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¿Ha muerto D-os, o más bien ha muerto el hombre? (Erich Fromm).

¿Ha muerto D-os, o más bien ha muerto el hombre? (Erich Fromm).


Por Dr. David Malowany

 

La imitación de D-os.

 

El judaísmo, dice Erich Fromm (1900-1980),  más que un sistema religioso es un sistema ético  que exige a los hombres que actúen justa, veraz y compasivamente. En la tradición judía, la imitación de las acciones de D-os ha reemplazado el conocimiento de la esencia de este. Esta imitación debe intentarse siguiendo el modo recto de vivir, designado con el nombre de Halajá. La palabra tiene su raíz en la palabra hebrea Holej que significa caminar. Halajá es el camino por el cual se anda, que   lleva a una aproximación cada vez mayor a las acciones de D-os.  Lo que desde el punto de vista de la tradición judía importa es que el hombre cumpla la ley, no sus opiniones acerca de la divinidad.  Como dice el Talmud, “No te corresponde a ti terminar la tarea, pero tampoco tienes derecho a apartarte de ella” (Rabí Tarfón en PirkeiAvot II, cita 21). La  esencia del sistema religioso judío es  entonces la imitatiodei en vez de la teología. La naturaleza de la ley judía es muy evidente en el significado de la palabra Torah, que significa dirección, instrucción y ley. En la tradición que va desde la Biblia a Maimónides, conocer a D-os y ser como Él significa imitar sus acciones. Como dice Hermann Cohen, “el lugar del ser es ocupado por la acción; el lugar de la causalidad es ocupado por el fin”.

 

 

D-os: un gobernante sujeto a la constitución.

 

El Antiguo Testamento no fue escrito por un solo hombre, ni tampoco dictado por D-os, dice Erich Fromm.  Expresa el genio de un pueblo en su lucha por la vida y la libertad a través de muchas generaciones. Es un libro abigarrado, escrito, editado, compilado y recopilado por muchos en el curso de milenios, y que contiene en sí mismo una notable evolución. Al principio del mismo, D-os aparece como un gobernante arbitrario que puede hacer con sus criaturas lo que el alfarero hace con una vasija que no le agrada.Por ello, como el hombre es malo, decide destruir la vida en la tierra. Esta historia en su continuación, sin embargo, lleva al primer cambio importante en el concepto divino. Este se arrepiente de su decisión y decide salvar a Noé, a su familia y a todas las especies de animales. Pero lo decisivo es que D-os lleva a cabo un pacto con  dicho hombre. La idea  de dicho pacto  constituye de hecho uno de los pasos más decisivos en el desarrollo religioso del judaísmo, un paso que prepara el camino al concepto de la libertad completa del hombre, incluso respecto del mismo D-os.  Con la sanción del pacto, D-os y el hombre se convierten en asociados, transformándose la divinidad, de  soberano absoluto a monarca constitucional, consagrándose de esta manera  la libertad radical del hombre y la hermandad de todos los seres humanos.

 

 

Amar a D-os es aborrecer a los ídolos.

 

La historia de la humanidad  es la historia de la adoración de  los ídolos, desde los primitivos de arcilla y madera, hasta los modernos  que son el  Estado, la empresa, la producción o el consumo.  D-os, como valor supremo y fin, no es un hombre, el Estado, una institución, la naturaleza, el poder, la propiedad, la capacidad sexual ni ningún artefacto hecho por el hombre.   En la actualidad vivimos una ideología materialista que, explícita o implícitamente, niega los valores religiosos. La comprensión de qué es un ídolo comienza con la comprensión de lo que  no es D-os.  Las afirmaciones “yo amo a D-os, lo sigo y quiero asemejarme a Él, deben significar a su vez  que  yo no amo, sigo o imito a los ídolos. La adoración de la divinidad es la negación de la adoración a los hombres y las cosas.   ¿Existe realmente tanta diferencia en los antiguos sacrificios humanos que ofrecían los aztecas a sus dioses y los modernos que se ofrecen en la guerra a los ídolos del nacionalismo y del Estado soberano? 

 

¿Ha muerto D-os?

 

La mayoría de los hombres que viven en la sociedad industrial se han transformado en consumidores angustiados, vacíos y aislados, aburridos de la vida, compensando su depresión crónica con el consumo compulsivo. Cada vez más apegados a las cosas   en vez de estarlo a la vida y al crecimiento. Son hombres cuyo objetivo es tener mucho y usar mucho, no ser mucho.

 

¿Ha muerto D-os o ha muerto la experiencia a la que alude el concepto y el valor supremo que ella expresa?

 

Este parece ser el problema central del hombre en nuestro tiempo, dice el pensador judeo-alemán. Él corre el peligro de convertirse en una cosa, de alienarse más y más, de perder de vista los problemas reales de la existencia humana  así como el  interés en la respuesta a ellos. Si el hombre continúa en esa dirección morirá él mismo, y el problema de D-os, como concepto o como símbolo poético del más alto valor, dejará de ser un problema.

 

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