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Schopenhauer: el arte pesimista de ser feliz

Schopenhauer: el arte pesimista de ser feliz

 

 

                                                               Cr. Isaac Markus

 

 

                       

            Que Schopenhauer, uno de los mayores pesimistas de la historia, escribiera un libro denominado “El arte de ser feliz” hace pensar en un oxímoron. El pesimismo y la felicidad son expresiones contrapuestas, salvo que una particular definición de la felicidad las hiciera compatibles. El libro fue escrito como un pequeño tratado para uso personal del autor, y su escasa difusión posterior tiene relación probablemente con el poco interés que podría despertar un arte de ser feliz proveniente de un maestro del pesimismo. Al menos en ese sentido difiere en forma notoria de los actuales manuales de autoayuda.

 

            Schopenhauer plantea el siguiente concepto teórico de la felicidad: “La definición de una existencia feliz sería una que, vista de manera puramente objetiva –o según un razonamiento frío y maduro–, sería decididamente preferible a la no existencia. De tal concepto de la existencia se sigue que nos sentimos apegados a ella por ella misma, pero no solo por temor a la muerte, y de esto se sigue, a su vez, que quisiéramos que fuese de duración infinita”. Aunque Schopenhauer rechaza del punto de vista filosófico la posibilidad de acceder a este tipo de felicidad, sostiene sin embargo (en un evidente renunciamiento a cierta porción de su pesimismo), que desde el punto de vista de la sabiduría práctica es conveniente no renunciar a ciertas reglas de prudencia que permiten contrarrestar muchas adversidades.

 

            A partir de la convicción pesimista de que la vida de los seres humanos oscila entre el dolor y el aburrimiento, Schopenhauer invita a servirse del ingenio y de la prudencia práctica. Se trataría, por tanto, de encontrar reglas de conducta y de vida que ayuden a evitar las penurias y golpes del destino, con la esperanza, aunque la felicidad sea inalcanzable, de llegar al menos a esa felicidad relativa que consiste en la ausencia del dolor. En ese sentido, considera que “el principio de Aristóteles de mantener en todas las cosas el camino del medio encaja mal en el principio moral para el que se estableció, pero fácilmente podría ser la mejor regla general de la prudencia, la mejor instrucción para la vida feliz”.

 

            Coincide con Aristóteles en que el objetivo de la vida no debería ser proveerse de placer, sino evitar el dolor. Proponerse ideales placenteros sería algo similar a subirse a un lugar muy alto para luego caer desde allí sin nada que atempere el impacto. Considera que solo la contemplación proporciona felicidad y que en la volición (acto en que se ejerce la voluntad) residen todos los tormentos. Pero dado que la no volición total es imposible dados los requerimientos del cuerpo, la verdadera sabiduría de la vida consistiría en considerar solamente aquellas cosas que uno tiene que querer inevitablemente, sin recurrir al mayor ascetismo, que sería morir de hambre. Hay en estas concepciones una influencia evidente del budismo y del taoismo.

 

            Schopenhauer divide la vida en dos mitades. La primera, que coincidiría con la etapa de la juventud, se destina a la persecución de la felicidad, partiendo de la firme presunción de que ella es posible. Los jóvenes tienen ante sus ojos las imágenes engañosas de una felicidad soñada e indeterminada, cuya esperanza de lograrla se ve constantemente desilusionada. Considera que buena parte de los infortunios humanos derivan de la  acción negativa de la fantasía o imaginación. Así como construir castillos en el aire conduce inevitablemente a graves decepciones, una imaginación negativa que llevara a plantearse posibles infortunios, haría de la fantasía nuestro propio verdugo.

 

            En la segunda mitad de la vida, aquella que correspondería a la vejez, el anhelo siempre insatisfecho de la felicidad es sustituido por la preocupación por el infortunio. Pero esta búsqueda de la tranquilidad implica metas más alcanzables que las plantadas en la primera mitad de la vida. Es la etapa en la que decrecen los requerimientos volitivos y el hombre puede dedicarse con mayor énfasis a la contemplación y la meditación. Schopenhauer entiende que la vida filosófica es la más feliz Aquel que fue ricamente dotado por la naturaleza no necesita obtener del exterior nada más que la libertad del ocio para poder disfrutar de su riqueza interior. Entiende que únicamente lo interior, la conciencia y su estado son el yo y solo en él se halla nuestro bienestar y malestar.

 

 

 

 

 

 

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