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50 años de la reunificación de Jerusalém, ¿eterna y sagrada?

50 años de la reunificación de  Jerusalém, ¿eterna y sagrada?

Mauricio Zieleniec

 

Parto de una  herencia infinita y fantasiosa sobre Jerusalém, que desde niño siempre me representaba lo más sagrado de mi judaísmo. Con esa forma subjetiva debo replantearme toda mi percepción, puesto  en los festejos de estos 50 años de la reunificación de Jerusalém, se me imponen  una reflexión, donde siento lo sagrado, pero no lo comparto.

El Rabino Humanista laico israelí, Andy Faur, se preguntó recientemente al cumplir dichos 50 años de la reunificación de la “eterna y sagrada ciudad”  ¿Acaso la ciudad está unida? ¿Acaso hay motivos para festejar? Y me pregunto yo ¿Hay algo que pueda ser sagrado en este mundo de sombras Platónicas?

Amor, fantasías, fanatismos, fundamentalismos y políticas de ambos lados son parte de Jerusalém actual. Ciudad dividida (no indivisible), entre los israelíes seculares, los ortodoxos. Dividida sin duda entre los musulmanes fundamentalistas y los tolerantes.  Dividida entre palestinos e israelíes.  

Pero antes de responder y analizar  Faur dice, recordemos: “Un poco de historia”

“Jerusalém, desde que el Rey David la conquistó y la hizo capital del reino unificado y centro espiritual y político del pueblo judío, hace más de 3.000 años, ha pasado por las manos de distintos pueblos y civilizaciones, ha sido el centro de añoranzas, disputas, guerras y un sinfín de eventos históricos a través de las generaciones.
Antes de convertirse en la capital del Estado de Israel han pasado por ella, amén de los judíos: babilonios, persas, griegos, romanos, bizantinos, musulmanes de distinto tinte y origen, cruzados, otomanos y por último los británicos, que llegan a la zona al terminar la Primera Guerra Mundial a fines de 1917 e imponen su Mandato sobre Palestina.¿Por qué concentrarnos en los últimos cincuenta años y nada más? Porque la realidad actual de la ciudad está influida en forma determinante de lo que paso en esta última época, por supuesto sin quitar importancia al devenir histórico anterior.” (Faur)

Durante siglos no sucedió a tan sagrada ciudad recibiera emigrantes, fuimos omisos a estar en ella, cuando nadie nos lo prohibió. Tampoco fueron de otras religiones y casi nadie la habitaba.

Nos sigue comentando Faur: “Cabe recordar que apenas terminada la retirada de los ingleses de Palestina al final de su mandato el 14 de Mayo de 1948, se desata la Guerra de Independencia de Israel contra cinco países invasores árabes. Finalizada esta y como consecuencia del posterior tratado de cese de fuego con el Reino Hashemita de Jordania en 1949, la ciudad de Jerusalém quedó por primera y única vez en toda su historia dividida en dos partes (frontera de cese de fuego conocida como Línea Verde de Jerusalém), cada una bajo distinta soberanía, donde la Ciudad Vieja quedó del lado del Reino Hashemita” (Jordania).

Fue en la guerra de los seis días que termino con la reunificación de Jerusalém, tomando Israel a la vez, la franja de Gaza, Cisjordania, las alturas del Golán y la península de Suez; ya devuelta a Egipto. Guerra donde Israel fue agredido por cuatro países árabes, en una siniestra y peligrosa confrontación.

Me pregunto como hebreo no creyente, porqué llamarla ¿sagrada? Cuánto hay de político, cuánto hay de extremismos nacionales, cuánto hay de intolerancia palestina que hace afirmar posturas extremas de muchos israelíes, frente a las de ellos. Cuánto hay de intolerancias religiosas; cuando por siglos Jerusalém fue casi olvidada. Solo los rezos hebreos la recordaban virtualmente y ahora la rodea una  puja religiosa, política y de violencia terrorista. Cuanta fantasía, imagen de poder, de pertenencia y leyenda nos rodean hoy.

Interesante observar que solo las religiones o culturas Abráhamicas (monoteístas) y solamente ellas tienen esa puja o sensibilidad sobre Jerusalém, el resto del mundo o culturas, está alejada del tema. Tampoco hay ni hubo antisemitismo en esa otra parte señaladas como culturas  no monoteístas. El antisemitismo solo lo desarrollo el mundo monoteísta. Un gran tema a desarrollar…

Recordemos que en Jerusalém se encuentra el Kotel o Muro de los Lamentos, una muralla de unos 70mts. de largo y constituye una parte de la antiquísimo Templo de Jerusalém. A partir del S. XV aproximadamente, muy pequeños sectores judíos iban a rezar a dicha muralla. Pero hoy en la globalización todo cambió  y Faur nos comenta:” Jerusalém es mágica y compleja. Cuna de las tres grandes religiones monoteístas y centro de atención, oración y plegarias de millones de fieles en el mundo entero.
Se tiende a hacer una distinción entre la Jerusalém de arriba y la de abajo, la celestial y la terrenal, la espiritual y la profana…y entre estos dos mundos, nos movemos los jerosolimitanos (ciudadanos de Jerusalém) todos los días de nuestras vidas.                           Entre el rezo del Muhazzin desde la mezquita y el cierre de calles de los barrios ultraortodoxos judíos en Shabat; entre los embotellamientos de tráfico y los millones de turistas que llegan anualmente a visitar; entre El Muro de los Lamentos y el Domo de la Roca; entre el Santo Sepulcro y el Monte de los Olivos”

Y Faur sigue reflexionando: “Tarde o temprano llegaremos a un acuerdo con nuestros vecinos y con éste llegará la tan anhelada Paz para nuestro país y nuestra ciudad… pero esto, tendrá “dolorosos costos” como se suele decir por estos lares.
Para Jerusalém se tendrá que encontrar una solución creativa, consensuada y adecuada, que responda a los intereses y las necesidades de las mayorías.”


La Jerusalém unificada e indivisible es quizá un concepto que suena bien a los oídos israelíes, pero que no refleja un consenso posible. Lo sagrado, lo eterno y unificado, son términos absolutos, que no permiten relativismos, pensemos entonces que podemos estar trasmitimos de alguna forma un ideal también fundamentalistas; contrarios a negociaciones, consensos o conciliaciones. Sin duda esto debe llamarnos a la reflexión.

El etnocentrismo geográfico de las creencias, sumado al monoteísmo, que nos genera  culturas muy violentas, aunque hablamos de paz  y vivimos en violencia. El monoteísmo es poco tolerante, puesto la verdad es de un solo Dios y es el mío. No el tuyo. Eso sucede y sucedió en las tres culturas monoteístas.

50 años de Jerusalém unificada, cuando nos rodea ISIS, cuando en los últimos 70 años 120 millones de musulmanes se mataron entre ellos; cuando la zona está violentada de atentados. Quisiera 50 años de convivencia pacífica y de ver como se puede resolver el difícil problema palestino; que no es solo israelí, sino de ambos. Jerusalém igual sigue en mi corazón, pero lo negocio si es necesario por la paz.

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