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Aquellos años setenta en Hillel

Aquellos años setenta en Hillel

Por Paul S. Laderman | 23 de diciembre 2014 | 16:05, Haaretz.

Fui director de la confraternidad Hillel de la Universidad de Berkeley en los tumultosos años setenta. Nuestro objetivo además de promover la diversidad de opiniones era aumentar el compromiso de los jóvenes diaspóricos con Israel. Siento que mi tarea fue lograda, dado que muchos de esos jóvenes radicales hoy trabajan y viven en Israel, o bien trabajan y se comprometen con este país desde sus lugares de residencia.  

 No puedo entonces hacer otra cosa que expresar mi consternación cuando escucho que en una comisión de la Knesset se acusa a esta organización de fomentar el activismo contra Israel.

 El presidente de la hermandad,   Eric Fingerhut,  que participó en la sesión de la comisión, defendió las directrices que su organización había establecido cual es el de representar una comunidad inclusiva.  

 Uno de los mayores orgullos de Israel es constituir un país democrático abierto a una multiplicidad de opiniones que van desde las religiosas, nacionalistas, hasta los partidos de izquierda.  Debe Hillel tomar partido por alguno de estos puntos de vista. Por supuesto que no.

 Por allí no pasa la problemática de nuestra organización sino más bien atraer a nuestros jóvenes a este proyecto, aunque ello le implique dejar de lado sus estudios, su otra vida social, el deporte, etc.

 Evidentemente, ante tanto atractivo, Israel pasa a un segundo lugar. 

 Volviendo a mis recuerdos, en aquellos años setenta tuvimos una vida judía muy activa.   Los dos grupos principales eran la RJU (Radical Unión judía) y la ISO (Organización de Estudiantes de Israel).

 Cuando asumí el cargo, el anterior presidente  me presentó a los estudiantes y me dijo que la institución no estaban pasando por el mejor momento, al punto que se estaba pensando en dejar de lado el proyecto.   

 Una semana después de llegar al campus, recibí una llamada de Richard Levy, quien comentó que Abba Eban, entonces ministro de Relaciones Exteriores, iba a venir a California para premiar al gobernador de dicho estado, Ronald Reagan. Los estudiantes de la UCLA nos hicieron llegar su intención de realizar una protesta en el  Century Plaza Hotel de Los Ángeles, donde estaba programado el evento. Hillel había planeado una reunión con Eban para hacerle entender   que dicho gobernador representaba valores  no judíos. 

  Levy me preguntó lo que los estudiantes de Berkeley pensabamos al respecto.  Llamé a una reunión y se decidió realizar una protesta en la calle Montgomery en San Francisco, donde estaban las oficinas de una delegación israelí. 

Pero esto no me sorprendió. Cuando era estudiante, la hermandad Hillel dio también muestras de compromiso.  En la década de 1950  yo era un estudiante  en el  Colegio Teológico hebreo ( una yeshiva que funcionaba dentro de la Universidad de Chicago. Alli me presentaron a  Maurice Pekarsky, el director de Hillel en el campus.

 Abram (Abe) Sachar, quien fue presidente de la Comisión Nacional de Hillel  escribió sobre Pekarsky que "tenía un fuego interior que calienta y brilla  sin quemar  …, además se mostraba compasivo de nosotros los cananeos, un  movimiento que décadas antes se había proclamado antirreligioso y antisionista en el mismísimo Eretz Israel.  Fue un movimiento cultural e ideológico que impactó al arte, la literatura y el pensamiento espiritual y político.

 Como bajur yeshiva  me intrigaba y fascinaba el movimiento, por lo que me llamó la atención  la apertura de Pekarsky por enfrentar la cuestión de "¿Qué significa ser un Judio en América del siglo XX?"

Cuando me convertí en director de Hillel en Berkeley en 1971, lo que me guió fue la compasión  o la apertura hacia los cananeos entre los estudiantes de Berkeley .

Después de dos años en el campus de Berkeley, mi familia emigró a Israel y yo accedí al rabinato, egresando de la Yeshiva de la Universidad de Nueva York. 

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