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La interna de Hamas vista desde lo árabe-palestino

La interna de Hamas vista desde lo árabe-palestino

 LEILA SEURAT

Cuando el enemigo se convierte en amigo: el acercamiento con el mariscal Al Sisi

 

Esta última reconciliación ha sido posible gracias a la implicación de los egipcios. Por mucho que el mariscal Abdelfatah al Sisi emprendiera una guerra abierta contra Hamás desde su llegada al poder en el verano de 2013, responsabilizándolo de varios ataques contra las fuerzas de seguridad egipcias y destruyendo los túneles que separan Gaza de Egipto, el conflicto ya quedó atrás. El Cairo se ha acercado a Hamás para cumplir un objetivo doble. El primero es interno: mayor eficacia en la lucha contra los takfiríes en el Sinaí. El presidente egipcio confía en que un Hamás cooperativo sea más útil que un Hamás aislado. El segundo es exterior: Egipto persigue desempeñar un papel diplomático importante en la región, erigiéndose en mediador imprescindible en el contencioso israelo-palestino.

En ese sentido, reunir a las facciones palestinas es condición previa a toda solución negociada. Con ello, El Cairo recuperaría su tradicional papel en la reconciliación, asumido por Catar en 2012. Este cambio de estrategia por parte de Egipto es necesariamente del agrado de Hamás, que lleva desde 2006 queriendo salir de su aislamiento. Tras varias reuniones entre los dirigentes del movimiento y los servicios de información egipcios, Hamás había adquirido un estatus de interlocutor nada despreciable. Con el declive regional de los Hermanos Musulmanes y el aislamiento de Catar por sus vínculos con esta organización tachada de terrorista, la respetabilidad atribuida a Hamás resulta un gesto importante por parte de Egipto que hace tambalear la homogeneidad ideológica de un presunto eje El Cairo-Riad-Abu Dabi.

Con el propósito de consolidar este acercamiento, el propio Hamás había hecho lo necesario. En su nuevo documento político, publicado en marzo de 2017, no mencionaba su afiliación a los Hermanos Musulmanes. Mientras que la declaración de 1988 presentaba a Hamás como la “rama palestina de los Hermanos Musulmanes”, este nuevo documento ya no hace referencia al vínculo de Hamás con la asociación egipcia. Sin embargo, en 2012, tras la elección de Mohamed Morsi como presidente de Egipto, Hamás no dudó en presentarse como un movimiento surgido de la cofradía egipcia. A raíz de su aproximación al depuesto presidente, había incluso organizado sus últimos comicios internos en El Cairo en 2013. Desde la llegada del mariscal Al Sisi al poder, con la esperanza de gozar de cierta tolerancia entre las nuevas autoridades egipcias, muy hostiles a los Hermanos Musulmanes, Hamás se presenta ahora como un movimiento “palestino nacionalista islamista”, borrando cualquier vínculo con la cofradía a expensas de cualquier lealtad histórica. En ese nuevo escenario y para reafirmar su acercamiento a Egipto, el único país que tiene frontera con la Franja de Gaza aparte de Israel, Hamás se mentalizó de que encomendarse a un entorno exclusivamente islámico ya no era productivo. Mediante gestos de buena voluntad que para algunos plasman la sumisión de Hamás, el movimiento se arriesga a la renuncia de una parte de su base, hecha a las ideas de la Hermandad. La propia visita el 9 de septiembre de Ismaei Haniyeh al Cairo levantó la cólera de parte de la juventud egipcia que apoya a los Hermanos Musulmanes.

Estos elementos deberían bastar para desterrar los análisis que insisten en los vínculos de Hamás con actores políticos exteriores para descalificar a la formación. Tanto por lo que respecta a sus relaciones con los Hermanos Musulmanes egipcios como a sus vínculos con potencias estatales como Catar, la variable ideológica no explica esas alianzas. En cuanto contradice los intereses del movimiento, la ideología ya no funciona. El acuerdo del Hamás suní con el Irán chií es la prueba más elocuente

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