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Lacan y su humor...

Lacan y su humor...

 

A propósito de Chomsky y el humor de Lacan:

A principios de los 70, Jacques Lacan había afirmado que se proponía explicar a Chomsky su concepción del lenguaje. En Boston, en el MIT, encontró a Roman Jakobson y habló ante un auditorio compuesto de matemáticos, de lingüistas y de filósofos, entre ellos Willard Quine y Noam Chomsky. Sea como sea, en el Massachussetts Institute of Technology, ningún estudioso se sintió embarazado por la cuestión del rigor matemático al que se exponía Lacan con su práctica de los nudos, ni por la posible búsqueda de los fundamentos. Sin embargo, ni uno solo de los miembros de esa comunidad comprendió el uso lacaniano de la topología. El sociólogo Sherry Turkle, que regresaba de París después de una minuciosa pesquisa sobre la situación francesa del psicoanálisis, fue testigo de esa imposible comunicación entre dos mundos.

Ante una pregunta sobre el interior y el exterior, Lacan pronunció unas palabras que se tomaron por un enunciado delirante: “Los desechos”, dijo, “son lo único que da testimonio de que tengamos un interior. Los desechos vienen tal vez del interior, pero la característica del hombre- y eso contrasta por completo con otros animales- es que no sabe qué hacer con sus desechos...

¿Por qué está tan azorado con ellos cuando las cosas son tan discretas en la naturaleza? Claro que es verdad que tropezamos todo el tiempo con mierdas de gato, pero el gato se cuenta entre los animales domésticos. Pero si toman ustedes los elefantes, es impresionante ver el poco lugar que ocupan sus desechos, mientras que si lo pensamos, podrían ser enormes. La discreción del elefante es cosas curiosa. La civilización es el desecho, cloaca máxima”

Y para colmo, Lacan respondió a una pregunta de Chomsky sobre el pensamiento, provocando así un verdadero escándalo: “Creemos pensar con nuestro cerebro, yo pienso con los pies. Sólo allí es donde encuentro algo duro. A veces, pienso con los músculos cutáneos de la frente, cuando me golpeo. He visto bastantes encefalogramas para saber que no hay sombra de pensamiento. Al oí esas palabras Chomsky tomó al conferencista por un loco. Más tarde, a pesar de las explicaciones de su amiga Mitsou Ronat, que se esforzó durante varios años en hacerle comprender el carácter metafórico de esas frases, siguió persuadido de que Lacan se había burlado de su auditorio norteamericano hasta el punto de querer convencer a los sabios del MIT de que el cerebro humano tenía su sede en la osamenta o en las falanges del pie. El asunto se convirtió en chisme y el chisme se transformó en leyenda: Lacan había querido convertir a Norteamérica a una nueva “peste” oscurantista dejando creer en un origen pedestre de la inteligencia humana.

Lacan, Esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento.- Elizabeth Roudinesco.

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