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EL PUGILATO PALESTINO-ISRAELI EN ONU

EL PUGILATO PALESTINO-ISRAELI EN ONU

EL PUGILATO PALESTINO-ISRAELI EN ONU

El conflicto palestino-israelí de nuestro tiempo se desarrolla en variados espacios al mismo tiempo. Las diversas escaramuzas toman forma, entre otras, de ataques terroristas, enfrentamientos armados, colisiones violentas de palestinos con colonos judíos en Cisjordania, procesos judiciales en tribunales israelíes y batallas diplomáticas en organismos internacionales.

Dentro de este marco supranacional se ha hecho notorio este último año un permanente pugilato palestino-israelí en el cuadrilátero de ONU. Como ninguna de las partes está en condiciones de propinar un nocaut definitivo a la otra, y ninguna de ellas está dispuesta a tirar la toalla, la batalla se mantiene activa por tiempo indefinido. Tanto el lado israelí, como el palestino, intentan permanentemente acumular puntos a favor.

 

Palestinos contra israelíes en la ONU

Este eterno empate no actúa como impedimento para que una creciente proporción del público oyente y televidente, en base a las tácticas ofensivas y defensivas de cada una de las partes, cada día adopte con mayor énfasis una clara posición en favor de una de ellas.

La significativa endeblez palestina frente a la temible corpulencia del Estado Judío es determinante de la incesante búsqueda por parte de los primeros de cualquier oportunidad o imprudencia israelí para asestarles una buena trompada diplomática. Las persistentes iniciativas de denunciar en el marco de UNESCO y el Consejo de Derechos Humanos el accionar de Israel en los territorios conquistados en 1967 se convirtió durante el último año en la táctica preferida por parte de palestinos.

Pese a que estos puñetazos, por su efecto práctico e inmediato a Israel, son comparables solo a una picadura de mosquito, la diplomacia de Jerusalén se vio en la necesidad de alzar los brazos y contraatacar de inmediato.

Molesto por la obsesión e insistencia palestina en la búsqueda de declaraciones de condena por la colonización judía en Cisjordania, Dany Danon, embajador israelí en la ONU, anunció que llegó la hora de terminar con la situación que “los palestinos están llevando las riendas de esta institución en donde juegan en esa cancha como locales”.

Mientras que la táctica de los palestinos, carentes de un significativo respaldo económico y/o estratégico, se basa en convencer insistentemente por la razón de sus demandas a miembros de esa institución, en este caso, como en mucho muy similares, la diplomacia israelí recurre a su posibilidad de movilizar artillería pesada, especialmente el temible ejecutivo y congreso estadounidense que no dudan en asumir la función de sus sirvientes.

El objetivo conjunto estadounidense-israelí es reorganizar las molestas instituciones de ONU de manera que se pueda limitar o cancelar definitivamente la posibilidad de iniciativas críticas a la conducta de Israel en Cisjordania. El tufo a dinero detrás de este proyecto y la promulgación de leyes estadounidenses en defensa únicamente de Israel[1], los convierten en un acto que paulatinamente está cobrando repulsa en el marco de muchas sociedades del mundo.

Gobernantes, parlamentarios y funcionarios estadounidenses se sienten muy sujetos e influenciados por el enorme poder de injerencia que emana de los desproporcionados montos de dinero que bolsillos judíos están dispuestos a volcar en procesos electorales en el país del norte[2].

El ex presidente Obama catalogó repetida y públicamente a la colonización judía en Cisjordania como un acto que vulnera normas internacionales y representa un serio obstáculo para los esfuerzos de paz en la región. Sin embargo, en febrero de 2011, en contra de su voluntad y posiciones políticas, el presidente estadounidense se vio en la obligación de usar su derecho a veto en el Consejo de Seguridad de ONU ante una propuesta de repudio a colonias judías en Cisjordania que contaba con el apoyo de todos los otros 14 integrantes de ese marco institucional en ese momento.

 

El cuadrilátero en ONU

Alon Pinkas, ex Cónsul General de Israel en New York afirmó que, pese al revés de la iniciativa palestina, se trató de un estruendoso fracaso mediático israelí[3]. Efectivamente, a los pocos meses Obama se hizo presente en la casa de Jack Rosen, presidente del Congreso Judío Americano en el marco de la campaña proselitista en aras de su reelección. Ambos líderes intercambiaron mensajes alabadores. Para Rosen, “América nunca ha apoyado al Estado de Israel como el presidente Obama y su administración”, mientras que este le respondió con “Obviamente, ningún aliado es más importante que Israel”[4].

Pero no hay que confundirse. Aparentemente los elogios no fueron más que un escudo. Obama se retiró del encuentro con 300 mil dólares en su bolsillo bajo la categoría de donaciones para su campaña electoral, acto que muy fácilmente no podría interpretarse de otra manera más que el pago de honorarios por su actitud de meses atrás.

Esa actitud de Obama, en contraposición a su visión personal, en oportunidad de recurrir al veto para salvar a Israel de una condena no fue un caso aislado. Ese veto fue el número 51 de las ultimas 4 décadas, de los cuales 45 están vinculados al conflicto palestino-israelí. Si de obsesión y obstinación se habla, es muy difícil fijar quien es el campeón.

Israel y las colectividades judías de la diáspora rehúsan internalizar que, fuera de contadas excepciones, la gran mayoría de estados del mundo defiende a capa y espada el derecho indeclinable a la existencia de Israel. Paralelamente, y con la misma energía, esa misma mayoría apoya a los palestinos en sus esfuerzos por condenar a Israel por oponerse a los intentos de Jerusalén de colonizar Cisjordania y/o imponer soberanía israelí más allá de los límites del armisticio de 1949. Existe un amplio consenso universal que considera la colonización judía en esos territorios como una trasgresión a normas internacionales. Solo el condicionado servilismo estadounidense, con la excepción de la resolución 2334 del Consejo de Seguridad de diciembre de 2016, salva a Israel y eso acarrea un alto precio en su imagen y la del pueblo judío frente a las sociedades del mundo.

Hasta la Cancillería Argentina de Macri, el íntimo amigo de Netanyahu y gran amor de DAIA, condenó con palabras muy duras el intento de aplicar “la ley israelí de regulación que legaliza la construcción de asentamientos en la Ribera Occidental ocupada……por considerar a esta ley contraria al Derecho Internacional”[5].

Desconocer esta realidad es el motivo básico del error en que incurren la gran mayoría de los responsables de la Hasbará (difusión de posición oficial) israelí cuando se enfrentan al repentino auge de la última década de oleadas anti israelíes y antijudías cada vez mayores.

Ojalá me equivoque

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel, 28-10-2017 

 

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