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SHOSHANI: GENIO, SABIO Y LEYENDA

SHOSHANI: GENIO, SABIO Y LEYENDA

SHOSHANI: GENIO, SABIO Y LEYENDA[1]

 

Dra. Violeta Raquel Beitler[2]

 

¿Quién era ese misterioso sabio judío, ese peregrino, ese sabio talmudista?

¿De dónde venía, hacia dónde iba?

¿Quién era este hombre tan enigmático, tan místico,  que se convirtió en leyenda?

Lo único que podemos afirmar con certeza es que el gran maestro del Talmud, Shoshani, vivió sus últimos  años  en Montevideo y qué murió en nuestro país. (Sin haber consenso si fue en Durazno,  o si fue en Montevideo, si bien según vagos recuerdos de diálogos en mi casa, pudo haber sido en el Palacio Durazno, en una pieza del edificio dónde probablemente vivía, en Montevideo, en la calle Durazno1025, un viernes a la noche, luego de un seminario de la Beney Akiva, el 26 de enero de 1968 (fecha hebrea 26 de Tevet de 5726). Según la tradición judía quien muere en shabat, tiene santidad y le es más fácil para el alma el ascenso celestial y no necesita los once meses  para atravesar los siete niveles del cielo.

Su tumba, desde entonces  es la más visitada del Cementerio Israelita de La Paz (situado en el Departamento de Canelones). Testimonio de los visitantes que vienen a orar allí, procedentes de distintas partes del mundo, son las clásicas piedritas y el abundante cebo de velas que he visto sobre su lápida con mis propios ojos.

Fue notorio en estos días, que un ex discípulo francés vino a morir al Uruguay para ser enterrado próximo a su maestro. Dicen que falleció abrazado al libro del periodista francés Salomón Malka, “Monsieur Shoshani, el enigma de un maestro del siglo XX”. Para mi es llamativo que su deceso ocurra en el mes que se cumplen los primeros cien años del cementerio, el cual fue inaugurado el 28 de noviembre de 1917 con la trágica historia de una familia que perdió dos hijos jovencitos  en un breve período; primero murió una hija que fue enterrada en el Cementerio Británico y luego que en un breve lapso  muriera su hermano, ambos inauguraron trágicamente el cementerio, cumpliéndose de esta manera la normativa judía que exige la presencia de por lo menos dos cuerpos según la Halajá (Ley judía).

Me llama la atención que estas tumbas con una historia tan interesante, no sean visitadas, a diferencia de la tumba del maestro, que convoca tanta gente desde su muerte, e invita a orar allí.

Dicen que la lápida del profesor Shoshani y su epitafio corrieron por cuenta de su dilecto discípulo- y premio Nobel de la Paz 1986-, Elie Wiesel (1928-2016). Este gran escritor judeo- rumano, sobreviviente de las barbaries del Holocausto, describió como pocos los horrores sufridos en los campos de exterminio y la matanza de seis millones de judíos. Fue un gran defensor de los derechos humanos. Wiesel reconoció la influencia de su maestro espiritual Shoshani en su obra, como uno de los más influyentes. Fue su discípulo entre 1947 y 1952. Lo conoció en 1947, al verlo sintió como estar frente al profeta Elías (Creencia  popular judía del advenimiento del mismo en  las festividades judías)  tal era, la fuerza de la imagen que trasmitía. Wiesel lo describe como un vagabundo que vivía  en las sombras  y que  todo lo sabía. En 1964 publicó un relato titulado “El Rabino, una leyenda moderna” donde escribió: “Nadie sabe su nombre, ni cuántos años  tiene. Quizás no tenía nombre, quizás no tenía edad. Tenía el hábito de aparecer y desaparecer sin dejar rastro. Daba la vuelta al mundo sin dinero, sin papeles. Nadie sabía cómo. Él estaba sucio y vestido de harapos y parecía un vagabundo…”. “Shoshani sabía todo, pero siempre vivió en las sombras. Leyó todos los libros, penetró todos los secretos, atravesó todos los países.  Él estaba en todas partes y en ningún lado. Nadie sabía dónde vivía; no lo regía ninguna ley, tiempo ni lugar”. Lo nombra también en el capítulo 10 de su libro “Leyendas de nuestro tiempo”, describiéndolo como un vagabundo y en su libro más publicado, “La noche”: “Moshé Shames de Siguet era pobre y vivía miserablemente. No molestaba a nadie, era un maestro en el arte de hacerse invisible. Era torpe como un payaso, tenía  la timidez de un huérfano y sus ojos se perdían en la lejanía”. En la narración fue su primer maestro de  cabalá. En 1968 se despide de su maestro redactando el texto para su epitafio: El sabio rabino Shoshani de bendita memoria, su nacimiento y su vida están sellados en un  enigma.

El epitafio y el pago de la tumba y del lugar de la última morada, el que generalmente corresponde a los deudos, fue realizado por su discípulo. No se le conoció a Shoshani familia alguna,  ni mujer, ni hijos, ni hermanos. ¿Los tuvo, los perdió en un campo de concentración o nunca los tuvo? ¿Pudo haber sido un huérfano, cuyos padres hayan sido asesinados en un progrom por los bolcheviques de la revolución rusa? Junto a los  ancestros de mi marido y de millares de judíos y disidentes del régimen asesinados en algún progrom en Ucrania, comandados por el sanguinario Pietlura? ¿Sería esta la razón de su precipitado viaje hacia Palestina  en 1915 (territorio por entonces  bajo la égida del imperio turco otomano? ¿Explicaría esto su profundo conocimiento del Corán?

¿Cuál era el verdadero nombre de Shoshani? ¿Cuándo nació, en dónde?  Su nombre real y completo es desconocido. Nació a fines del siglo XIX, según algunas versiones, el 9 de enero de 1895, sin haber consenso sobre su lugar de nacimiento y el nombre recibido al nacer. Respecto al lugar de nacimiento, algunos dicen Lituania, otros norte de África (Marruecos) y otros Brest, en la actual Bielorrusia. Quienes sostienen esto concluyen que su nombre original era Hillel Perlman. Hay evidencia de que Shoshani según Elie Wiesel se llamó a sí mismo Mardoqueo Rosembaum, haciendo referencia alegórica al libro de Ester, a la ciudad persa de Susán, cuyo significado en hebreo es rosa, shoshana, y por deformación, Shoshani, persona originaria de Susán. El nombre con el cual ingresó a nuestro país, procedente del norte de África, fue Mardoqueo Bensusán. Si bien se dice que ingresó con una documentación falsa, según testigos uruguayos, ese ha sido el nombre con el que fue registrado en el cementerio. Existen quienes sostienen que ninguno de estos apelativos responden al verdadero, ya que jamás subió a la lectura de la Torá en Uruguay, instancia en la que no se puede falsear el nombre (datos brindados por  mi familia Szczerbaty). ¿Hoy acaso importa  su verdadero nombre?  Según el judaísmo, el nombre que más importa es el que uno se lleva al morir, que al nacer el nombre está como vacío y al morir uno se va con un buen o un mal nombre según  su accionar en la vida. ¿El gran maestro de Talmud ya atraviesa las barreras de lo real, lo imaginario, lo simbólico para instalarse definitivamente en la dimensión de la leyenda o ya araña la intangible dimensión del mito? donde el nombre ya no importa sino lo que realmente simboliza.

¿Qué sabemos de su infancia?

Sólo sabemos que ya desde niño, con el nombre de Hillel Perlman, demostró la extraordinaria capacidad de recitar de memora la Biblia y el Talmud y que su padre lo llevó de pueblo en pueblo demostrando con orgullo el impresionante conocimiento de su amado hijo.

¿Qué sabemos de su adolescencia?

Según Sholem Rosemberg (Profesor de Filosofía Judía en la Universidad Hebrea de Jerusalén), quien fuera su discípulo en Montevideo: “Shoshani llegó a Palestina en 1915, a la edad de 20 años, y estudio con el Gran Rabino Abraham Isaac Kook (fundador del movimiento religioso Benei Akiva), quien le escribe dos cartas de recomendación para un Rabino  de Estados Unidos, refiriéndose a su alumno inusual y brillante Hillel Perlman”.

Aparentemente, en la década de 1920 Shoshani vivió y trabajó como maestro itinerante en Estados Unidos, enseñando, Tanaj (Biblia, acróstico de Torá (Pentateuco), Nevihim  y Ctubim) y Talmud (Mishná y Guemará, siendo la Mishná, la explicación de la Torá y la Guemará, la explicación de la Mishná) y matemáticas y Guematria. Perdiendo su dinero durante el crack bursátil de 1929 vuelve a Europa.

Por la década de 1930, Shoshani estaba de vuelta  en Francia y luego de la Segunda Guerra Mundial se refugió en Suiza.

A finales de la década del 40, entre 1947 y 1952, daba clases particulares en Francia. Emmanuel Levinas (reconocido filósofo judeo-francés, 1906-1995) y Elie Wiesel aprendieron con él durante esta época, pero no juntos. Levinas también lo describe como un vagabundo  y reconoce la influencia de Shoshani en su obra. En su libro “Nueve lecturas talmúdicas”, confiesa que fue Shoshani quien despertó su profundo interés en el Talmud y por más que el judaísmo se basa en la Torá (Pentateuco), la Torá que importa es la que interpreta el Talmud. Afirmó, a su vez: “No puedo decir lo que él sabe, pero todo lo que sé, él lo sabe”. Dando cabal noción de la magnitud infinita del caudal de conocimientos de su maestro.  

En 1945 prepara para su Bar Mitzvá (Ceremonia judía de la mayoría de edad religiosa para el varón de trece años) al francés del inicio de este relato, quién se quedó profundamente impactado por su  imponente presencia.

Sobre la memoria prodigiosa de Shoshani y su sapiencia hay varias anécdotas. Cuentan que salvó su vida durante la época nazi, en París gracias a las mismas. Viéndolo circunciso, fue llevado como prisionero donde dijo ser musulmán. Fue llevado con un imán para confrontar los datos y luego de esta entrevista ese aseveró que el detenido era  musulmán y que sabía del Corán aún más qué el, entonces fue liberado y se refugió en Suiza. La otra historia es durante la misma época, en la misma ciudad  y al ser detenido como judío, él dice ser un profesor de matemáticas de una Universidad de Alsacia y el captor dijo ser también profesor de matemáticas en su vida civil, Shoshani pactaría con él entorno a un acertijo y si lo adivinaría salvaría su vida y luego se refugia en Suiza. La única versión que circuló en Uruguay fue la primera y condice con que el enseñaba el Corán. En Shoshani todo versa en un origen dual. No hay consensos, no hay certezas, es un enigma.

En la década del 50 vuelve a Israel, buscando de kibutz en kibutz techo, cama y comida a cambio de shiurim (clases de Biblia o Talmud). Son muy conocidas las anécdotas, de que apenas lo oían hablar, ya le daban un lugar, deslumbrando con su sapiencia, dejando así su impronta y despertando la luz de la Torá en quienes lo escuchaban.

¿Cómo llegó  a Israel en la postguerra?

En 1952 se publicó un artículo, en un diario de Israel, titulado: “Caras en el barco”, el abuelo del reportero, describió un grupo de pasajeros rumbo a Israel desde Francia. Recuerda que en el barco había mucha gente importante, profesores, jueces, cónsules, pero la figura más destacada, era ese judío llamado Bensusán y expresa: “(…) el hombre está descuidado en su aspecto exterior, vestido de harapos, pero no era un hombre ordinario. Este es un erudito de la Torá, de los que no abundan. Su conocimiento fluye como un manantial y sus extraños midrashim (clases de Talmud)  asombran los oídos y los corazones de sus oyentes y su habla es fluída en múltiples idiomas, es una persona erudita, un prodigio, es un genio”.

¿Que sabemos de la vida de Shoshani en Uruguay? ¿Cómo era, qué enseñaba, cuál era su método de enseñanza? ¿Cuáles fueron sus alumnos aquí?

Frecuentaba la Yeshivá (Casa de estudios religiosos) de la calle Maldonado, el instituto YAVNE (hoy Liceo Rodó, en la calle Andes), donde se reunía  la gente de la Benei Akiva los sábados, iba al Café Armonía, se cortaba el pelo en la peluquería de Jaime Wodovoz, creo que fue allí donde mi tío lo conoció.

 En mi casa y en la casa  de mis abuelos se hablaba poco del tema, pero se hablaba y a mí me intrigaba tanto misterio sobre su persona y sobretodo su fama de gran sabio y de su memoria prodigiosa. Recuerdo que sobre él  había un origen dual, un enigma. Mi tío materno, el Ingeniero Nathan Szczerbaty fue uno de sus más dilectos discípulos, junto al profesor de matemáticas Arnoldo Frenkel y el Contador Isaac Margulies, entre otros.

Todos sus discípulos sabían de su hábito de aparecer y desaparecer sin dejar rastro y de que le rondaba el misterio de su origen. Nadie conoció ningún familiar suyo, ni tampoco Shoshani jamás habló de su origen. Siempre lo mantuvo en secreto junto con su nombre y su edad. Nadie lo cuestionaba, con el  estudiaban Torá, Talmud y Cabalá, el resto no importaba. Registraba en su mente, de memoria  los textos bíblicos, talmúdicos y coránicos, que enseñaba a  sus discípulos y según estos dicen que durante sus clases el entornaba los ojos y hacía recitar algún versículo y que sí había un error, el abría los ojos y los sorprendía corrigiéndolos. Lo consideraban un gran sabio, un talmudista, un místico, un asceta. Sabían que durante la guerra vivió como un mendigo,  vagabundo y peregrino. Todo eso le daba un aire peculiar y mágico por aquél entonces. Sin duda era el personaje de la época dentro de nuestra colectividad.

Creó los seminarios de estudio en la Benei Akiva.

Fanny Ertag, una joven que fue a algunos de estos dijo de él: “Vuelvo a verlo, con sus gafas negras. Hablaba un hermoso hebreo. Su enseñanza versaba sobre el jasidismo, la cabalá y la filosofía judía. Se concentraba, cerraba los ojos y hablaba. Era una fuente que brotaba, ante la cual una no podía permanecer indiferente”.

 Isaac Margulies otro de sus alumnos de los seminarios cuenta-  durante una de sus clases sobre Derecho Talmúdico en la Facultad de Derecho,-  que el asistió durante varios años a las clases de Shoshani, a las cuales fue entre tres y cuatro horas por semana y estudió con él, el Libro de los Salmos, pero solo la parte que trata sobre el bien y el mal: “con cada uno de los versículos, la enseñanza se prolongaba durante semanas, desmenuzaba las palabras”. Con Shoshani estudió los Profetas del Urbán, los últimos profetas. Jerarquizaba la importancia de los últimos profetas bíblicos, especialmente Miqueas, remarcaba  su  gran importancia para los judíos y la humanidad.

 Según su discípulo A. Frenkel (durante una comunicación personal) estudiaban con Shoshani  los trece planos exegéticos de interpretación de la Torá (Pentateuco), que se resumen en cuatro: El literal, el simbólico, el alegórico y el oculto. Estos  planos a su vez, como aguas más profundas, a través del Talmud y del Zoar (Libro del Esplendor) se abren en los otros planos de interpretación, como ser el plano matemático de la Guimatria (Numerología) donde cada letra tiene un valor numérico, dándole otro sentido más profundo. Cada letra tiene poder dando lugar a otro tipo de entendimiento. El plano trece es el profético. (También el alfabeto hindú tiene valor numérico, así como el griego).

Shoshani daba clases de Salmos, de Los últimos profetas, de Torá, del Talmud, de  Jasidismo, de Cabalá y de Filosofía judía.

Usaba una metodología creativa y dialéctica, ese era el sello distintivo del estilo de enseñanza talmúdica del gran maestro Shoshani.  

Tenía acento sefaradí. Hay versiones en internet, de un rabino que vive en Israel y que fue su discípulo quien afirma, de su aspecto y acento sefaradí.  Elie Wiesel, teorizó sobre el origen marroquí en virtud de su ostensible aspecto y acento sefaradíes, yo me avengo a esta teoría, no obstante parezcan más veraces las versiones que sostienen su origen ashkenazi.

Es muy interesante, como quienes le conocieron lo describen de una manera similar y a todos los impactó con su presencia.

Coincide siempre la versión de tener una memoria prodigiosa, de ser políglota (hablaba español, inglés, francés, hebreo y árabe), hablaban de su ascetismo  y de su deslumbrante sapiencia  y su manera de enseñar, de ser una fuente del saber, un manantial de conocimiento inagotable, a pesar de su descuidado aspecto exterior, el cual desaparecía mientras hablaba.

  Hubo quienes pensaban que Shoshani, fue uno de los setenta justos (datos aportados por mi familia materna). Según la creencia popular judía, en cada generación hay setenta justos que sostienen al mundo para que este no sea destruido y cuando uno muere, puede haber un desastre natural, si no nace otro. Yo creo y pienso que si esta leyenda es cierta, Shoshani cumple con los requisitos, el origen sin tiempo ni lugar, el misterio, su aspecto desapercibido de vagabundo y peregrino y su mente preclara, generadora de aperturas de conciencia, siendo una lámpara de conocimiento.

A mi juicio la leyenda de Shoshani vivirá porque de algún modo él  fue uno de esos setenta justos y simboliza la luz de la Torá y del Talmud, que jamás se extinguirá. En mi consideración Shoshani fue un símbolo: él era como una Biblia y un Talmud  vivientes y eso lo rescata del olvido. En esta época en que las religiones han perdido valor y los mismos valores se han perdido y se han dado vuelta, la invisible presencia de Shoshani da luz sobre los valores de la educación judía  de los textos bíblicos, talmúdicos, cabalísticos e incluso los coránicos, rescatando los valores educativos de las tres principales religiones monoteístas. La poderosa  presencia de Shoshani  roza lo histórico, lo bíblico, lo esotérico, lo exotérico, lo místico abriendo un camino a la reflexión con el eco de su  sapiencia  y ayudando a expandir la conciencia por una senda de luz espiritual y de sabiduría.

 

Bibliografía:

 

Marcelo Gallardo. Vino a morir a Uruguay para ser sepultado junto al maestro.

Malka, S. Monsieur Shoshani. El enigma de un maestro del siglo XX.

Green, D (2017, noviembre 2017. El misterioso sabio que vivió y murió en Uruguay. Extraído de http://mensuarioidentidad.com.uy/internacional/shoshani-12-de-noviembre-de-2017

Green, D. Mensuario Identidad (2016, 26 de enero). Haaretz homenajea al gran Shoshani, fallecido en Uruguay. Extraído de http://www.mensuarioidentidad.com.uy/cultura/shoshani-26-1-2016

Margulies, I (2016, 25 de noviembre). Lo que aprendí con Monsieur Shoshani. Extraído https://www.youtube.com/watch?v=CHfS-oyFLwE

 

 

 



[1] Este artículo forma parte del libro en preparación denominado “Continuidad judía” (capítulo “Sabios contemporáneos”).

[2] Doctora en Medicina egresada de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República en 1988. Reperfilada como Médica de Familia. Médica del Ministerio de Salud Pública y ASSE Unidades 02 y 050. Escritora y poetisa. Mail: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla..

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