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Gershom Scholem - Buber, una polémica sobre el jasidisimo.

Gershom Scholem - Buber, una polémica sobre el jasidisimo.

SCHOLEM – BUBER: UNA POLÉMICA SOBRE EL JASIDISMO

                                                        PSIC. Pablo Cúneo   

 

Intoducción

¿Qué sentido tiene traer al presente una polémica de hace más de 50 años sobre un tema místico religioso, en un mundo como el occidental donde Dios está en retirada? Dos razones me motivan a ello: la primera de ellas tiene que ver con la historia de las ideas en el marco de una tradición acotada como es la judía; la segunda, más amplia, tiene que ver con la condición del hombre occidental atravesado por la cosificación y despojado de casi todo lo que pudiera tocar algo del orden de lo trascendental de la vida cotidiana.

Mientras lo religioso se ha caracterizado en general por una escisión entre lo sagrado y la vida cotidiana regularmente marcada por el ascetismo, el hombre moderno ha conquistado y expandido el mundo secular a límites inimaginables. Si cómo en algún lugar se pregunta Scholem ¿cuál será la dignidad de un lenguaje del que se haya retirado Dios?, confiado de que solo los poetas pueden responder, ¿por qué pensar que estaría fuera del alcance del hombre moderno captar la metáfora que supone una tradición religiosa que intenta hacer de la vida cotidiana el espacio y actividad de la redención?

 En 1961 Gershom Scholem publicó una nota titulada El jasidismo de Martin Buber en donde lo critica por asumir sobre el tema una autoridad que Scholem se niega a concederle.

Martin Buber fue uno de los grandes intelectuales que abrió  la tradición jasídica al mundo occidental a través de sus textos,  compuestos fundamentalmente por relatos cortos y leyendas. La nota de Scholem pone en cuestionamiento la interpretación que hizo Buber de esta tradición.

Por un lado Scholem hace una crítica desde un punto de vista metodológico del uso que hizo Buber del material jasídico disponible, y por otro, de la propia evolución del pensamiento buberiano. Destaca que la interpretación del jasidismo que realizó se basa en las leyendas y cuentos cortos, tales como narraciones de hechos milagrosos y biografías que surgen años después del nacimiento del movimiento, dejando de lado todo el material teórico de comentario bíblico, homilías y otros textos producto de los pioneros del movimiento. Esta selección arbitraria va de la mano, según Scholem, de la evolución de Buber quien primero habría quedado impresionado por la esencia mística judía tal como se manifiesta en el jasidismo, para luego recalar en un existencialismo religioso tal como se manifiesta en textos como Yo y tú.

En esta segunda etapa de Buber, el énfasis no está puesto en la cábala como fuente del movimiento jasídico tal como esto se observa en los textos de elaboración teórica de sus fundadores, en esta segunda etapa  se lo resignifica a través del uso del material de leyendas, llevando a una visión más moderna y existencial del jasidismo. Señala que Buber no ignora la fuente fundamental que fue la cábala luriánica para el jasidismo pero considera que elaboró la idea de una nueva creación espiritual.

 Es en este sentido que en su crítica Scholem plantea que Buber presenta al jasidismo como un fenómeno más espiritual dejándolo de lado como fenómeno histórico.

Cito: “Es muy interesante advertir que en el curso de sus años, a medida que iba cobrando forma y volumen la existencialista y subjetiva ‘filosofía del diálogo’ de Buber, sus referencias a la literatura teórica del jasidismo comenzaron a debilitarse y hacerse más esporádicas….Aparentemente Buber juzgaba que dichas fuentes dependen demasiado de las obras cabalísticas primitivas como para considerarlas autóctonamente jasídicas. Y dependen en efecto de ellas. Muchas, y algunas de las más famosas, están escritas en el lenguaje del cabalismo…Evidentemente, los autores jasídicos no creían en modo alguno romper con la tradición gnóstica del cabalismo y escribieron como gnósticos, sencillamente, no obstante las protestas de Buber en contrario. Cuando Buber afirmó, a favor de las leyendas del jasidismo, que éstas eran su auténtica contribución creativa, se colocó en una posición bastante paradójica al sostener que la originalidad del movimiento se manifestaba más genuinamente en un estilo literario que en su mayor parte se generó casi cincuenta años después del período en que apareció el jasidismo, período comprendido en los libros de teoría de los que se vale para justificarse. En suma, una pretensión insostenible”.

Nos dice Scholem que el jasidismo tiene como finalidad esencial la meta de alcanzar la comunión con Dios a través de las acciones del hombre. Es acá donde el entramado con la cábala se hace esencial, más específicamente con la concepción cabalística desarrollada por Isaac Luria.

Para Luria el mundo se creó, no por la expansión o emanación de lo divino, sino por su contrario: por la contracción de Dios. Ese espacio vacío dio posibilidad a la creación. En este complejo proceso de creación – que en la concepción luriana supone el Exilio de Dios y la Redención por la acción humana- juega un papel fundamental la idea de la existencia de “chispas divinas” presente por todas partes y que pueden ser alzadas y reintegradas por la obra del hombre.

Dice Scholem: “El resultado final de las numerosas variaciones sobre el mito es que, puesto que estas partículas sagradas han de concentrarse en todas partes sin excepción, el jasidismo niega en principio la existencia de una esfera puramente secular en la vida, sin significación para la misión religiosa del hombre….Nuevos caminos se abren por donde se mire y Dios está al final de cada uno de ellos. La mente contemplativa descubre la “partícula” en todas las esferas de la vida, trocando así lo profano en algo de inmediata significación religiosa”.

Para el jasidismo entonces, en cualquier actividad por pequeña e intrascendente que parezca ser se puede encontrar a Dios. Para ilustrar este punto Scholem cita al Rabí de Polnie: “No existe cosa grande o pequeña aislada de Dios, porque Él es inmanente a todo lo que es. Por eso, el hombre perfecto puede entregarse  a las más profundas meditaciones y obras de unificación, aun por medio de actos terrenales como el comer, beber, las relaciones sexuales y las transacciones comerciales”.

Es en este punto donde Scholem critica la presentación que Buber hace de la búsqueda jasídica. Según él, Buber pone el acento en el encuentro con Dios en el Aquí y Ahora, con la vida tal como esta es. Para Scholem, Buber en su interpretación existencialista quedaría atrapado en una visión moderna de la alegría del Aquí y Ahora sin captar que lo que el jasidismo busca es el reencuentro con lo divino a través de lo oculto, tal como se presenta en la actividad del Aquí y Ahora. Dice Scholem: “No es la fugacidad del Aquí y Ahora lo que debe disfrutarse, sino la sempiterna unidad y presencia de lo Trascendente’Aquí donde estamos, debiera hacerse resplandecer la divina vida oculta’. Esta fórmula resume una genuina enseñanza jasídica, pero con una ambigüedad imperceptible para el lector de Buber. Porque con el mismo acto de hacer resplandecer la vida oculta, destruimos el Aquí y Ahora, en lugar de realizarlo en su concreción plena, como desea Buber”.

En 1963 aparece la respuesta de Buber en la que comienza por justificar la elección del material de anécdotas de acuerdo a la finalidad que se propone: sacar a luz y revitalizar el jasidismo. Para ello considera esencial el carácter didáctico que posee la anécdota sobre los maestros en la tradición jasídica, al igual que ocurre con el sufismo y budismo zen. En las tres corrientes místicas Buber pone el acento en la tradición oral tal como se desarrollaron en la época de los fundadores y que con el paso del tiempo fueron puestas por escrito, en el caso del jasidismo 50 años después de la muerte de su fundador Baal Shem Tov (Maestro del buen nombre). En el jasidismo la transcripción ha querido mantener lo más posible el carácter original del relato oral.

Buber concuerda con Scholem que la finalidad del jasidismo es la comunión con Dios. Sostiene que hay una tendencia más espiritual -que era lo que le reprochaba Scholem- en la obra de uno de los discípulos, el Maguid de Mezritch, a diferencia de la original propuesta de su fundador Baal Shem Tov, cuya concepción apunta a la santificación de lo concreto de la vida cotidiana. Y es en este punto donde Buber responde al argumento central a través del cual Scholem le critica: la búsqueda de la elevación y reintegración de lo divino que se de las “chispas divinas” que se encuentran en la vida concreta no supone ni la invalidación ni la aniquilación del Aquí Ahora como sostiene Scholem.

Cito a Buber: “Los seres y las cosas que santificamos continúan existiendo incólumes; las ‘chispas o partículas sagradas” que son ‘elaboradas’ no se apartan, en consecuencia, de las formas de la vida terrenal del hombre, Según las enseñanzas del Baal-Shem, hay con toda seguridad un arte de ‘liberar’ las ‘chispas sagradas’ que de lo contrario deambulan ‘de la piedra a la planta, de la planta al animal, del animal al ser hablante. Pero cuando dice ‘todo lo que posee el hombre, su servidor, sus animales, sus instrumentos, todo oculta chispas inherentes a las raíces de su alma que anhelan que él las eleve’ y por eso ‘le imploran con todas sus fuerzas que las aproxime a sí’, es ciertamente evidente que ni implica ninguna forma de aniquilamiento, sino, más bien una dedicación, una consagración que transforma sin que se pierda nada de lo concreto”.

Buber sostiene que su tarea ha sido la de “restaurar la contigüidad de la relación entre el hombre y Dios”, tal como lo plantea el jasidismo y es por esta razón por lo que toma como material las anécdotas de los maestros jasídicos, a través de las que se transmiten las experiencias vividas, o sea la forma de vida vinculada a la vida concreta.

En este punto hay una relación esencial según Buber, entre el hombre elevado que conjuga lo material y lo espiritual con el hombre simple tal como lo ilustra el relato El fabricante de medias al que alude al final de su respuesta a Scholem, y cuya parte esencial reproduzco de la colección de Cuentos Jasídicos seleccionados por el propio Buber.

El Baal Shem vió pasar a un hombre que le llamó la atención por su andar y al preguntar sobre él le contestaron que era un fabricante de medias que iba todos los días a la Casa de Oración. El relato continúa asi:

Después de la oración Baal Shem mandó a alguien con el encargo de traerle cuatro pares de medias. Poco después estaba el hombre ante él, desplegando su mercancía. ‘¿Cuánto quieres por este par?’, preguntó rabí Israel [Baal Shem].

‘Un gulden y medio.’

‘Supongo que estarás satisfecho con un gulden.’

‘En ese caso hubiera dicho un gulden’, replicó el hombre.

El Baal Shem pagóle de inmediato lo que había pedido y comenzó a interrogarlo.

‘¿Cómo pasas tus días?’

‘Ejerzo mi comercio’, dijo el hombre.

‘¿Y cómo lo ejerces?’

‘Trabajo hasta que tengo cuarenta o cincuenta pares de medias. Luego las pongo en un molde con agua caliente y las prenso hasta que sean como debe ser.’

‘¿Y cómo las vendes?’

‘Yo no abandono mi casa. Los comerciantes vienen a mí para comprar. Ellos me traen asimismo buena lana que han adquirido para mí y yo les pago por su molestia. Esta vez he dejado mi casa sólo para honrar al rabí’

‘Y cuando te levantas por la mañana, ¿qué haces antes de ir a rezar?’

‘Hago también medias’

‘¿Y qué salmos recitas?’

‘Digo los salmos que sé de memoria mientras trabajo’

Cuando el fabricante de medias se fue a su casa el Baal Shem dijo a los discípulos que lo rodeaban: ‘Hoy habéis visto la piedra angular que sostiene el Templo hasta la llegada del Mesías.’

 

Referencias bibliográficas

El texto de Gershom Scholem titulado El jasidismo de Martín Buber y la respuesta titulada Exégesis del jasidismo se encuentra en: Martin Buber Escritos Escogidos. El Humanismo Hebreo y nuestro tiempo editado por Amia en Buenos Aires en 1978.

El cuento se encuentra en: Martin Buber Cuentos jasídicos. Los primeros Maestros I, editado por Paidós en Buenos Aires 1979.

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