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Con el judaísmo en las venas.

Con el judaísmo en las venas.

Sigmund Freud, un ateo con el judaísmo en las venas.

Sigismund Schlomo Freud (1856 – 1939) nació en Freiberg, Moravia, parte del imperio austríaco. Sus padres eran originarios de Galicia, una región en la parte noroccidental de Ucrania. Su familia se mudó a Viena cuando tenía tres años. Freud vivió en esa ciudad prácticamente toda su vida. En 1881 se graduó como doctor en medicina en la Universidad de Viena. En 1886 se casó con Martha Bernays, la nieta de Isaac Bernays, el rabino principal de Hamburgo. La pareja tuvo seis hijos. En 1938, Freud abandonó Viena para escapar de los nazis. Murió en el exilio en el Reino Unido. Freud fue el fundador del psicoanálisis, un método clínico para tratar las psicopatologías.

Para cuando Freud nació, sus padres ya eran menos observantes de la ley y de los ritos judíos, que cuando vivían en sus pueblos de Galicia. Pero con todo, el hogar de Freud era muy rico en cultura y religión judías. Las escrituras judías fueron el instrumento principal de la educación de Freud, hasta que asistió a la escuela a la edad de nueve años. También su vida social se daba principalmente en un marco judío. Los primeros en escuchar sus ideas sobre el psicoanálisis fueron los miembros de su grupo de la B´nei B´rith, una organización judía de servicio.

Para Freud, el elemento más importante del judaísmo era la “prohibición de hacer una imagen de Dios”. Por eso, la relación del judío con Dios se daba en su mente, en su intelecto, lo que él llamó “Geistigkeit”. El judío habla, discute, pide, piensa, imagina y razona con un Dios que no tiene ni forma ni nombre. Y todo lo hace en su mente. Esto contrasta con otras religiones que se acercan principalmente a Dios a través de los sentidos, donde sí tienen una imagen, un nombre y una ceremonia donde puedes ver, oír, tocar, oler y hasta saborear lo divino. Freud decía que esa diferencia, entre lo intelectual y lo sensorial, marcó el carácter judío por más de dos mil años.

Freud decía que, para los judíos, el hecho de creer que Dios los escogió para cumplir una función especial en el mundo, les ayudó a mantener en alto su propia autoestima, a pesar de las condiciones tan adversas por las que atravesaron a causa del profundo antisemitismo que imperaba en esa época, especialmente en la Europa germana. También decía que lo que realmente hacía que una persona fuera judía no era el creer en un dios monoteísta, el comer kosher, el circuncidar a los hijos o cualquier otro número de creencias, prácticas o inclinaciones singularmente judías. Según Freud, una persona es judía simplemente porque hereda “las huellas de la memoria y de la experiencia de sus antepasados”.

En una ocasión Freud escribió: “Puedo declarar que estoy tan alejado de la religión judía como de todas las demás. No me atañen sentimentalmente en lo más mínimo. En cambio, siempre tuve un poderoso sentimiento de comunidad con mi pueblo, mismo que también he alimentado en mis hijos. Todos seguimos perteneciendo a la confesión judía”. Freud llevaba el judaísmo en las venas.

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