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Extraordinario pintor latinoamericano Oswaldo Guayasamín

Extraordinario pintor latinoamericano Oswaldo Guayasamín

N, PINTOR DE IBEROAMÉRICA.

 Arq Antonio larrea

Quizás el bajo perfil que tiene para nosotros la República del Ecuador sea la causa de la existencia de un relativo desconocimiento de la obra de uno de los pintores latinoamericanos  más importantes del siglo XX, Oswaldo Guayasamín. Nacido en Quito en 1919 y fallecido en Baltimore en 1999, fueron sus padres José Miguel Guayasamín, de ascendencia Kichwa, carpintero, taxista y camionero, y Dolores Calero, también mestiza, siendo Oswaldo el primero de diez hermanos.

Desde temprana edad se destacó su habilidad para el dibujo realizando en la escuela, con apenas ocho años, caricaturas de maestros y compañeros. También pintaba cuadros con paisajes y retratos de estrellas de cine, que vendía en la Plaza de la Independencia de Quito. Su habilidad le permitía también renovar periódicamente los  anuncios de la tienda de su madre.

A pesar de la oposición de su padre, ingresa a la Escuela de Bellas Artes de Quito obteniendo, en 1941, el Diploma de  Pintor y Escultor. También inicia estudios de Arquitectura que no finaliza.

En 1942 expone por primera vez, generando un escándalo ya que coincidía con la exposición de la Escuela de Bellas Artes, siendo su pintura vista como un enfrentamiento a las corrientes dominantes. No obstante ello, impresiona favorablemente a Nelson Rockefeller, quien adquiere alguna de sus obras y lo invita a una permanencia de seis meses en Estados Unidos, entre 1942 y 1943. Con el dinero obtenido se dirige a México, donde conoce al muralista José Clemente Orozco quien, impresionado por su talento, lo acepta como su asistente.

Posteriormente viaja por diversos países de Latinoamérica, sensibilizándose en todos ellos por la situación de opresión de las sociedades indígenas. Esto, aunado a su origen mestizo, hará del indigenismo un tema recurrente en su obra.

Su trabajo comienza a recibir múltiples reconocimientos, obteniendo todos los premios nacionales, a los que se agregan el Gran Premio  de la III Bienal  Hispanoamericana de Arte de Barcelona de 1955 y el Gran Premio de la Bienal de San Pablo.

Es elegido Presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana en 1971, sus obras se exhiben en las principales Galerías y Museos del mundo, obteniendo un enorme reconocimiento internacional que culmina con una acción que define claramente su personalidad, la creación de la Fundación Guayasamín, a la que dona toda la obra personal aún en su poder y sus valiosas colecciones de arte. Esto es coherente con su concepción de que el arte es patrimonio de los pueblos, y debe ser accesible a todos.

Los reconocimientos internacionales no cesan, en 1978 es nombrado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de España, y al año siguiente miembro de honor de la Academia de Artes de Italia.

Su obra mural puede encontrarse en lugares de gran significación como el Aeropuerto de Barajas, El Palacio de Gobierno, el Palacio Legislativo, la Universidad Central y el Concejo Provincial de Quito, la sede de la Unesco en París, el Memorial de América Latina, obra del recientemente desaparecido Oscar Niemeyer, en San Pablo y el Centro Simón Bolívar en Caracas, entre otros lugares en que plasmó esta otra vertiente de su fuerza creativa.

En su labor como escultor destacan, entre otras obras, “A la Patria Joven” y “A la Resistencia”, ambas en Quito.

A partir de 1995 inició en la ciudad antedicha lo que se considera su mayor obra, “La Capilla del Hombre”, espacio arquitectónico que no pudo ver terminado ya que falleció en Baltimore, Estados Unidos, antes de su finalización.

Fue amigo de personalidades a las cuales retrató en muchos casos, como Fidel y Raúl Castro, Françoise y Danielle Mitterrand, Gabriel García Márquez, Rigoberta Menchú, el Rey Juan Carlos I y la princesa Carolina de Mónaco entre otros.

Se trata sin dudas de un artista formidable que practicó múltiples disciplinas  como la pintura, el grabado, el mural, el dibujo, la escultura y la arquitectura, demostrando en todas ellas una preocupación humanística que se traducía en una denuncia de la violencia, persecución, injusticia y marginación que le tocó vivir a amplios sectores de la humanidad durante el siglo XX, con guerras mundiales, guerras civiles, holocaustos, campos de exterminio, torturas y dictaduras de toda clase, todo ello transmitido con una solvencia y creatividad que dan la maestría y la genialidad y que explica el título póstumo otorgado por el Premio Internacional José Martí : “Pintor de Iberoamérica”.

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