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Este mundo no nos pertenece. O somos nosotros quien le pertenecemos a él.

Este mundo no nos pertenece. O somos nosotros quien le pertenecemos a él.

 

 

Por Dr. David Malowany

 

 

De acuerdo al  alumno de Martín Heidegger, Karl Löwith (1897- 1973), el ser (DaSein) se encuentra inicialmente en la condición de arrojado a un mundo constituido por  la realidad circundante. Este no nos pertenece. Somos nosotros quien le pertenecemos a él.

       

Interpretando al polémico pensador alemán del cual también fue su alumno, Leo Strauss (1899-1973) dice que el hombre es un proyecto. Cada uno es quien es en virtud del ejercicio de la propia libertad, de la propia elección de una determinada idea de existencia y de un  plan de acción. Pero el hombre es finito y la gama de sus elecciones se halla limitada por  situaciones que este no ha elegido.

 

Emmanuel Levinas (1906-1995)  expresa que la muerte es la certeza por excelencia. Citando a Heidegger dice que  esta es  el propio origen de dicho concepto. El impacto de la muerte es su posibilidad siempre abierta e inevitable cuya hora sigue siendo una incógnita, ignorancia en virtud de la cual el yo emite cheques en descubierto como si dispusiera de toda la eternidad. Para Levinas, la muerte es siempre la muerte de alguien, y el haber sido de alguien no está presente en el moribundo sino en el superviviente.  Es la única situación que excluye por completo toda posible sustitución de mí mismo por parte de otro, nadie puede morir en mi lugar. La experiencia de la muerte de otros, que han muerto antes que nosotros, es la única experiencia que de hecho tenemos de ella. Cuando hay amor, la muerte del otro me afecta más que  mi posible fin. En el fragmento bíblico donde Abraham intercede por Sodoma, él está espantado por la muerte de los demás y asume la responsabilidad de interceder y es entonces cuando dice: Yo que soy polvo y ceniza.

 

La muerte, dice Löwith,  nivela, nos vuelve a todos iguales. Justamente con la muerte  aprendemos de un modo irrefutable que el hombre es igual al hombre.

 

Gracias a una cierta relación con la muerte es posible el tiempo.  La muerte aparece como el final de la duración del ser en el flujo ininterrumpido del tiempo.

 

Para el pensador marxista Ernst  Bloch  (1885-1977), el tiempo no es ni la proyección del ser hacia su final, como en Heidegger, ni la imagen móvil de la eternidad inmóvil como en Platón. Es un tiempo de realización, una determinación completa que es la materialización de toda potencia. Esperanza es espera en el tiempo.  Para Bloch, la angustia de la muerte procede del hecho de morir sin acabar la obra.

 

Para Erich Fromm (1900-1980) tener  esperanza significa  estar presto en todo momento para lo que todavía no nace, pero sin llegar a desesperar si el nacimiento no ocurre en el lapso de nuestra vida. La esperanza es un estado, una forma de ser.

 

Concluye el pensador Viktor Frankl (1905-1997) que si el hombre fuese inmortal, podría con razón demorar cada uno de sus actos hasta el infinito. No tendría el menor interés en realizarlos precisamente ahora, podría dejarlos para mañana o pasado mañana, para dentro de un año o diez. En cambio, viviendo como se vive en presencia de la muerte, como el límite infranqueable de nuestro futuro y la inexorable limitación de todas nuestras posibilidades, nos vemos obligados a aprovechar el tiempo de vida limitado de que disponemos y a no dejar pasar en balde, desperdiciándolas, las ocasiones que solo se brindan una única vez y cuya suma finita compone la vida.  Por tanto, la finitud, la temporalidad, es una característica esencial de la vida humana y además, un factor constitutivo del sentido mismo de la vida. Por eso, únicamente podremos comprender la responsabilidad de la vida de un hombre, siempre que la entendamos como una responsabilidad con vistas al carácter temporal de la vida, que solo se vive una vez. No es la duración de la vida la que determina la plenitud de su sentido. No juzgamos el valor de una biografía por su extensión, por el número de páginas del libro, sino por la riqueza de su contenido.

 

Bibliografía:

Heidegger, Martin. Ser y Tiempo, FCE, México, 2012.

Levinas, Emmanuel. Dios, la muerte y el tiempo, Cátedra, 2005.

Anders, Arendt, Jonas, Löwith, Strauss.Sobre Heidegger, Cinco Voces Judías, Manantial, 2008.

Fromm, Erich. La revolución de la esperanza, FCE, México, 1987.

Frankl, Viktor. Psicoanálisis y existencialismo, FCE, México, 1950.

 

 

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