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Buena lectura en nuestro rincón literario

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La llamada

Autor: Iche Marx

Dir. Isaac  Markus pág. literaria

         Observaba las pequeñas lomas enjardinadas y los estanques llenos de peces, cruzados por encantadores puentes. Recostado en una reposera del hotel, me sentía próximo a los ermitaños del Himalaya en su intento de fundirse con el Tao. Sumido en esta paz, el ring no pudo sonar más inoportuno y debió atravesar varias capas de mi cerebro antes de percibir que se trataba de una llamada telefónica.

—¿Quien habla?

—Peter Klaff 

—¿Quien habla allí?

—Peter Klaff —reiteró la voz

—Oiga, en serio... ¿Quien habla?

—Peter Klaff, desde el otro lado del agujero negro...

         La sangre comenzó a circular en mis venas en una forma más intensa. Largos años de sometimiento a un mundo humano confuso y sin reglas claras no habían sido suficientes para enfrentar este tipo de acontecimientos. ¿Acaso el sujeto que alegando ser yo me llamaba desde un nomundo me estaría dando la oportunidad de una nueva vida? Acostumbrado a digerir sorpresas y asumir soluciones pragmáticas, decidí seguirle la corriente:

—Entiendo. Usted es algo así como mi doble…

—Sí, una especie de duplicado o clon, como ahora nos llaman. Debo precisar que no nos está permitido atravesar el agujero negro para tomar contacto con nuestros iguales, pero esta vez hubo una falla en el sistema...

—¡Ah! ¿Y cómo supo de mí?

—Del otro lado sabemos todo sobre nuestros originales, aunque esto no sucede a la inversa.

—¿Y son... copias exactas?

—Sí, pero tenemos algunas características diferentes. En nuestro caso, el deterioro físico no se acompaña de dolor, ese toque de sadismo que le aplican a ustedes como antesala de la muerte.

—Mmm... ¿Y...  tienen vida después de la muerte?

—En cierta forma. Nuestro acuerdo con el todopoderoso local nos permite pulular después de la muerte bajo formas incorpóreas, dedicados a la contemplación pasiva.

—¿Por qué diablos a nosotros no se nos permite lo mismo?

—Verás, detras de cada agujero negro hay un todopoderoso con un carácter y personalidad específicos. El de ustedes parece no admitir el diálogo.

—¿Y… ustedes le rezan al suyo?

—No, rezar o adular es inconducente. Nosotros logramos más con el diálogo franco. A ellos les gusta que sus productillos tengan cierta dignidad.

—Bien, Peter Klaff II, dime algo de tu vida. ¿Tienes familia?

—¿Que quieres decir con familia?  

—Mujer, hijos, todo eso...

—Tenemos, aunque son familias abiertas. Cada uno vive con quien quiere.

—¿Amor libre?

—El amor siempre es libre.

—O.K. ¿Y por qué eso de copiar?

—Es la producción en serie a escala universal. Nada se hace que multiplique el esfuerzo. Así como los agujeros del cuerpo humano sirven para múltiples propósitos, una vez creado el original o prototipo de cualquier sujeto humano, se crean infinitas copias. De ahí que podrían existir infinitos Peter Klaff en el universo, aunque esta es la primera vez que una copia logra contactarse con su original. Es más, en este momento se está realizando una asamblea de todopoderosos para analizar el peligro que implica esta transgresión de la convivencia celeste.

—¿Corremos entonces algún riesgo?

—Bueno, si le quieres llamar así. En realidad, solo podríamos esperar un cambio de categoría que nos quite credibilidad si  quisiéramos hacer pública esta experiencia. Seríamos algo así como seres dotados de alguna facultad sobrenatural, y nos integrarían al grupo de los videntes, viajeros en el tiempo, productores de milagros o escritores de realismo mágico.

—No estoy seguro de que todo esto sea bueno...

—Míralo por el lado positivo. La gente nos adoraría como lo hace con todos aquellos que tienen algún atributo especial. Una buena explotación comercial del asunto nos permitiría disfrutar de palacios, Maserattis y otros paraísos artificiales.

—¿Cómo? ¿Ustedes también tienen Maserattis?

—Por supuesto, Maserattis, Lamborghinis, Ferraris, Mona Lisas, Leonardo Da Vincis, de todo hay una copia, y de los italianos no nos perdemos nada.

—¿Cuando sabremos que hemos sido promovidos a semidioses? Ya me veo manejando una Lamborghini por la Costa Amalfitana...

—Piano, piano... Estos tipos nunca te mandan una comunicación por escrito, solo tienes que esperar que las cosas pasen. Propongo mantener un contacto periódico para intercambiar información.

—Bien. Pásame tu número.

—No puedo, mi agujero negro está totalmente blindado. Solo el tuyo, el más defectuoso de los mundos que jamás existió ha experimentado la falla que me ha permitido comunicarme. Tendré que ser yo quien llame.

—O.K. Pero nuestros teléfonos podrían estar pinchados.

—Por supuesto que lo están. Aunque ellos desean hacernos creer lo del libre albedrío, en realidad nosotros jugamos a que somos libres y ellos a que no saben  lo que sucede.

         Cuando colgamos, observé las plantas a mi derredor. Eran bellas y naturales. El jardín había sido preparado para producir una sensación de orden y armonía, pero no lograba evitar que me sintiera inquieto. Otro Peter Klaff habitaba en algún lugar. Un amigo, un cómplice, o tal vez yo mismo, sin saberlo.

 

                                                                 

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