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La empatía no es solo cualidad humana

La empatía no es solo cualidad humana

 

 
Dr. Arnoldo Kraus
 
 
Empatía: No sólo cualidad humana
Selec Nurit Mileris
 
 Nadie ha dicho que la empatía pertenece al mundo de la ética. Yo lo diré: Empatía y ética tienen múltiples entrecruzamientos. En las escuelas de medicina, sobre todo en las (pocas) que siguen privilegiando la relación médico-paciente en lugar de la relación médico-tecnología-paciente, la empatía es capítulo fundamental. Hay libros y escritos dedicados al tema y sus vínculos con el ejercicio médico, así como ensayos donde se discute si existen métodos para enseñar los significados de la empatía.
Para los viejos maestros, para los clínicos que enseñaban la medicina al lado de la cama del enfermo, la empatía era esencial y una de las grandes características del médico “humanista”, del doctor a quien le preocupaba primero el afectado como persona y después el proceso patológico. De Howard M. Spiro, galeno estadounidense, preocupado por fomentar la relación “profunda, humana”, entre doctor y paciente, aprendí el concepto clínico de empatía. La persona, cuando enferma, espera que entre él y su médico, el binomio “Yo y tú” se transforme en “Yo soy tú”, o al menos, en “Yo podría ser tú”. Ese juego de palabras, juego profundo y complejo, lo expresan los enfermos cuando dicen que su doctor es empático. Aunque hay quienes afirman, yo entre ellos, que esa cualidad ha decaído, dos hechos recientes invitan a pensar, desde otra óptica, en la empatía.
Roscoe Stanyon, antropólogo de la Universidad de Florencia, publicó recientemente en la revista Evolution and Human Behavior, un estudio sobre los macacos de Togian. “Antes se pensaba”, escribe Stanyon, “que la empatía, el consuelo y el altruismo eran características que sólo se encontraban en los seres humanos. Incluso se propuso que estos rasgos eran los que nos diferenciaban del resto de los animales y nos hacían únicos”. Y agrega, “Se creía que estos aspectos nobles del comportamiento humano se debían a una educación moral o religiosa. Nuestro trabajo muestra que estos comportamientos tienen un origen evolutivo más profundo”.
Otro grupo, también italiano, adscrito al Centro de Investigación Enrico Piaggo de la Universidad de Pisa, dedicado a la investigación de la robótica humanoide, trabajan para dotar a los robots de programas de inteligencia artificial capaces de resolver problemas mecánicos, y lograr, a la vez, que se comporten como si fuesen seres humanos. Los científicos pretenden crear máquinas que respondan de acuerdo a “su” intuición y con empatía. Aún no lo consiguen pero están en eso.
Lo que Stanyon ha compobado científicamente, se sabe desde el nazismo. Erich Mühsam fue un poeta judío víctima del nazismo. En 1933 fue detenido y encarcelado. A guisa de ejercicio —recién empezaba el nacionalsocialcismo—, los torturadores decidieron meter en su celda a un chimpancé que habían robado del laboratorio de un científico también detenido. Como parte de su entrenamiento, los soldados nazis esperaban que el simio atacase a Mühsam, cuyo aspecto, según narran los historiadores, era lamentable. Para sorpresa de los torturadores, el chimpancé abrazo al prisionero, lo resguardó y lamió sus heridas. Enfurecidos por la piedad del animal, los celadores lo torturaron hasta matarlo.
“Humanizar robots”, dotándolos de empatía, empieza a abandonar la ciencia ficción. Si bien desde Homero, en la Ilíada, se habla de autómatas, la apuesta de humanizar robots rebasa a todos los Frankenstein de la ciencia ficción. Me parece admirable y terrible construir robots empáticos. Admirable por la genialidad científica. Terrible porque al paso por el que camina la humanidad, la tristeza, el desamor, las pérdidas, el duelo, encontrarán refugio, “refugio empático”, en robots y no en seres humanos.
 
El reto es interesante y complejo: Si la empatía, el cariño y el altruismo tienen un origen evolutivo más profundo, como se desprende de los macacos que se abrazan, se besan y se consuelan unos a otros tras ser agredidos, es probable que el comportamiento ético, afín a las cualidades señaladas, se determine no sólo en casa, sino desde los genes.
 
 
 
 
 
 
 
 

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