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Hamás y Fatah, entre la espada y la pared

Hamás y Fatah, entre la espada y la pared

Hamás y Fatah, entre la espada y la pared

 

Rev Rel. Exteriores Itxaso Domínguez de Olazábal

El primer paso en esta enrevesada coreografía recayó sobre Hamás, arrinconado desde el punto de vista político y económico. El movimiento cedió a las precondiciones impuestas para que la ANP, dominada por Fatah, levantara las sanciones impuestas durante meses, y aceptó participar en las negociaciones patrocinadas por el régimen egipcio, que culminaron el 12 de octubre en un acuerdo marco para la reconciliación. Hamás desmanteló el gobierno provisional, que dio relevo al Gobierno de Consenso Nacional formado en 2014, liderado por el primer ministro Rami Handalla, y el 1 de noviembre, en un punto de inflexión, cedió el control sobre sus cinco pasos fronterizos a la ANP. Hamás, Fatah y otras facciones palestinas se han reunido en varias ocasiones para dar las últimas puntadas al proceso, siempre con objeciones. Estaba previsto que la Autoridad retomara el control total de la franja de Gaza el 1 de diciembre, fecha súbitamente retrasada entre acusaciones mutuas.

En lo que paradójicamente podría denominarse un paralelismo con los Acuerdos de Oslo de 1993, ambas partes llegaron a acuerdos en los puntos en los que ya existía concierto, ignorando así los aspectos más controvertidos, bajo presión y supervisión internacionales. Las sanciones que estrangulan a la población gazatí siguen en pie, así como siguen en el aire cuestiones de peso: la recaudación de impuestos, la manera de integrar a Hamás en el marco de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) sin que Fatah pierda preeminencia, la coordinación entre las fuerzas de seguridad de ambos territorios, y la cuota del presupuesto que corresponderá al superpoblado territorio.

Aunque gran parte de las disputas sobre el terreno giran en torno al futuro de los empleados públicos de ambas facciones, el principal punto en contención apunta al desarme del brazo armado de Hamas, las Brigadas Izz ad-Din al-Qassam. Los dirigentes del movimiento se niegan tajantemente a esta cesión, conscientes de que no es solo su instrumento principal de resistencia frente a Israel, sino sobre todo fuente de gran parte de su popularidad y legitimidad dentro y fuera de Gaza. Poco tardó el llamado “modelo Hezbolá” en aflorar de los labios de varios oficiales y comentaristas. El traspaso de control tendrá lugar, pero será limitado. El acuerdo-marco de reconciliación sí que trae consigo una hudna (tregua): Hamás y Fatah se han comprometido a no llevar a cabo acciones unilaterales –como actos terroristas– que puedan poner en peligro el proceso de reconciliación. Una duda queda en el aire: ¿haría esa expresión también referencia a acuerdos alcanzados con Israel que afecten de una forma u otra al futuro de Palestina? Un dossier espinoso que tampoco parece haber sido abordado, no por menos prioritario, es el de una agenda política consensuada.

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