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Europa y su ingenuidad, Israel y su experiencia

Europa  y su ingenuidad, Israel y su experiencia

Llega la israelización de Europa?

Por Carmen Rengel, Madrid

 

Un soldado israelí con arma en un asentamiento israelí (2001) | © Ilya U. Topper / M’Sur

 “Si Bélgica sigue comiendo chocolate y disfrutando de la buena vida con su liberalismo y su democracia, y no entiende que algunos musulmanes están planificando actos de terror, nunca será capaz de luchar contra ellos”. La frase la dijo el ministro israelí de Transportes, Israel Katz, del partido Likud, en el Gobierno desde 2009. La débil Europa necesita espabilar para luchar contra el yihadismo, viene a decir, con desdén.

Europa busca a la desesperada un escudo mágico que impida nuevos atentados

Que ha habido errores, y de bulto, especialmente en los servicios secretos belgas, es innegable. Hasta el Gobierno de Bruselas ha hablado de “negligencia”. Inmerso en el desconcierto se busca a la desesperada un escudo mágico que impida nuevos atentados y se empieza a imponer una corriente dura de pensamiento: la de quien aboga por la israelización de la vieja Europa, defiende que sólo con el blindaje y el extremo celo se pueden prevenir más masacres, que Katz no está falto de razón y que sobra buenismo.

¿Es eficiente el modelo israelí como para copiarlo? ¿Es aplicable a este lado del Mediterráneo? ¿Y garantiza los derechos esenciales de los ciudadanos? No lo tiene tan claro Shlomo Brom, experto del INSS (Instituto Nacional de Estudios de Seguridad de Israel), que ha reconocido que “las amenazas son distintas” allá y acá. “En nuestro caso -dice- no nos enfrentamos a ataques tan planificados y organizados por células que se identifican con el Daesh o con Al Qaeda”. Pero el despliegue de vigilancia es enorme.

Control aeroportuario

El modelo de seguridad que desde Israel sugieren exportar es el del aeropuerto internacional Ben Gurión de Tel Aviv. Sus gestores sostienen que están recibiendo numerosas consultas de países y compañías aéreas para adaptar el sistema a Europa, especialmente desde los atentados de París del pasado noviembre. No es un blindaje reciente, sino una evolución desde los secuestros de aviones de los años 70. Pero con 16 millones de pasajeros al año, Ben Gurion es notablemente menor que focos como Heathrow en Londres (75 millones), Madrid Barajas (47 millones) o incluso Barcelona El Prat (40 millones) y se asemeja más al de Málaga (14 millones).

¿Dónde se ha alojado usted? ¿Dónde ha ido? ¿Qué ha comprado? ¿Tiene amigos palestinos?

El dispositivo cuenta con 11 puntos diferentes de seguridad, dispuestos en anillos, y el control de los pasajeros comienza unos tres kilómetros antes de la terminal. En el primer punto de control, nada más tomar el desvío al aeropuerto, hay unas garitas en las que personal armado pregunta quién va y a qué se va; se pide la documentación y dependiendo de la sospecha o del nivel de alerta, agentes y perros inspeccionan coches, taxis y hasta minibuses. Superado este control, se conduce hasta las distintas terminales y aparcamientos. El trayecto está vigilado con cámaras y se registran las matrículas de los vehículos.

Tanto en la terminal de salidas como en la de llegadas hay controles aleatorios varios metros antes de acceder al edificio principal. Hay agentes que examinan a los viajeros y acompañantes y piden que se muestre documentación o equipaje. Una vez dentro, la vigilancia es importante en la zona de llegadas y se dispara en la de salidas. Ahí comienza un proceso que no deja de recibir quejas por su arbitrariedad y severidad.

El personal de los servicios secretos se interna en las colas antes de la facturación, donde van preguntando uno a uno a los viajeros por sus planes, lo que han hecho en Israel. ¿Dónde se ha alojado usted? ¿Dónde ha ido? ¿Qué ha comprado? ¿Ha hecho solo la maleta? ¿Tiene amigos palestinos? ¿Ha contactado con alguno? ¿Con quién ha compartido habitación? ¿A quién ha contratado como guía? Son preguntas habituales.

Aunque se trate de un religioso de los que llevan 40 años en Tierra Santa, las preguntas no se agotan

El interrogatorio es mínimo si el interpelado es israelí – mejor dicho, judío: el caso de los árabes con pasaporte israelí es bien distinto- y extremamente intenso si viaja un palestino. Al haber destruido Israel el aeropuerto de Gaza y no permitir que se construya uno en Cisjordania, la única salida para los escasos palestinos con permiso de viajar el aeropuerto de Ben Gurión, o bien el puente Allenby que comunica con Jordania.

También se les interpela largamente a los extranjeros. No importa si se trata de un religioso de los que llevan 40 años en Tierra Santa. Las preguntas no se agotan. Los interrogados son marcados con pegatinas y códigos con los que se identifica su grado de “peligrosidad”: del 1 que se da a los israelíes judíos hasta el 6 reservado a los sospechosos a los que se les lleva al tristemente famoso cuartito.

Hasta 2014, superado este interrogatorio había que pasar un control del equipaje en máquinas gigantes. Ahora se manda abrir las maletas sospechosas -o cuyos dueños lo sean-, en una zona a la vista de todo el mundo y donde el interrogatorio se repite. Si se supera, a facturar. Si no, hay un espacio destinado a interrogatorios más largos, donde se mira cada objeto y cada prenda, e incluso se obliga a los viajeros a desnudarse.

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