relato a mi cargo.
   Para concretar esa idea, me contacté con otros integrantes de la Colonia y consulté acerca de alguna bibliografía, documentos oficiales y períodicos de la época, para confirmar y robustecer los diversos relatos orales de que disponía.
  Quienes poco tiempo después se convertirían en los fundadores de la Colonia 19 de Abril salieron del puerto de Bremen en barcos alemanes y brasileños, debiendo realizar el cruce del Océano Atlántico en precarias condiciones de higiene y hacinados en cubiertas y bodegas.


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 Su destino eral la Colonia “ Quatro Irmaos” en Río Grande do Sul, Brasil.

 En 1913, el Itaúba, barco brasileño destinado a este tipo de transporte, desembarcó en el Puerto de Pelotas a un importante núcleo de inmigrantes judíos que llegaban a la Colonia antes mencionada. En sus brazos, una joven madre judía descendió con un niño nacido en travesía. 
Instalados los inmigrantes en la nueva colonia, pronto apreciaron las dificultades a que debían enfrentarse: el clima agobiante, las lluvias tropicales, la escasez de tierras aptas para la agricultura y ganadería, ya que la mayoría de ellas eran fundamentalmente selváticas, con sus consiguientes peligros derivados de la proliferación de ofidios, insectos y demás plagas. No obstante, ese era su nuevo destino y la mayoría acató resignadamente por lo menos en lo inmediato, lo que el presente les deparaba. Otros optaron por seguir a la Argentina a donde las condiciones aparentaban ser más propicias.

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 A comienzos de 1914, los inmigrantes comenzaron a pensar en un destino mejor hacia el que orientar sus expectativas. Enterados de que en el Uruguay se ofrecían tierras y facilidades a los inmigrantes, se acordó el envío de un representante a Montevideo para realizar las averiguaciones del caso. La respuesta resultó favorable y diversas familias se dispusieron a aceptarla.

 En definitiva, unas 45 familias, cuyas edades paternas oscilaban entre los 25 y los 45 años y una extensa prole promedial de 4 hijos por familia, más un pequeño núcleo de jóvenes solteros, se convirtieron en los acreedores de la nueva propuesta.

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A comienzos de 1915, tomaron un tren que los llevó hasta Santa Ana de Livramento. En ese entonces no se exigía trámite alguno para ingresar al país, los inmigrantes que pudieron abonar sus pasajes abordaron un nuevo tren, mientras que los demás, los jóvenes, iban caminando por la vía o viajando clandestinamente. Después de recorrer el norte del país en dirección al litoral, los viajeros se dividieron en dos: unos quedaron en la Estación Porvenir y otros siguieron a Paysandú. En esos lugares descendieron cansados y hambrientos.
 Fueron instalados provisoriamente en galpones municipales, a la espera de la finalización de los trámites burocráticos que le permitiesen llegar hasta la futura Colonia. En conjunto sumaban unas cuatrocientas personas, cuyo rasgo común lo constituía la indigencia extrema.
 La prensa lugareña, concretamente El Telégrafo, se hizo eco de este acontecimiento y dada la extrema pobreza reinante, promovió una colecta de ayuda a los rusos israelitas, a los que calificaba de “ pobre gente”. De inmediato, una nueva colecta, esta vez organizada por la “ Liga de Damas Católicas, permitió llevarles alimentos.
 Los nuevos inmigrantes, especialmente los mayores, tenían una sólida formación religiosa. Por lo demás, la mayoría procedía de lugares donde su vínculo con ciertas formas de explotación agrícola era evidente. Finalmente, sabían leer y escribir el Yiddish, o como mucho, algunos hablaban en polaco, ruso o rumano, que eran conocidos por los inmigrantes de Besaravia. Cabe imaginar, pues, el difícil trance vivido por los inmigrantes, que a su turno debieron convenir y firmar los acuerdos consistentes en compromisos de compraventa con garantía hipotecaria de la tierra que se les adjudicaba y que debían pagar en treinta años.
 No obstante, el deseo de acceder a la tierra, trabajarla y obtener de ella sus frutos, los animaba. No cabía en sus mentes esperanzadas, entrever las consecuencias de los compromisos que entonces asumían, ni presagiar lo que en definitiva les depararía el destino.
 Pero asi fue. Y a la mañana siguiente, los inmigrantes abandonaban los galpones en los que habían pasado varios días, viviendo de la caridad pública. Desde la Estación Porvenir fueron transportados en carretas, recorriendo siete tortuosos kilómetros por camino de tierra, que los dejaría finalmente en la Colonia “ 19 de Abril”.
 El estanciero José Eyheravide Mendisco, se mostró dispuesto a vender unas cuatro mil hectáreas en Paysandú, cosa que se concretó mediante escritura del 17 de abril de 1914. Lamentablemente, la Comisión Asesora de Colonización destinó parte de la cuatro mil hectáreas para atender compromisos con colonos que se establecieron en las cercanías de la Estación Porvenir y trescientas hectáreas más para ocho chacras en la vecina Colonia Esperanza. El resto de la tierra, bastante menos de lo esperado, se destinó a la Colonia 19 de Abril.

En las proximidades de esta tierra nace el Arroyo San Francisco, el que corre de este a oeste serpenteando mansamente las ondulaciones del lugar, hasta desembocar finalmente en el Río Uruguay, a unos pocos kilómetros de Paysandú.

Sobre la orilla sur del San Francisco, distante unos siete kilómetros de la Estación Porvenir y treinta y cinco kilómetros de la ciudad de Paysandú- el centro urbano más próximo- en tierras bañadas generosamente por pequeños arroyos y cañadas, aunque algunas excesivamente arenosas, los inmigrantes judíos iniciaron su nueva experiencia colonizadora.
Al llegar los nuevos habitantes al destino, no existía allí absolutamente nada en que hubiera intervenido la mano del hombre. La tierra desgastada por la erosión, ofrecía alternativamente pasto virgen y paja colorada, además de las abundantes variedades de la fauna y flora del país.
Casi sin ayuda oficial- solo se les dio un arado de mancera y dos bueyes por cada dos chacras y semilla para los primeros cultivos.
Los colonos se abocaron inmediatamente a resolver las necesidades más acuciantes del momento, levantar un techo, obtener alimentos y agua para sí y para los animales: proporcionarse madera para construir los muebles y útiles esenciales; buscar leña y bosta de vaca para encender el fuego, establecer los límites de los lotes previamente adjudicados, divididos y amojonados por las autoridades oficiales.
Si nos detenemos en la enumeración detallada de los primeros problemas que los colonos debieron afrontar, no es, por cierto, para poner de manifiesto una aventura épica plagada de dificultades, sino para constatar- una vez más- la falta de tino práctico con que el gobierno encaró el aluvión inmigratorio que promovió pero luego no sustentó.

En abril de 1915, a poco de instalados, el comisario de la Colonia anunció que dos ministros- los Doctores José Espalter y Juan José de Amézaga- en gira por la zona, realizarían una reunión con los colonos en la Estación Porvenir.

 Las primeras cosechas no fueron satisfactorias, debido a la inoportuna presencia de la langosta, pero en diciembre de 1917 “ El Telegrafo, indicó que las siembras se estimaban en tres mil hectáreas y que el rendimiento de la cosecha era bueno, pero antes y después la realidad los llevó a enfrentarse a la baja productividad en la mayoría de las chacras, consecuencias de las características arenosas de la tierra, a lo que hubo que sumar la escasa superficie de los predios- que en definitiva osciló entre un mínimo de treinta y un máximo de setenta hectáreas. A ello debió agregarse una falta absoluta de asesoramiento técnico. En las condiciones de producción anotadas, era obviamente muy limitado el producto obtenido, con el agravante de que una parte de las cosechas- fijadas en 25%- debía pasar puntualmente a favor del Banco Hipotecario en pago de las deudas contraídas.
 Las viviendas que levantaron los colonos fueron de gran modestia, habida cuenta de la escasez de recursos técnicos y materiales que dispusieron. De ahí que se construyeran ranchos a imagen y semejanza de aquellos que alcanzaron a conocer los inmigrantes durante su peregrinación por Rio Grande do Sul. Concretamente, cada familia debió construirse su techo, pero en el ínterin vivieron en galpones de Estación Porvenir, apelando para ello a los únicos materiales que ofrecía el medio rural, troncos, maderas, barro y paja.
 Puesto que los predios adjudicados estaban dispuestos en forma de damero, la solución fue construir las viviendas en los ángulos más próximos. Esto permitió formar pequeños grupos de vecindad.

En 1916, apenas un año de instalados en la Colonia y con problemas básicos aun sin resolver, se elegía un improvisado lugar con apenas dos paredes y unos bancos de tablones como único mobiliario. Poco después, debido a las inclemencias del tiempo invernal, la escuela comenzó a funcionar en un lugar más cómodo del galpón del colono José Wolman. El primer maestro que debió cumplir esta tarea fue David Porto. Disponía para ello de pizarrón y bancos en desuso que le había cedido el Consejo de Educación Primaria de Paysandú. Era este maestro, apenas veinteañero y sin formación previa. Inmigrante el mismo, tenía buen conocimiento del Yiddish y el hebreo bíblico. En 1919, el maestro fundador abandonó la Colonia trasladándose a vivir a Buenos Aires. Lo subrrogó en esa tarea mi padre Alberto Oxman. Otros maestros fueron Jacobo Zudiker, Jacobo Beler y Jorge Klatskin. En 1921, el Comisario volvió a recorrer casa por casa, anunciando que en las proximidades de la Estación Porvenir se había construido la Escuela Rural número 47- la Escuela Corti- por el nombre del almacén cercano. A ella debían concurrir todos los niños mayores de seis años. La tarea educativa estuvo a cargo de la recordada maestra Ercilia Juana Vidart. Luego se instaló en la Colonia una Escuela a cargo de Victoria Ferrigno.

 

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