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Modernismo y liberalismo en el pueblo judío

Modernismo y liberalismo en el pueblo judío
Modernismo y liberalismo en el pueblo judío
Mario Ablin
 
Enviado por Rab secular Zadoff
Durante los últimos años el conflicto religioso en Israel se ha visto agravado por el creciente poder político de los ortodoxos.
Los movimientos reformista y conservador han llevado el enfrentamiento repetidamente ante la Corte Suprema, degenerando todo el proceso en una fiera lucha confesional que amenaza tanto la buena convivencia en el seno de la sociedad israeli como la unidad del pueblo judio. Las raíces de esa lucha de poder son un misterio para la mayoría de los israelíes que, por un lado, desconocen los fundamentos teológicos que sustentan esos dos movimientos y, por el otro, se desentienden que, en la diáspora, ambos reúnen en sus filas la mayoría del pueblo judío.

En su vertiente europea original los movimientos religiosos liberales- así como también el sionismo- fueron producto de los dos grandes procesos socio-culturales que a partir de fines del siglo XVIII empezaron a conformar la identidad del judaísmo moderno: el Iluminismo y la Emancipación.
El Iluminismo judío -cuyo representante más destacado fue Moisés Mendelsohn- se impuso como objetivo la integración de los judíos a la cultura europea, tratando al mismo tiempo de permitirles conservar sus raíces judaicas. Visto en perspectiva histórica, el primer objetivo fue cumplido exitosamente, aunque el resultado alcanzado por la segunda meta resulta mucho más incierto.
La acción iluminista se expresó preferentemente en el área educativa a través de la ampliación del curriculum tradicional que estaba basado preponderantemente en el estudio del Talmud, para extenderse hacia disciplinas técnicas y universales como matemáticas, historia, geografía y gramática.
Atención especial dispensaron los "maskilim" a la enseñanza del idioma alemán. Paralelamente -en la dimensión política y pública- la emancipación fue el proceso que permitió la integración de las masas judías a los nacientes estados nacionales en el carácter de ciudadanos con derechos civiles. La ciudadanía- como concepto igualitario y universal- era la contrapartida de la existencia particularista y segregada de la comunidad judía tradicional. Por supuesto, los derechos no fueron recibidos sin obligaciones correlativas, que en el caso de los judíos significó dejar de lado su identidad comunitaria y corporativa en aras de una participación en la sociead general.

LA REFORMA CLÁSICA
David Friedlander, discípulo de Moisés Mendelsohn, fue el primer judío "reformista" mucho antes que aquel movimiento se organizara formalmente. A principios del sigloXIX, Friedlander -mecenas comunitario- decidió eliminar del ritual sinagogal las oraciones que eludían al "retorno a Sión", preocupado por no comprometer los derechos civiles recién adquiridos.
El filántropo Israel Jacobson –el padre del Reformismo- fundó un "templo" en 1808, llamado así para distinguirlo de la sinagoga tradicional, en Sessen. Instaló un órgano para acompañar musicalmente la liturgia, consagró la ubicación conjunta de hombres y mujeres durante las oraciones e introdujo una nueva ceremonia de confirmación para los jóvenes.
Apareció entonces un nuevo tipo de rabino que sumaba a su formación tradicional judaica una educación académica superior de carácter universal.
Entre las figuras más destacadas de la Reforma en Alemania cabe citar al rabino Abraham Geiger, influído en su pensamiento por el historicismo de Najman Krochmal en el plano judaico y por el filósofo Hegel en el plano general. El judaísmo, según la enseñanza de Geiger, es una religión evolutiva que está en permanente desarrollo y cambio. Uno de sus aspectos doctrinarios más importantes se relaciona con el monoteísmo ético proclamado por los profetas, siendo los aspectos ceremoniales y rituales un intento de expresar verdades religiosas sin ser éstos inmutables ni sagrados en sí mismos y estando sujetos a la evolución y el cambio.
El liderazgo del reformismo clásico estuvo profundamente influído por el idealismo filosófico de Kant, Von Schelling y Hegel, reconociendo asimismo una clara orientación racionalista hacia la herencia religiosa y tradicional.
Su concepción del pueblo judío era de una naturaleza universalista, concibiendo al pueblo de Israel como una comunidad de fe cuya misión era la de difundir los valores monoteístas para convertirse en "luz para las naciones". Esa idea de la "misión judía" fue la contrapartida universal de la idea de identidad nacional judía, concepto que fuera negado por la Reforma clásica en forma tajante.

LA ESCUELA HISTÓRICA
Los antecedentes del M ovimiento Conservador se encuentran en la corriente del "Judaismo histórico positivo" de Zacarías Frankel. La orientación historicista, en la cual se gestó la corriente del rabino Frankel,  fue abierta por Najman Krochmal, cuya obra póstuma "Guia para los perplejos de este tiempo" editada por Leopold Zunz, es considerada la obra filosófica más original luego de la de Iehudá Haleví en el siglo de oro español.
Krochmal entendió el judaísmo como un proceso esencialmente evolutivo -en contraposición a la concepción judía tradicional- proponiendo el uso de la metodología histórico-científica para su estudio.
El movimiento de la "Ciencia del judaísmo" inspirado por Krochmal reunió a los intelectuales y rabinos liberales de su época, pero con el tiempo fueron agudizándose las diferencias entre los elementos reformistas y aquéllos más moderados, entre quienes se encontraban líderes de la talla de Zunz y Frankel.
La creación del Seminario Teológico Judio de Breslau en 1854 sirvió como un hito para marcar la aparición de una corriente liberal más tradicionalista, que con el tiempo sería conocida en América con el término Movimiento Conservador.
Zunz se expresó contra el cambio arbitrario en los rituales del culto, sosteniendo que dichos rituales expresan importantes recordatorios de doctrinas éticas y religiosas y sin ellos el judaísmo se transformaría en un concepto abstracto. Según Zunz, el particularismo de los preceptos (mitzvot) otorga al judaísmo su carácter específico. Frankel -fundador de la Escuela Histórica- fue influído marcadamente por el romanticismo europeo, cargado de un fuerte antirracionalismo y propenso a la revalorización del "espíritu nacional".
En especial, Frankel encontró sustento en la Escuela Histórica de la Jurisprudencia de los juristas Hugo y Savigny, según la cual la costumbre consuetudinaria conforma el "volksgeist" o carácter de la nación. La ley en esta concepción no es la creación del legislador, sino la resultante de la vida orgánica de una colectividad y por lo tanto no puede codificarse o cambiar arbitrariamente, sino sólo por medio de una decisión de la propia comunidad.
De ahí que Frankel hiciera incapié en una aproximación étnico-nacional al judaísmo, concibiendo a la tradición religiosa en forma evolutiva, pero imponiendo al mismo tiempo claros límites a las posibilidades de cambiar usos y costumbres arraigados.
El aporte particular de la Escuela Histórica que caracteriza al Movimiento Conservador hasta nuestros días, es el de haber diseñado una metodología para el cambio histórico destinada a permitir la evolución de la religión judía sin hacerle perder por ello su sentido de continuidad en la cadena de las generaciones.
En esa perspectiva, orientada por Frankel, pueden distinguirse dos tipos de Revelación divina. La primera, en Sinai, fue de carácter directo y sobrenatural, plasmándose en la Torá. La segunda, de carácter indirecto, natural y continuo, se exterioriza en la ley oral (representada por la literatura rabínica, responsa, códigos halájicos, etc.). Esta ley oral representa el consenso y la voluntad del pueblo de Israel de aceptar, preservar y expandir la Revelación original. En la ley oral pueden distinguirse dos niveles de valores e instituciones: aquellos principios internos de carácter fundamental o positivo que no pueden ser cambiados por consideraciones meramente racionalistas o instrumentales, como por ejemplo el Shabat, el uso del hebreo en la oración o la idea de esperanza mesiánica; y otros principios y prácticas de carácter externo y transitorio, que están sometidos a cambio en el transcurso del tiempo.
El cambio en las prácticas religiosas- según Frankel- debe sustentarse en la investigación crítica de la ley, tradición e historia judías a fin de determinar en qué grado una cierta práctica ha sido santificada en el pasado y en qué medida sirvió para fortalecer la unidad del pueblo judío. En cualquier caso, la decisión de adoptar un cambio religioso debe ser tomada por la comunidad como un todo.
En la perspectiva historicista, el concepto de comunidad como legitimadora del cambio religioso tiene un alcance restrictivo en tanto se entiende que sólo rabinos, estudiosos e investigadores y demás conocedores de la ley y práctica judía son aquellos que encarnan la voluntad colectiva.

EL NUEVO MUNDO
La emigración judía al continente americano -a partir de mediados del siglo XIX- trasladó en forma natural las estructuras organizacionales, comunitarias y religiosas propias de las comunidades de origen al nuevo mundo, aunque prontamente comenzarían a insinuarse cambios importantes en el perfil de las mismas como resultado de la interacción con el nuevo medio.
La primera congregación reformista en América del Norte -Har Sinai, en Baltimore- se fundó en 1842 por inmigrantes llegados de Hamburgo. El primer líder del judaísmo reformista fue el rabino Isac Mayer Weiss, quien polemizó duramente con los exponentes de la corriente historicista positiva.
Según Weiss, la aproximación historicista resulta vaga y arbitraria en tanto pretende distinguir entre normas de observancia eterna y otras de carácter temporal sin fijar criterios claros o precisos. Desde la perspectiva de Weiss cada individuo -en calidad de ser racional y responsable- es el que debe elegir qué preceptos del judaísmo son relevantes para su tiempo y cuáles no. La elección es individual y no colectiva, según proponen los historicistas. El judaísmo, en esa concepción, es una religión de temor a Dios y amor al hombre en armonía con los dictados de la razón y no un cuerpo esencialmente legalista.
En el curso del tiempo la Reforma, ya organizada formalmente, promulgó tres plataformas principistas históricas, la primera en Filadelfia en 1869, la segunda en Pittsburgh en 1885 y la tercera en Columbus, Ohio, en 1937.
Estas plataformas- redactadas por el liderazgo rabínico y comunitario del Movimiento, reflejan las doctrinas y formulaciones principistas de esta corriente, receptando asimismo importantes cambios de orientación ideológica inspirados por las cambiantes circunstancias de la historia judía y estadounidense contemporánea.
Es así que en la primera plataforma de 1869 el hincapié fue de carácter doctrinario, consagrándose la doctrina de la "misión judía" de difundir el monoteísmo ético entre las naciones como el pilar del credo reformista. Asimismo, se consagraron en Filadelfia importantes cambios textuales -con claras implicancias teológicas- en el libro de oraciones (entre las cuales, cabe mencionar la sustitución del término "resurrección" por el de "inmortalidad del alma"), se aprobaron cambios en la ley relativa a casamientos, divorcios, familia y se abolieron las diferencias rituales entre Cohen, Leví e Israel, entre otras reformas.
En la plataforma de Pittsburgh en 1885 se consagraron ocho principios que constituirían la ideología oficial del Movimiento Reformista por los cincuenta años venideros.
La tercera plataforma histórica -de Columbus en 1937- es quizás la más importante desde el punto de vista israelí, pues constituye una verdadera revolución ideológica en el Movimiento Reformista en tanto proclama su adhesión a la construcción de un hogar nacional judío en Palestina. A partir de entonces el acercamiento reformista al Movimiento Sionista fue creciente, estando identificada hoy dicha corriente plenamente con el Estado de Israel.

EL MOVIMIENTO CONSERVADOR
La Escuela Histórica Positiva creada por Frankel en Europa se convirtió en América en el Movimiento Conservador, nombre que paradójicamente fue impuesto a esa corriente por los grupos reformistas en el contexto de la polémica ideológica que mantenían ambas partes (los sectores moderados llamaban a los reformistas "radicales" y éstos reaccionaron designando a los historicistas "conservadores").
El iniciador de la corriente conservadora en Estados Unidos fue el rabino Sabato Morais, líder de la comunidad Mikveh Israel desde 1850. Sabato Morais renunció al Hebrew Union College (centro académico reformista) y fundó el Seminario Teológico Judío en Nueva York en 1887 (centro académico conservador).
Este último estuvo a punto de cerrarse hacia fines del siglo pasado a causa de una grave crisis financiera. Fue entonces cuando el destacado rabino Cyrus Adler decidió invitar a Solomon Schechter, entonces en Inglaterra, a asumir la presidencia de la institución. El rabino Schechter -erudito judío con excelente formación académica universal- es considerado el ideólogo y el fundador real del movimiento conservador en América. Según Schechter -racionalista en su metodología científica y místico en su aproximación religiosa- el texto bíblico relevante, desde un punto de vista judío, no es el revelado sino el texto histórico según resulta interpretado por la tradición. De ahí que el peso de la autoridad resulta transferido en última instancia a la comunidad, la sinagoga universal que en la terminología de Schechter es la "católica Israel" (en el sentido universal).
El Movimiento Conservador atrajo predominantemente a judíos de origen europeo oriental, insatisfechos con el formalismo ortodoxo pero críticos al mismo tiempo del racionalismo reformista. Una de las características más destacadas en ese movimiento es su decidida orientación sionista, desde su origen, en una línea cercana a Ajad Aham, más cultural que política, así como también su firme compromiso hacia el uso del idioma hebreo en la plegaria y el estudio.
Desde el punto de vista organizacional, el movimiento nuclea a centenares de comunidades federadas en derredor a la United Synagogue. Su centro académico es el Jewish Theological Seminary y sus rabinos están agrupados en la Rabbinical Assembly of America.
El Movimiento Conservador tuvo asimismo una destacada expansión fuera de los límites de Estados Unidos de América, siendo destacable su difusión en América Latina. Al respecto cabe destacar la obra del rabino Marshall Meyer z"l, quien en la década del '60 del siglo pasado, se estableció en Argentina y fundó el Seminario Rabínico Latinoamericano cuyos graduados sirven hoy en día en la mayoría de las congregaciones religiosas liberales del continente latinoamericano.

RECONSTRUCCIONISMO
Uno de los aportes indirectos del Movimiento Conservador es el representado por la escisión de sus filas de un grupo de rabinos, liderados por Mordejai Kaplan, para fundar el Movimiento Reconstruccionista, que puede ser considerado el único movimiento religioso judío contemporáneo nacido en América.
En la perspectiva de Kaplan, el judaísmo es más que una mera religión, abarcando también aspectos relacionados con la historia, literatura, lenguaje, organización social, ética, ideales sociales y espirituales, estética, etc. En palabras de Kaplan, el judaísmo es una "civilización".
Desde la perspectiva reconstruccionista, las mitzvot (preceptos) son minhaguim (costumbres), una suerte de prácticas sociales destinadas a exteriorizar la existencia colectiva del pueblo judío. De ahí que la actitud hacia estas prácticas debe ser elástica y evolutiva. Según Kaplan, la religión debe ser revitalizada por medio del estudio crítico, siendo fundamental para preservar la pureza espiritual de la fe una estricta separación entre
religión y Estado.
La corriente reconstruccionista ha estado siempre comprometida con el sionismo y el Estado de Israel, único marco en el cual considera posible el establecimiento y desarrollo de una civilización judía. En opinión de Mordejai Kaplan, el pueblo judío debe abogar por un "Gran Sionismo" exteriorizado por la renovación del pacto de Sinai en un nuevo pacto entre Israel y la diáspora destinado a cimentar la comunidad judía transnacional.
Desde el punto de vista teológico, el Reconstruccionismo sostiene ideas mucho más radicales que su "Movimiento madre", el Conservador, y en cierta medida va más allá que el Reformismo.
Para el Reconstruccionismo, Dios es un proceso cósmico que lleva al hombre a una vida de abundancia y salvación, le conduce hacia la búsqueda del valor y el significado de la vida. La "salvación" en esa aproximación es la realización del destino humano. Según el Reconstruccionismo, Dios no reveló la Torá a Israel sino que la Torá reveló a Dios ante Israel. La profunda influencia "sociologista" sobre la doctrina reconstruccionista, especialmente el pensamiento de Emile Durkheim, les hace entender la religión como expresión santificada de los valores, creencias, intereses y aspiraciones de una determinada "tribu" o comunidad.
El Reconstruccionismo se opone decididamente al concepto de "pueblo elegido" como atributo aplicable al pueblo de Israel, considerando este término como expresión de una idea sobrenatural ligada a un mecanismo compensatorio de imaginada superioridad colectiva. Esta concepción es fuertemente igualitaria en lo relativo al rol de la mujer en el culto.

LA VERTIENTE ISRAELÍ
Los movimientos religiosos judíos liberales –reformismo y conservadorismo– comenzaron a actuar en Israel hace un cuarto de siglo aproximadamente y su presencia se exterioriza hoy en día a través de congregaciones distribuídas en las principales ciudades del país, varios kibutzim, dos importantes centros académicos: el Hebrew Union College y el Seminario de Estudios Judaicos, y sendos aparatos organizativos con sus respectivos consejos rabínicos.
Sin embargo, a pesar de la esforzada labor de construcción comunitaria e institucional, ambos movimientos constituyen numéricamente aún una modesta minoría en el seno de la población, reuniendo a poco más del 2% de los ciudadanos judíos entre sus adherentes.
Más allá de su limitada base humana, estos movimientos poseen sin embargo un efecto multiplicador en la vida intelectual, educativa y social del país que va mucho más allá de su envergadura numérica. En ese sentido, cabe destacar que el Movimiento Conservador orienta más de 23 escuelas públicas de la corriente "TALI" (refuerzo de estudios judíos), el Movimiento Reformista sostiene escuelas y un centro cultural de primer nivel como lo es "Beit Shmuel" y ambos ofrecen programas académicos de alto nivel para estudiantes, docentes e investigadores.
Una especial mención merece el "Centro de pluralismo judío" del Movimiento Reformista, que se ha convertido en un activo instrumento para la lucha por la igualdad religiosa y el pluralismo en el país, promoviendo acciones legales y públicas de enorme trascendencia en ese área.
Hace un tiempo tiempo ambos movimientos adquirieron notoriedad en la opinión pública, luego que los más destacados intelectuales, escritores y artistas del pais, entre quienes se contaban A. B. Iehoshua, Amos Oz, Shulamit Aloni, David Grosman, Sami Mijael y otros, hicieron un llamamiento público invitando a la población a asociarse a estos dos movimientos religiosos liberales como una forma de exteriorizar la solidaridad con la lucha por el pluralismo religioso en Israel y al mismo tiempo el repudio a la coerción religiosa impulsada por los sectores ortodoxos amparados en posiciones de poder político.

EL GRAN DEBATE
En 1998, en ocasión de la Asamblea General de la Magbit (Campaña Unida) reunida en Jerusalem, el entonces Ministro de Economía Yaacov Neemán expresó una de las frases más curiosas que ha registrado la escena pública israelí al afirmar que "la cuestión del pluralismo religioso así como el tema de los derechos de los movimientos Conservador y Reformista no están ya en el orden del día actual del mundo judío". El público atónito miró al orador en esa ocasión, preguntándose de qué planeta había caido, pues si hay un tema candente que encabeza la agenda colectiva israelí es precisamente el del pluralismo religioso judío.
Los sectores ortodoxos, concientes del fortalecimiento de las corrientes religiosas liberales en Israel, crecientemente apoyadas por importantes sectores de opinión del país, aumentaron la presión sobre los aliados políticos de turno en el gobierno (y mantuvieron esta tendencia constantemente) promoviendo iniciativas, leyes, ordenanzas, recursos judiciales, campañas periodísticas, manifestaciones y todo tipo de acciones movilizadoras destinadas a frenar la ofensiva de los "infieles" sobre la herencia judía "auténtica" (custodiada como es de suponer por la ortodoxia local).
Desde la perspectiva ortodoxa la Revelación de Sinai y la ley oral que le sucedió son eternas, inmutables, sagradas en el sentido de incambiables y pueden ser interpretadas sólo por quienes se enmarcan en el campo ortodoxo.
La desautorización legal de conversiones llevadas a cabo por rabinos liberales, el desconocimiento de miembros del Movimiento Conservador o Reformista designados para integrar los Consejos religiosos, la negativa a cumplir las conclusiones de la "Comisión Neemán" en materia de creación de un marco unificado para la instruccion de no judíos interesados en convertirse al judaísmo; ésos son algunos de los recientes frentes abiertos en la confrontación total e intransigente de la ortodoxia en Israel contra las corrientes religiosas liberales.
El enfrentamiento reconoce diferencias teológicas, rituales e ideológicas fundamentales entre las partes, pero también detrás de la movilización ortodoxa se ocultan intereses políticos y económicos centrados en la defensa de miles de puestos públicos detentados por miembros de ese establishment frente a una calificada "competencia" de rabinos y educadores liberales, así como también la imperiosa defensa de privilegios diversos creados a resultas del "monopolio del judaísmo" que detentan los grupos ortodoxos en el moderno Estado de Israel.

A MODO DE CONCLUSIÓN
A diferencia de la ortodoxia, las corrientes religiosas liberales entienden la herencia religiosa judía como un proceso abierto, evolutivo, susceptible de interpretación y cambio, revalorizando aquéllas la autonomía y responsabilidad individuales como fuente de compromiso con la tradición. Desde esa perspectiva, la religión integra el campo más amplio de la cultura judía y universal, constituye una civilización que debe necesariamente ser vigente y actual en relación a su contexto de tiempo y espacio.
En la tradición judía se suele recordar una discusión teológica que mantuvieron dos famosos rabinos, Rabí Eliézer y Rabí Iehoshúa. En el curso del debate se escuchó una voz celestial que validaba la posición sustentada por Rabí Eliézer. Muy molesto, Rabi Yoshúa proclamó a viva voz: "No está en los cielos", refiriéndose a la Torá, y citando el versículo del Libro de Deuteronomio 30:12. Otro rabino presente -Rabí Irmiá- agregó: "Ya se otorgó la Torá en Sinai, de ahí que nosotros no debemos obedecer una voz celestial". Esta alegoría talmúdica indica claramente que la creación espiritual y religiosa judía es susceptible de interpretación, siendo esa responsabilidad de los hombres y mujeres comprometidos con el judaísmo y en esa tarea no existe un monopolio por parte de los "dueños de la verdad" ortodoxa.
El monopolio de la religión judía que el Estado de Israel ha concedido a los sectores ortodoxos hace paradójicamente menos judía a la sociedad israelí actual, provocando el continuo alejamiento de las nuevas generaciones respecto a la tradición judía a resultas del intolerable clima de coerción religiosa que propugnan los grupos fundamentalistas judíos.
En el Talmud está escrito que cuando un martillo golpea la piedra salen muchas chispas, de ahí que todo versículo (así como también toda herencia cultural o religiosa) es susceptible de diversas interpretaciones. Cuando esas chispas pretenden ser apagadas por la intolerancia hay menos luz, menos Torá, menos religión, menos judaísmo y por consiguiente menos judíos. 
 

 

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