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Psicólogo Pablo Cúneo, a propósito de la quema del Judas.

Psicólogo Pablo Cúneo, a propósito de la quema del Judas.

 

Hace años que los vecinos de La Blanqueda tienen la tradición de esperar a las 12 de la noche en Navidad y quemar dos judas que siempre llevan el rostro de alguna personalidad que ese año haya sobresalido, por el motivo que sea. Otros años ya han pasado Fidel Castro, José Mujica, Gonzalo Jara, Joseph Blatter y hasta Luis Suárez.

Este año le tocó al exvicepresidente Raúl Sendic, y al personaje interpretado por Johnny Depp en Piratas del Caribe, Jack Sparrow.

 

Y especialmente en redes sociales hubo críticas, que no fueron por el pirata, sino por el Judas con el rostro de Sendic, que tenía el logo de Ancap en su cuerpo y un papel que simulaba un título universitario en la mano.

El senador nacionalista Javier García fue uno de los que se mostró molesto en Twitter: dijo que la quema del Judas con la cara de Sendic era algo "absolutamente repudiable".

 

En virtud de esta polémica sin igual y lo que ha provocado en la clase política nos parece ocurrente entonces re-editar un viejo artículo de nuestro compañero el Psicólogo Pablo Cúneo. 

 

En el nombre del Judas

                                               

   I    Por los años 90 me encontré en una librería de usados con un librillo de no más de 8 páginas cuyo título “Un vintén p’al Judas” editado en 1955 captó mi atención. Su autor Ramón Paradella describe un estudio folklórico realizado en 1954 en Montevideo sobre la práctica de la quema del muñeco que lleva el nombre de Iscariote. Su lectura despertó en mi el recuerdo de lo que Eduardo Zalovich –un amigo- me había dicho hacía alrededor de 10 años atrás cuando un niño se nos acercó a pedir una moneda para el Judas: “qué mala suerte, justo este tipo se vino a llamar así”. Obviamente Eduardo ponía su énfasis en la asociación del nombre Judas – judío.

     En su estudio el autor manifiesta su sorpresa al encontrar que además de un grupo de Judas que representaban a Iscariote o a personajes nefastos en lo político y social, había otro formado por Judas cuyos dueños les ponían el nombre de una figura querida y admirada como primos, mejores amigos e ídolos deportivos, los que también eran quemados al llegar a la fecha correspondiente. Reflexionando sobre este grupo de Judas que llevan el nombre de figuras queridas y admiradas dice el autor: “se trata ahora de quemar algo que se quiere, se estima, se admira y en muchos casos se ansía imitar”, hecho que considera un contrasentido.

      El estudio marcaba así con la interrogante que se planteaba el autor la importancia de los nombres para la comprensión de esta práctica traída por lo españoles con la colonización y que consiste en la fabricación de un muñeco, el Judas, que luego es destruido el viernes, el sábado o el domingo de Semana Santa en la mayoría de los países de América, mientras que en el Uruguay es costumbre hacerlo en Navidad y en épocas más pretéritas el día de San Juan.

          Me pareció que un estudio pormenorizado de la práctica podría arrojar cierta luz al tema del antisemitismo en tanto la acusación de deicidio ha sido por casi 2 mil años el eje de un discurso acusatorio sobre los judíos en Occidente. Mi interés era comprender el lugar del judío en tanto Judas -tal cual ese discurso los ha igualado- en la subjetividad de los niños. Me decidí a emprender un estudio de campo con micrófono en mano luego de leer el trabajo de R. Paradella. De ello surgió un texto publicado en el año 2006 La quema del Judas. Un estudio psicoanalítico.

      Freud sostuvo a partir de su experiencia clínica la importancia del lugar que el deseo del asesinato del padre tiene en la estructura mental del ser humano, y en sus trabajos de psicología social y del ámbito de la cultura no dejó de subrayarlo. Fue así que creó su propio mito del asesinato del Padre Primordial en su Totem y Tabú. A partir de ahí pensó el comienzo de la civilización y no dejó de pensarlo en relación a lo judío.

     Es así que en su Moisés y la religión monoteísta toma como base de su especulación del asesinato de Moisés por parte de los judíos, el asesinato del Padre Primordial y se detiene en la acusación de deicidio que pesa sobre los judíos: “El pobre pueblo judío, que con una obstinación consuetudinaria siguió desmintiendo el asesinato del padre, lo pagó con dura penitencia en el curso de las épocas. Una y otra vez se le reprochó: ‘Habéis muerto a nuestro Dios’. Y este reproche es verdadero si se lo traduce correctamente. Reza, en efecto, referido a la historia de las religiones: ‘No queréis admitir haber dado muerte a vuestro Dios (la imagen primordial de Dios, el padre primordial, y sus posteriores reencarnaciones)Un agregado debiera enunciar: ‘Nosotros, en cambio, hemos hecho lo mismo, pero lo hemos confesado, y desde entonces quedamos sin pecado”.

       ¿Puede tener que ver toda esta dinámica del asesinato del padre como estructura permanente del ser humano con el pasado y el presente en relación al judío? Pero si es algo estructural, ¿por qué no pensar su importancia desde el punto de vista psíquico al ocupar el judío un lugar especial en la civilización Occidental desde el momento que esta ha hecho justamente de un judío su dios? ¿Acaso los fenómenos de orden social no se construyen -con sus discursos correspondientes- con los ladrillos de la subjetividad?

         ¿Acaso no hay un retorno del antisemitismo en la actualidad? En este sentido resuena en mí las palabras que en una comunicación personal me transmitió Norberto Rabinovich en términos de Lacan: El retorno del crimen es el pecado moral por excelencia. ¿No es lo mismo que decir que el  retorno de lo real vuelve a matar al Otro, al Otro omnipotente de la fe religiosa? Ese Otro omnipotente de la fe religiosa (el héroe idealizado)  con el que todo sujeto humano al identificarse querría dejar al margen de la castración, eje sobre la que gira todo devenir humano.

         En este último sentido Freud a través de su escucha aportó un elemento excepcional en la comprensión del antisemitismo: el judío vía circuncisión es asociado a la castración al igual que la mujer.

     II

      En mi investigación de campo vi confirmado la observación realizada por Ramón Paradella con el matiz de que todos los Judas, incluso aquellos que eran identificados con Iscariote siempre  llevan el nombre de una figura amada y admirada. En algunos casos el Judas no es asociado con Iscariote, y cuando lo es algunos lo asocian con los judíos y otras veces no. O sea, la práctica no es antisemita per se.

         -Sabina de 7 años construyó su Judas con su papá y su primo, le puso como nombre Felipe “porque es como mi abuelo”. -Inés de de 12 años se le ocurrió ponerle el nombre Pedro pues así se llama su novio. -Aníbal de 12 años llama a su Judas Manuel “porque yo tenía un amigo que se llamaba Manuel y se fue de la escuela”, preguntado sobre los motivos de la elección del nombre dice: “porque es parecido a él”. -Diego de 8 años nos dice que su Judas se llama Martín, “como tengo un amigo que se llama Martín le puse Martín”. -Jean Pierre de 8 años también llama a su Judas Martín “porque es mi mejor amigo”. -Daniel de 12 años acompañado por otros chicos llama Joaquín al Judas, preguntado responde un niño que lo acompañaba: “por Sabina” refiriéndose al famoso cantautor, mientras J. Pierre replica  “por un amigo”. -Eduardo de 10 años, Valentina de 8 y Andrés de 11 queman al Judas con bombas y cohetes que ponen dentro del muñeco al que llaman Pepe. Preguntados por el motivo dicen: “lo hacemos bien humano, como si fuera humano, tiene cara de Pepe por el pelo y todo”; preguntados sobre la identidad de Pepe responden: “Pepe, un amigo”. -Alberto de 10 años quema al Judas con la ayuda de su padre, dice que todavía no le puso nombre pero que tal vez lo llamará Martín “porque es el nombre de mi primo que me gusta más, es mi mejor amigo”. Preguntado por los motivos de su elección responde: “porque es mi mejor amigo y lo trato a él (señala el muñeco) como mi mejor amigo también”.

     Veamos que ocurre cuando un niño se siente amenazado (angustia de castración) y su nombre resuena en derredor de esa amenaza.

         -Gerardo de 9 años estaba terminando de coser los pantalones del muñeco, mientras Nelson de 8 años apodado el mono y Mario de 9 jugaban y pedían plata acompañados por otros niños.

E- ¿le pusiste nombre?

      G- si                         

         Otros niños- Serafín

         G- le puse Nelson

         E- ¿conoces a alguien con ese nombre?

         Otros niños- si, el mono (señalan con risas al niño que está al lado de G)

        G- si, el mono (hay risas de todos), ¡ah, yo no sé coser esto!

        E- ¿por qué te parece que se llama Judas?

        G- porque es un muñeco

        M- porque mató a…

        N (el mono)- por los judíos

        M- porque mató a Jesús (M termina la frase interrumpida por N)

         G- ¡ah!, qué estúpido, porque es judío no, porque es un muñeco y porque se le puso  Judas de nombre.

        M- porque es un podrido, es un asesino

        G- señor está diciendo pavadas (se refiere a lo que expresó M)

   Otros niños- a Jesús mató, mató a Jesús

        Identificado  como  el niño que lleva el nombre del Judas  Nelson (el mono) -que antes había escuchado la ocurrencia de los otros niños de llamar al muñeco Serafín (será fin = castración)- viviendo que será su propio fin necesita colocar al judío en ese lugar como asesino de Jesús. ¿Dónde ubicar al Judío sino en ese lugar de la estructura en la que el niño amenazado por la castración en su identificación con el Héroe “elimina” a quien cometió el pecado moral?

  Ese Otro omnipotente de la fe religiosa puede ser Jesús o un Héroe deportivo o el mejor amigo -amado e idealizado- que es preservado de la castración a expensas del que ocupa el lugar de Judas.

La siguiente entrevista muestra todo lo que se juega a nivel de las identificaciones para preservarse de la castración en este rito popular.

       -Se trata de un niño de 11 años que según él quema al Judas  para evitar la mala suerte.

       E- ¿le pusiste nombre?

       C- Alejandro

       E- ¿por qué?

       C- porque es mi segundo nombre

       E- ¿le pusiste por eso?

       C- si

       E- ¿tu primer nombre cuál es?

       C- Cristian

     Cristian debe eliminar al Judas con el que se identifica una parte de él (Alejandro) para preservarse y no quedar marcado por la castración.

    A diferencia del resto de América en el Uruguay la quema se realiza en navidad y no en semana santa, esta inversión no hace más que estar en juego con el sentido del rito del que participan los niños: de preservar al Otro omnipotente – Jesús (modelo del héroe  con el que el niño se identifica) ya sea en su nacimiento como en su resurrección.

    Esta es la estructura con sus ritos y mitos en la que el Judío ocupa un lugar como categoría psíquica. Planteo que estos elementos que forman parte de la subjetividad están presentes potencialmente y que se despiertan y cobran toda su dimensión en determinadas circunstancias sociales haciendo posible un discurso que en sus diferentes ropajes tiene al judío como elemento de cohesión colectiva.

   Si nos detenemos a pensar, La quema del judas es un fenómeno colectivo en donde participan niños cada uno de los cuales con su historia personal ubican a través de sus identificaciones a sus ídolos y figuras amadas de sus relaciones concretas. Fenómeno social que muestra potencialmente el lugar del judío en la subjetividad y la participación de ella en fenómenos colectivos.

   Quisiera mostrar cómo esta subjetividad construye también literatura que como todo discurso participa de lo colectivo.

 III

      En otro texto llamado Una Nota sobre Shakespeare a la luz de La Quema del Judas intenté mostrar como El mercader de Venecia se estructura sobre la misma dinámica. El judío usurero se constituyó en un personaje de primer orden en la literatura medieval, agregado al ropaje teológico y vestido con las prendas de lo social el Judío siguió siendo una figura siniestra para el mundo cristiano medieval.  De todas las obras que han llegado sobre el tema no cabe duda de que El Mercader de Venecia, seguramente ayudada por el renombre de su autor, es la que aún sigue conmoviendo a lectores contemporáneos y utilizado como lo hemos visto en recientemente en la Argentina en el ámbito de la política.

       Resumiré  en pocas palabras el tema central de la misma: Antonio, el mercader de Venecia, pide prestado al judío Shylock una suma importante de dinero para que su amigo Bassanio pueda ir a probar suerte a Belmont y ganar para sí a su amada Porcia. El padre de ésta, ya muerto, hizo prometer a su hija que solo se casaría con aquel pretendiente que enfrentado a elegir entre tres cofres, de oro, plata y plomo, optara por el que tuviera dentro la foto de ella. Shylock accede a otorgarle el  préstamo a Antonio luego de recordarle los ultrajes recibidos por él y de expresarle su odio por hacerle perder dinero al prestar sin interés. Shylock le propone a Antonio las cláusulas del pagaré que el mercader debe firmar confiado en la buena suerte que correrán sus barcos llenos de mercancías: "...a manera de broma será estipulado que, si no pagáis tal día, en tal lugar, la suma o las sumas, la penalidad consistirá en una libra exacta de vuestra carne, que podrá ser escogida y cortada de no importa qué parte de vuestro cuerpo que me plazca". Finalmente abati­do, Shylock se ve obligado por la amada de Bassanio que se disfraza de juez a desistir de aplicar la pena establecida cuando Antonio no puede pagarle en fecha, mien­tras termina perdiendo parte de su fortuna, a su hija quien se casa con un cristiano y  convertido él mismo a la fuerza al Cristia­nismo.

            Se sabe que Shakespeare tomo el material para la composición de su obra de la Gesta Romanorum(colección de cuentos del siglo XIV) y de Il Pecorone de Giovani Fiorentino (escrito en 1318). En ésta última obra el amante que va en busca de  su amada se llama Gianetto. Giovanni Fiorentino relata así las condiciones del préstamo que el judío le impone a Anselmo el amigo de Gianetto: "el católico partió con ésta condición: si el no se los devuelve en la fecha del día de San Juan de junio próximo, en esa fecha el judío podrá cortar una libra de carne de su cuerpo de cualquier lugar que elija" ["e accattógli con questi patti e condizioni: che s'egli non gliel'avesse renduti dal detto di a San Giovanni di giugno prossimo, che'l detto Giudeo gli potesse le-vare una libra di carne d'addosso di qualunque luogo e' voles­se"].

     Obsérvese también como es en el día de San Juan (recuédese que Juan el Bautista es el precursor de Jesús al que le han cortado la cabeza) – al igual que la quema del Judas ya sea en Navidad, Semana Santa o en San Juan- cuando el judío recibe su merecido para preservar al Otro de la castración. No creo que sea muy disparatado pensar que los motivos que llevaron a Giovanni Fiorentino en ubicar el plazo en el día de San Juan (día de San Giovanni) y a escribir esta historia sean muy diferentes a la de los niños de Montevideo 7 siglos después que identificándose imaginariamente a través de sus nombres con la figura del Otro no castrado (el héroe cuyo prototipo es Jesús) viven al judío como el retorno de ese real amenazante.

    Siete siglos de diferencia entre Giovanni Fiorentino y nuestros niños montevideanos no hacen más que resaltar a través de esta obra que tuvo a Shakespeare como su más ilustre divulgador, que estamos ante elementos que trascienden las circunstancias sociales. En definitiva son parte subjetiva que forma parte de la civilización Occidental.

   De los pocos datos biográficos que nos han llegado algunos nos permiten una muy firme conjetura sobre los motivos que lo llevaron a escribir El Mercader de Venecia. Sabemos que Shakespeare tuvo en 1585 dos hijos mellizos, una niña y un varón a quien bautizó Hamnet, nombre que junto al de Hamlet, como dice Ernst Jones (1975), "eran nombres intercambiables, utilizados en ocasiones por la misma persona" y que en 1596 el niño falleció. Si tenemos en cuenta que los estudiosos de la Obra de Shakespeare ubican la composición de El Mercader entre 1595 y 1598 podemos plantear que seguramente  la muerte de su hijo fue el motivo que llevó al autor a componer la obra así como la muerte del padre, según señaló Freud, lo motivó a escribir su Hamlet. La muerte del Hijo y del Padre…

    ¿No representa el Judío para el mundo Occidental el retorno de ese real que amenaza constantemente con la castración del Otro? Justamente el Judío que cifró en el nombre de Dios la metáfora paterna de esta misma civilización. Tal vez no podía ser de otra manera desde el momento que la civilización Occidental hizo de un judío su dios.

IV

    Un comentario final, es sabido el lugar que el judío ocupa para el paranoico como objeto de su delirio. La clínica psicoanalítica aporta innumerables elementos y en este punto los datos obtenidos a través de La Quema van por la misma línea.

  Freud mostró los pasos por los que el paranoico construye su objeto perseguidor que no es otro que su objeto de amor homosexual:

Momento 1) – Yo lo amo. (Momento 2) – Yo no lo amo, lo odio porque (Momento 3) – el me odia.

      Portando el nombre del objeto amado y admirado, a la vez que asociado a la mujer vía castración (o sea con lo femenino propio) como Freud lo señaló, el judío ocupa ese lugar de la estructura que hace que el paranoico lo transforme en objeto de su pasión delirante.

  

Bibliografía

 

    -Cámara Cascudo, Luis da.-A libra de carne no ciclo de Malasarte en Revista Brasileira de folclore.Año VI N°15, maio-agosto. 1966.

  -Cúneo, Pablo – La quema del judas. Relaciones nº 271 diciembre, 2006. Montevideo.

     -----------------   -Una nota sobre Shakespeare a la luz de La Quema del Judas. Relaciones nº   296/7, enero – febrero 2009.

 -Freud, Sigmund - Sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente. O.C. T.XII. Amorrortu. Buenos Aires. 1980.

------------------  -Moisés y la religión monoteísta. O.C. T.XXIII. Amorrortu. Buenos Aires. 1986.

  - Jones, Ernest -  Hamlet y EdipoMadrágora. Barcelona.1975

   -Shakespeare, William - Obras CompletasAguilar. Madrid. 1951.

   ----------------------------  -  El Mercader de VeneciaSopena. B.Aires. 1940

 

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