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Diana Sperling LEER, ESCRIBIR, LEER…. ROSH HASHANA 5778

Diana Sperling LEER, ESCRIBIR, LEER…. ROSH HASHANA 5778

Diana Sperling

El miércoles 20 celebramos la primera noche de Rosh Hashaná, Año nuevo en el calendario judío. Aquí, unas líneas al respecto.
ROSH HASHANA 5778
LEER, ESCRIBIR, LEER….
Freud termina de escribir su Moisés y la religión monoteísta en 1938, poco antes de morir. En este libro inagotable, el último de su fecunda producción, el padre del psicoanálisis parece haber llegado, por fin, a la posibilidad de formular algunas cuestiones claves, no solo referidas a su disciplina sino a la situación de la época y a su propia condición judía. Concretamente, el autor –exiliado ya en Londres, tras haber dejado la Austria anexada por los nazis- se pregunta: ¿cómo se forja una tradición? Y, en relación con ello, ¿qué rara característica del pueblo judío ha permitido su subsistencia a lo largo de siglos y milenios, a pesar de estar desprovisto de tierra y de Estado?
La respuesta de Freud es sorprendente: afirma que lo que ese heterogéneo y tosco grupo humano ha logrado es un “progreso en la espiritualidad”. Y que es este el factor decisivo de su permanencia en la historia. Es ciertamente audaz sostener que un colectivo salido de la esclavitud y arrojado a la dura y larga travesía por el desierto, en condiciones más que precarias, haya tenido la capacidad de “elevarse por encima de otras culturas de la época”, imperios poderosos dotados de refinamiento artístico y riquezas múltiples. Esta paradoja nos obliga a tratar de desentrañar la afirmación freudiana. Pero la expresión puede inducir a equívoco: ¿qué significa ese progreso? ¿Y a qué se refiere con Geistlichkeit, “espiritualidad”?
La bimilenaria cultura occidental nos ha acostumbrado a entender esa palabra en un sentido metafísico, como aludiendo a una dimensión extraterrena, separada de lo mundano, de la materia y del cuerpo. El marketing posmoderno hace además un uso banal y light del término, una suerte de fórmula de la felicidad o un bien de consumo disponible en formatos varios. Pero sin duda, no es ese el sentido que tiene para Freud. Lo que, según su concepción, singulariza a lo judío –y sostiene su pervivencia histórica- es algo bien concreto y palpable. Tal pervivencia no sería posible, dice, en “una tradición que se basara solamente en la transmisión oral”. A los judíos “los anima una particular confianza en la vida, como la confiere la posesión secreta de un bien precioso, una especie de optimismo que los piadosos llamarían ‘confianza en Dios’”. Y agrega: “…los infortunios políticos que sufrió su nación les enseñaron a valorar debidamente el único bien que les quedó: la literatura, sus crónicas escritas”. Freud parece decir que lo que hace que un pueblo pueda sobrevivir a lo largo de la historia no son los atributos que generalmente se consideran indispensables (estructura política, territorio, ejército…), sino su riqueza simbólica: la escritura.
Somos un pueblo escrito; por ende, un pueblo lector. Nuestro D’os es un D’os que escribe y que ordena leer e interpretar. La Ley es la Escritura. Si Rosh Hashaná tiene, en su raíz lingüística, el doble significado de “nuevo” y “otra vez”, es porque en eso consiste la relación con el texto: una invitación a renovar interminablemente su voz, a recrear el sentido inagotable de un Libro que no cesa de reiterar su novedad. Porque es la vida misma, nuestras vidas, las que agregan cada año una letra al tejido infinito de la tradición. Parafraseando al Eclesiastés: “generación va y generación viene, pero la letra siempre permanece”.
¡Que podamos seguir releyendo y reescribiendo la existencia de nuestra tradición para ser inscriptos y firmados en el Libro de la Vida!! Shaná tová umetuká (un año bueno y dulce) lleno de bendiciones!
Diana Sperling. Bs. As, setiembre 2017, Elul 5777/tishrei 5778

 

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