Menu

Falleció el humorista judío Jerry Lewis ( Joseph Levitch) Z''L

Falleció el humorista judío Jerry Lewis ( Joseph Levitch) Z''L

Benjamin Yivri. The Forward

El comediante y cineasta Jerry Lewis murió el 20 de agosto a los 91 años. Como su biógrafo Shawn Levy destaca, Lewis estaba imbuido de un espíritu Yiddish.

Frank Sinatra lo llamaba ' el Judio' en lugar de por su nombre o apellido. Lewis cambió su apellido ruso Levitch pero su identidad cultural estuvo al firme para alguien cuya familia había huido de los pogromos, sólo para hacer algo grande en el mundo del espectáculo.

Lewis, nacido Joseph Levitch en Newark, Nueva Jersey, creció en una familia de negocios del espectáculo. Su padre, Daniel Levitch, era un artista del vaudeville y su madre, Rae, era una pianista que trabajó para la todavía existente WOR Radio. A la edad de cinco años, de acuerdo con la leyenda, hizo su debut en el escenario cantando "Brother, Can You Spare a Dime?" y accidentalmente echó una de las candelitas. Su reacción sorprendida hizo que el público se riera, y esto lo puso en su camino hacia la comedia.
A los 15 años había abandonado la escuela secundaria y estaba perfeccionando su actuación en el teatro. Su rutina más conocida era un poco en la que había puesto un fonógrafo y daba una exagerada sincronización de labios. Suena simple, pero si usted ha visto la manera Jerry Lewis podría contorsionar su cara, usted puede entender porqué esto lo haría  tan popular. Trabajó en el "Cinturón de Borscht" judío en las Montañas de Catskills (el Hotel de Brown en el Lago Sheldrake fue un gran descanso) y, en 1945, a la edad de 19 años, se conectó con Dean Martin.

Todavía abundan los malentendidos básicos sobre Lewis y su trabajo, incluso entre los especialistas en sus películas. El crítico Chris Fujiwara afirmó que "Lewis es uno de los principales exponentes del humor judío estadounidense. Todas sus películas tienen una adhesión clara a esta tradición. A diferencia de Groucho Marx o un conjunto de comediantes, las raíces de Lewis estaban en el clown. Lewis contó en un libro de memorias que Dean Martin bromeó a un público de 1950 en el club nocturno en Ciro en West Hollywood, antes de una aparición en solitario y sin Lewis, que sus rezos se habían cumplido en cuanto estar  ese día, sin que el semita lo molestara.

Su fracaso más sonado fue "El día que el payaso lloró", un intento fracasado de anticiparse a "La vida es bella" de Roberto Benigni.

La forma a veces grotesca de Lewis de tratar con temas trágicos puede haber comprometido su participación en las teletones de la Asociación de Distrofia Muscular del Día del Trabajo.

Steven Shaviro, profesor de literatura y cine en la Universidad Estatal de Wayne, ha analizado la obra de Lewis. Shaviro se las arregla para evitar el humorlessness de la mayoría de las apreciaciones teóricas de Lewis. En un libro electrónico, "Dos ensayos sobre Jerry Lewis (2013)", Shaviro ofrece una lectura paralela y cercana a la del filósofo judío francés Henri Bergson, que definió el humor como una risa de la gente atrapada por la repetición mecánica, un tema común de los gags de Lewis .
Sin embargo, el impacto mundial de Lewis, pasado por alto en su país se ha extendido. Sus gags son adorados fuera de EEUU. El cineasta iraní Mehrnaz Saeed-Vafa creó el documental "Jerry and Me" (2012) para expresar cómo Lewis encantó a las audiencias en su tierra natal, ajena a sus raíces judías. Como dijo a un entrevistador de la Brooklyn Academy of Music en 2012:"Lewis era un hombre pero tenía la personalidad de un niño, me era muy fácil identificarme con él.

 El anterior, The Day The Clown Cried,supuso en 1972 el gran resbalón en su filmografía... según el mismo Lewis, que fue quien hizo desaparecer una película en la que encarnaba a un payaso, preso en un campo de exterminio por burlarse de Adolf Hitler, que alegra el camino de los niños judíos a las cámaras de gas. Una especie de flautista de Hamelin del Holocausto. Lewis tuvo control absoluto de la producción y del material, y acabado el largometraje, decidió que nadie más lo viera. ¿Qué ocurrió?

  A inicios de los años setenta, Jerry Lewis estaba en una de sus habituales giras en Francia, donde era idolatrado, y tras una actuación en el parisino teatro Olympia se acercó a charlar con él un productor húngaro, Nathan Wachsberger, que poseía los derechos de un guion escrito por Joan O’Brien y Charles Denton una década antes (se puede leer íntegro en Internet). Nadie quería protagonizar aquella historia porque sonaba a muy mala idea. Y puede que fuera verdad, aunque décadas después La vida es bella se acercara con bastante similitud al mismo tema. El protagonista, Helmut Doork, es un payaso arrestado por la Gestapo por reírse del Führer. Enviado a un campo de concentración, empieza a alegrar la vida de los presos, hasta que los nazis lo confinan en solitario. Sin embargo, sus carceleros descubren que pueden utilizar su talento para llevar engañados a los niños judíos en su traslado a Auschwitz y en su entrada a las cámaras de gas. Y Doork, para salvar su vida, sin querer ser consciente de para qué le están usando, acompaña a esos niños. La película -al menos el guion- acaba con los críos abrazando al payaso, preguntándole "¿Adónde vamos, Helmut?", y con Doork actuando. Cantando y riendo entran todos -incluido él- en la cámara de gas, y se cierran las puertas.

 A Lewis sí le parecía un proyecto atractivo. Él mismo lo dirigiría, rescribiría el guion, protagonizaría y buscaría parte de la financiación. No parecía tan difícil. Así que a inicios de 1972 perdió casi 20 kilos, realizó la preproducción desde París y contrató a Harriet Andersson (un descubrimiento de Ingmar Bergman) para encarnar a su esposa, a la estrella francesa Pierre Étaix y al alemán Anton Diffring -famoso por Fahrenheit 451 y El desafío de las águilas- para interpretar al nazi que le hacía la vida imposible.  Nada más empezar el rodaje en Estocolmo, Wachsberger desapareció, y con él el dinero y las cámaras. Aun así, Lewis acabó la filmación, montó la película, no hubo un acuerdo sobre quién poseía los derechos del filme... y llegó el silencio.

 Hasta que décadas después empezó a hablar gente que había visto un copión de montaje. La guionista Joan O'Brien contaba que ellos habían escrito la historia de un egoísta a la búsqueda de su redención, y que Lewis había cambiado todo el guion, porque quería rodar su propio El gran dictador (el cómico contaba que la primera película que le hizo reír fue otra obra maestra de Charles Chaplin, Tiempos modernos). En 2013 en el Festival de Cannes, Lewis protagonizó una estupenda rueda de prensa... hasta que le preguntaron por The Day The Clown Cried. Alteró su gesto, cambió el tono y dijo: “No me gusta hablar de ella, y espero que se quede allí, en el baúl: era mala. La escribí, la dirigí y era mala, porque perdí la magia. Y espero que nadie la recupere. El artista debe tener la posibilidad de tomar esas decisiones". Y entonces retornó a su humor: "He trabajado mucho, estoy orgulloso. Cuando repaso toda mi carrera, me siento cansado y no me levanto del sofá”. Quedaba una sola copia de la película, la tenía él y no se la enseñaba ni a sus hijos.

 Hace dos años Los Ángeles Times anunció que la película (la copia positivada, el negativo está desaparecido) ha sido donada a la Biblioteca del Congreso. Poco después The New York Post confirmó el destino final de The Day The Clown Cried:el Library’s Packard Campus for Audio Visual Conservation, en Culpeper (Virginia), donde tienen permiso de Lewis para empezar a proyectarla a partir de... junio de 2024.

 

Enviar comentario sobre la nota al Director...

Su Nombre: *


Su Email: *


Asunto: *


Sus Comentarios:


volver arriba